La política española se ve afectada por la controversia de La Dana

La tragedia marcó el inicio de una fase definitiva de contaminación del debate público.

El presidente Pedro Sánchez, poco antes de salir escoltado de Paiporta, durante la visita de los Reyes.

La herida, tanto física como emocional, que aún permanece abierta en gran parte de L’Horta Sud de Valencia refleja el estado de la política española. A un año del suceso, se sabe que la dana no solo provocó la muerte de 237 personas, destruyó poblaciones, causó un dolor inmenso y terminó con los sueños de miles de valencianos. Además, dio pie a una etapa nueva de envenenamiento definitivo del debate político, cuyas secuelas se han ido difundiendo con el transcurso del tiempo.

Solo puede interpretarse en clave de absoluta frivolidad e irresponsabilidad por parte de quien tenía la responsabilidad de atender el sufrimiento de su comunidad que, a un año del desastre, el dolor de las víctimas conviva con noticias grotescas y decadentes sobre un presidente que acompañó a una periodista hasta el garaje después de un almuerzo de cuatro horas en un restaurante ya emblemático, el más conocido de España. Mazón permanecía tranquilo, ocupado en sus asuntos, mientras sus ciudadanos luchaban por respirar y miles llamaban al 112, dependiente de su Gobierno.

El presidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón, durante la visita de los Reyes a Paiporta.

Sin temor a errar, cabe afirmar que la reacción de los responsables políticos ante la mayor tragedia en tierras valencianas fue un verdadero caldo de cultivo para la antipolítica. La frase «Solo el pueblo salva al pueblo» es un lema demagógico que durante esos días cobró fuerza y aún sigue vigente. La visita de los Reyes a Paiporta, donde los vecinos los increparon airadamente, conmocionó a los círculos del poder. Se vislumbró el riesgo de un Estado fallido. Solamente la reacción empática e instintiva del Rey Felipe y la Reina Letizia evitó un desenlace peor. El presidente autonómico, también expulsado de Paiporta, no ha vuelto a pisar la zona cero. El presidente del Gobierno, quien huyó tras un intento de agresión, tampoco ha vuelto a recorrer las calles afectadas durante este año. Alberto Núñez Feijóo hizo una visita furtiva un día. Santiago Abascal ni siquiera eso.

Resulta evidente que los principales líderes políticos españoles y valencianos han hecho alarde de la reconstrucción con recursos públicos, pero no han querido acompañar a los habitantes de esos pueblos en su dolor. El acompañamiento en el duelo ha quedado en manos de los alcaldes, quienes merecen un reconocimiento por haber suplido las carencias de otras administraciones. Por temor y comodidad, la política nacional y autonómica se ha mantenido alejada de la ciudadanía. Sirva de ejemplo la ceremonia de Estado celebrada en Valencia, organizada al detalle para impedir que las víctimas evidencien las deficiencias de Mazón. Tampoco es descartable que el presidente Sánchez haya sido objeto de descontento entre los valencianos.

La Reina Letizia consuela a dos damnificadas durante su visita a Paiporta en noviembre.

Carlos Mazón llega tras un año completamente desgastado. Durante 12 meses ha evadido sus responsabilidades, falseando detalles sobre lo que hizo o no el día d. No ha ofrecido una disculpa sincera ni se le ha visto emocionado en ningún momento. Ha intentado trasladar la responsabilidad al Gobierno central y, con el apoyo de Núñez Feijóo, se mantiene en el cargo mientras quien lo controla es Vox. Antes del verano, destacados dirigentes del PP advirtieron que el respaldo a Mazón les costaba al menos dos puntos en intención de voto a nivel nacional.

En este periodo y sin mencionar la palabra reconstrucción, el presidente de la Generalitat valenciana y el jefe del Gobierno central no han tenido encuentro ni entrevista alguna. Tampoco los valencianos se muestran satisfechos con Pedro Sánchez. El PSOE esperaba aprovechar el desgaste del PP valenciano, pero no ha ocurrido así. La dana impulsó la antipolítica, el cuestionamiento de las instituciones y la desconfianza en los medios y en la efectividad del Estado para proteger a la población ante este tipo de catástrofes. Hoy, la antipolítica se representa en Vox. Abascal pone en duda el sistema mismo y su intención de voto ha crecido notablemente en los últimos 12 meses. Su postura es clara: no desea compartir espacio con la política institucional, por eso evitó la recepción del 12 de Octubre y el aniversario en Valencia. Así puede presentarse como alternativa al bipartidismo.

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