Factores que mantienen a Monterrey, epicentro industrial de México, estable frente a la guerra comercial impulsada por Trump

Trabajadores en Monterrey.

En esta planta industrial, la producción no se detiene, operando las 24 horas del día, cada día. Todo lo fabricado ya tiene comprador. El total del volumen se destina a Estados Unidos y Canadá. Se trata de aires acondicionados del tamaño de un ascensor, fabricados en Monterrey, México.

Estos equipos son diseñados para centros de datos dedicados a inteligencia artificial, que requieren sistemas de refrigeración. Se vislumbra un futuro tecnológico que, en esencia, comienza aquí con un ingeniero o ingeniera que conecta cables, suelda componentes metálicos y ajusta tubos.

El estado de Nuevo León, cuya capital es Monterrey, se posiciona como el epicentro del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC). Si bien la región tenía una trayectoria industrial importante para México, en tres décadas de libre comercio en Norteamérica se consolidó como un centro industrial para la primera economía mundial.

Así, encontrarse en este recinto equipado con grúas, circuitos y donde trabajan 1.800 personas es como mirar a través de una bola de cristal; una ventana que proyecta un futuro digital, artificial y en ocasiones más allá de lo humano, que sin embargo comienza con personas instalando circuitos, apretando tornillos y calibrando sensores.

Son trabajadores locales, regiomontanos, que laboran en un parque industrial compuesto por otras 20 naves que alojan desde fábricas de componentes y centros logísticos hasta empresas productoras de autopartes.

La cantidad es considerable: existen 250 parques industriales similares en la ciudad —lo que representa una cuarta parte de toda la industria mexicana— que evidencian no solo la fuerza empresarial de la zona, sino también la magnitud de la relación comercial derivada del TMEC.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene una postura escéptica sobre este tratado. El mandatario sostiene que el acuerdo eliminó decenas de miles de empleos estadounidenses y que, a costa del potencial de consumo de su país, favoreció el crecimiento de empresas globales establecidas en esta región.

Por ello, busca modificar esta situación mediante aranceles, renegociaciones y acciones contundentes. La incógnita es si le será posible. ¿Podrá esta relación comercial tan integrada, estructural y esencial para la economía estadounidense desaparecer o por lo menos disminuir?

Como ejemplo, la inteligencia artificial representa actualmente el principal motor de crecimiento económico en Estados Unidos. ¿Se dejarán de fabricar estos sistemas de refrigeración en Monterrey debido a una confrontación comercial impulsada por Trump?

Parque industrial en Monterrey

"Nueva ola de inversiones"

Javier Llaca figura como uno de los tres fundadores y directores de Fibra Monterrey, una empresa inmobiliaria dedicada a la compra, construcción, gestión y arrendamiento de inmuebles, principalmente industriales.

"No quiero decir que no ocurran cambios", explica en una sala de reuniones en sus oficinas modernas, al referirse a las políticas comerciales de Trump. "Pero, si la tendencia de este año continúa igual, anticipamos una nueva ola de inversiones y nearshoring".

Durante los últimos dos años, Fibra Monterrey ha invertido US$1.000 millones y realizó una oferta pública por US$500 millones, de los cuales ya emplearon la mitad. Ahora proyectan invertir otros US$200 millones.

"No es solo mi opinión", aclara Llaca. "Colegas, desarrolladores e inversionistas coinciden en que en los próximos cinco a diez años el mercado industrial mexicano podría duplicarse".

Javier Llaca, de Fibra Monterrey, como Juan Pablo García, de Caintra,

¿Cómo llegamos acá?

Para comprender la situación, es necesario retroceder un poco.

Durante el primer mandato de Trump (2017-2021), la guerra comercial con China ofreció indicios sobre una reestructuración del sistema globalizado que había colocado al gigante asiático como centro de fabricación.

En 2018, el TMEC se actualizó incorporando medidas para integrar aún más las economías norteamericanas, en comparación con el acuerdo original firmado en 1994.

Luego, en 2020, la pandemia evidenció la fragilidad de las cadenas de suministro globales, lo que impulsó la necesidad de acercar las líneas de producción a los mercados consumidores.

Esto fue un impulso para México, que recibió inversiones principalmente de Estados Unidos y China, dentro de un fenómeno conocido como nearshoring.

Sheinbaum en Nuevo León

"México ha tenido una combinación perfecta en los últimos años y, aunque existen inquietudes —como el estado de derecho y la infraestructura, para mencionar solo un par—, considero que seguiremos creciendo", afirma Llaca.

Explica dos razones principales: "Primero, establecer una cadena de suministro como la que recientemente se configuró en torno a México demanda años y gran inversión; y segundo, que los costos operativos y laborales en EE.UU. sean competitivos con México parece inviable".

Como ocurre en otras economías desarrolladas, Estados Unidos registra más demanda de empleos de la que oferta de personas para cubrirlos, especialmente en industria y manufactura. De cumplirse el deseo de Trump de reubicar industrias dentro del país, se requerirían millones —quizás decenas de millones— de trabajadores para esos cargos.

Diversos estudios de universidades y agencias financieras coinciden en que los aranceles, en lugar de reconfigurar la red productiva global, encarecerán los productos, costo que probablemente recaerá en el consumidor final.

"El libre comercio como lo conocíamos fue modificado por Trump y probablemente no regresará igual, pero eso difiere mucho de extinguir la relación y la interconexión económica entre México y Estados Unidos", concluye Llaca.

TEC

Las consecuencias y los retos abiertos

"No es que no haya cambios en curso", recalca.

Aunque en el primer trimestre de 2025 la inversión extranjera directa en México subió un 10% por cuarto año consecutivo, según datos de la Secretaría de Economía, la proporción destinada a inversiones nuevas —frente a la expansión de empresas ya instaladas— disminuyó un 40%.

Por su parte, la inversión interna, tanto pública como privada, experimentó una caída del 5%.

Además, la demanda de espacios industriales a nivel nacional, de acuerdo con la consultora Solili, se redujo entre un 10% y 15% en lo que va de 2025 en comparación con 2024.

A pesar de ello, los expertos coinciden —y esto ha sido probado en la práctica— en que la infraestructura industrial y productiva mexicana posee la capacidad para mantener su fortaleza.

Fundamental para ello, señalan, es que la reciente reforma judicial no obstaculice los trámites empresariales y que la inversión en energía eléctrica e infraestructura crezca.

Industrias

Nueva ola, ¿para quién?

En septiembre, la principal cámara empresarial de Monterrey (Caintra) organizó una nueva edición de su Expo Pyme, un evento que vincula pequeñas y medianas empresas con grandes corporaciones.

Este año rompieron récords: recibieron 15 mil propuestas de venta dirigidas a grandes compañías y contaron con la participación de más de 100 grandes firmas. Según Juan Pablo García, presidente de Caintra, estos números aumentan cada año. Y 2025, pese a las tensiones con Trump, no fue la excepción.

"Es un indicio de apetito —asegura—, de una mentalidad de esfuerzo, trabajo y mérito que explica en gran medida el dinamismo histórico de esta zona y que cuenta con un ecosistema empresarial donde convergen emprendedores, universidades, sindicatos, gobierno e industrias para progresar."

En términos generales, Nuevo León se posiciona como la entidad más próspera de México por dos motivos: la proximidad con Estados Unidos y un modelo económico que unió al sector privado y público para formalizar y capacitar a trabajadores, crear universidades y fomentar un entorno favorable para la inversión interna y extranjera.

Expo Pyme

"Estoy convencido de que, gracias a factores como este, saldremos bien parados de las negociaciones del TMEC previstas para 2026", comenta García en relación a la revisión del tratado.

"También creo que habrá una segunda oleada de inversiones, pero debemos apropiarnos de ella", advierte.

Varias figuras mexicanas, incluida la presidenta Claudia Sheinbaum, han expresado inquietud porque las nuevas inversiones que impulsen al país no provengan de capital mexicano, de modo que los beneficios no se queden dentro del territorio.

Por eso, la presidenta lanzó el Plan México, cuyo objetivo es incrementar la inversión nacional y extranjera, promover la relocalización industrial, fortalecer el contenido local de los productos y respaldar financieramente a las pequeñas y medianas empresas.

García agrega: "No debemos solo esperar y basar nuestro crecimiento en la llegada de inversión extranjera; es necesario desarroll ar la industria y el mercado nacional para lograr que importen y exporten".

Y en ese sentido, parece haber consenso entre empresarios y autoridades: si una nueva ola de inversiones llega, que favorezca principalmente a los mexicanos.

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