
El pasado lunes 20 de octubre, una caída generalizada afectó a cientos de sitios web, plataformas y servicios —incluidos datáfonos y cajeros automáticos— debido a un fallo masivo en los sistemas de Amazon Web Services (AWS), la infraestructura que da soporte en la nube a millones de compañías.
El incidente ocurrió en las instalaciones de AWS situadas en el norte de Virginia (EEUU), y impactó a todos los servicios que dependen especialmente de AWS en la región US-EAST-1. Se calcula que la empresa gestiona los datos de 76,8 millones de sitios web a nivel mundial, de los cuales 200.000 se encuentran en España, por lo que esta interrupción, que tardó más de cuatro horas en resolverse, afectó a una gran variedad de negocios.
El origen de la falla fue detectado en el servicio Amazon DynamoDB, una base de datos sin servidor donde el cliente no debe ocuparse de mantener o ampliar la infraestructura física: AWS se encarga automáticamente de administrar la capacidad, las copias de seguridad, la seguridad y el rendimiento para cada empresa.
En una detallada nota publicada en su sitio web, AWS señaló que un error en su software de automatización desencadenó una serie de problemas. La compañía indicó que esto sucedió por «un defecto latente en el sistema automatizado de gestión de DNS [sistema de nombres de dominio] del servicio».
Interpretando entre líneas, se deduce que el sistema de Inteligencia Artificial de la empresa experimentó problemas de latencia, lo que generó la caída global de AWS.
Revisando antecedentes, hace apenas unos meses Amazon tomó la medida drástica de eliminar cientos de empleos en la unidad de computación en la nube de AWS, según reportó Reuters. Esto implica que despidieron a empleados directamente responsables del mantenimiento de esta infraestructura y, como reconoció Amazon, «el error no se corrigió de forma automática y requirió la intervención manual de un operador».
Por tanto, es razonable especular que si hubiera habido personal humano encargado, este error probablemente no habría ocurrido o se habría solucionado mucho más rápido. Muchas compañías están incorporando cada vez más IA para escribir código de software y emplean agentes de IA para automatizar tareas rutinarias, con el objetivo de reducir costes y disminuir la dependencia de personal, pero incidentes como este, especialmente a escala mundial, siguen demostrando que el aporte humano continúa siendo esencial.

