El síndrome del impostor: razones por las que las mujeres tienden a subestimarse frente a los hombres

Muchas personas, especialmente mujeres, sienten que no merecen el puesto laboral que ocupan. ¿Qué provoca esta percepción y, lo más relevante, cómo puede superarse?

Foto: (istock)

Aunque la sociedad actual ha avanzado significativamente en cuanto a la igualdad entre hombres y mujeres en el ámbito laboral, persisten numerosas brechas, algunas relacionadas con la valoración de las mujeres en cargos de responsabilidad. Sin embargo, en este caso, el problema no proviene completamente del entorno, sino que también radica en la propia mujer. Se trata del síndrome del impostor, que, pese a afectar a ambos géneros, presenta una incidencia considerablemente mayor entre mujeres.

Se calcula que este fenómeno psicológico afecta al 70 % de las personas en algún momento de sus vidas, según el estudio The impostor phonomenon, publicado en el International Journal of Behavorial Science. Este síndrome se define básicamente como “una persona altamente competente en su actividad profesional que duda constantemente de sus habilidades o capacidades para desempeñar su trabajo, experimentando un miedo a ser descubierta como un fraude. Tales temores son subjetivos, ya que todas las evidencias objetivas sobre su competencia indican lo opuesto”, explica Beatriz González, psicóloga y directora de Somos Psicólogos.

El primer estudio sobre este tema data de los años 70. “Pauline R. Clance y Suzanne A. Imes, en 1978, analizaron a numerosas mujeres de alto rendimiento y grandes habilidades que no sentían lo que otros percibían en ellas: ‘Que eran brillantes’. Expresaban temor a ser descubiertas y sentían que su valía dependía de haber convencido a los demás, no de una realidad interna”, describe González.

Al intentar comprender por qué son más las mujeres que los hombres las que experimentan la sensación de no merecer el puesto de trabajo que ocupan, la ciencia señala la importancia del contexto histórico. “Hay estudios que muestran cómo la mujer ha sido discriminada en la historia más que el hombre (en temas como salarios, cargos de responsabilidad, conciliación familiar, etc.)”, indica la experta. Dichos estudios recopilaron testimonios de mujeres que explicaban que sentían que no pertenecían porque no se les permitía pertenecer. Esto provoca una clara disociación: “Estoy aquí, pero no debería estar; por tanto, no creo en mi valía, debe ser por otros motivos”. Así surge la falsa creencia de que han tenido que convencer o engañar para ocupar esa posición”, aclara la psicóloga.

Las mujeres sufren más el síndrome del impostor que los hombres. (Freepik)

En esta línea, también destacan opiniones como las de Mary Bear, académica especializada en estudios sobre la Antigüedad, quien afirma que “desde las civilizaciones antiguas, las mujeres han sido relegadas a roles sociales secundarios, dificultando así romper la creencia de que si ocupan puestos tradicionalmente masculinos, no están capacitadas para desempeñarlos. Dado que esto es un fenómeno reciente, existen menos referentes externos para la validación”, explica González.

Por otro lado, investigaciones realizadas en 2000 por Joan Harvey y colaboradores relacionaron este síndrome con rasgos individuales de personalidad como la alta autoexigencia, autocrítica, perfeccionismo y un diálogo interno poco compasivo.

Logros, suerte y capacidades

Junto a las causas sociológicas e históricas, la experta menciona un origen más próximo, vinculado a la infancia. “Cuando las figuras de apego no pudieron o no supieron regular estados emocionales de miedo y frustración, o cuando los mensajes constantes vinculaban los logros a la suerte más que a la capacidad o esfuerzo”, puede desarrollarse este síndrome durante la niñez. “También cuando nunca fueron valorados por ser ellos mismos, sino por factores externos”, añade González. Así, “se genera la idea de que los éxitos se atribuyen al azar y no a sus habilidades”.

En este punto, resulta muy reveladora la recomendación de la psicóloga de reflexionar sobre la suerte y el mérito personal: “Conviene cuestionar qué se dice cuando alguien cercano aprueba un examen, obtiene el carné de conducir o supera una oposición. ¿Decimos ‘qué suerte has tenido’ o más bien ‘eres una persona con capacidad y esfuerzo’? Incluso cuando el resultado no es el esperado, ¿comentamos ‘qué mala suerte’ o analizamos juntos qué pasó para mejorar?”

Entornos que minan la confianza

El ambiente descrito por la psicóloga, donde los logros se atribuyen principalmente a la suerte o factores externos en lugar de a las habilidades propias, constituye un terreno fértil para que las personas “desarrollen la sensación de que su éxito depende de la suerte y no de su capacidad real”, subraya la experta. Añade que “estas personas suelen tener un profundo temor a fracasar, pues creen que si fallan, los demás descubrirán que no son competentes, que no realizan bien su trabajo o que no debieran ocupar ese puesto. Este temor es central. Por ello, se exigen al máximo para evitar errores, lo que conlleva un desgaste psicológico y fatiga elevados”.

“Estas personas suelen tener un gran miedo a fallar, ya que piensan que, si lo hacen, los demás descubrirán que no son válidas»

A partir de esta descripción, la experta señala los síntomas principales presentes en personas con síndrome del impostor:

  • Perciben que no son competentes y atribuyen su trabajo al azar.
  • Presentan una autoexigencia excesiva.
  • Poseen un diálogo interno muy crítico y poco amable.
  • Sienten elevados niveles de culpa.
  • Son perfeccionistas en extremo.
  • Mantienen creencias negativas que atribuyen su éxito al esfuerzo excesivo, no a sus verdaderas capacidades.

¿Cuándo representa un problema?

Conjuntar algunos o todos los síntomas señalados puede convertirse en un motivo para buscar ayuda profesional. Esto debería considerarse “cuando las jornadas laborales se prolongan sin descanso, con escasos espacios de disfrute personal o familiar; cuando aparecen intensos pensamientos intrusivos de inutilidad, elevados niveles de estrés o culpa constante”, indica la psicóloga. “También ante la persistencia del miedo al fracaso, la negación de las propias competencias y logros, o la dificultad para aceptar cumplidos”, añade.

Las personas con síndrome del impostor tienen miedo a ser descubiertas. (Freepik)

Todos estos signos indican la conveniencia de acudir a un especialista, “para construir una identidad propia y no basada en la necesidad continua de demostrar valía ajena para sentirse válido”, enfatiza la psicóloga.

Detectar y transformar lo que perjudica

Con ese propósito, cuando alguien consulta a la psicóloga, ella procura definir la técnica más adecuada mediante la observación y el análisis de las “características específicas de cada persona, su historia personal y cómo maneja sus pensamientos críticos y experiencias previas”. Según González, “no existe una terapia única. En el plano individual, actúo según la persona que tengo frente a mí. Trabajo especialmente los posibles traumas que han podido desencadenar este síndrome, apoyando la creación de una identidad propia y distanciándose de la impuesta”. En general, “se suelen emplear técnicas de aceptación y compromiso, junto a trabajo sobre la identidad y experiencias de apego”.

El objetivo es identificar qué desencadena los pensamientos que alimentan el síndrome y trabajar sobre ellos para construir una identidad propia. “Si comprendo qué me perjudica, podré modificarlo. Sin esa conciencia, resultará imposible, y ello afectará mi vida presente y mi relación conmigo mismo y con los demás”.

No ignorar el problema

Finalmente, para prevenir que este malestar se vuelva crónico y recuperar el bienestar emocional, la psicóloga aconseja “dedicar tiempo a identificar los pensamientos que se están experimentando, pues muchos no son completamente conscientes: pensamientos de inutilidad, atribución de éxitos a factores externos, percepción de incapacidad para desarrollar el trabajo y la necesidad constante de demostrarlo”.

También resulta crucial “observar si se trabaja sin descanso para no conectar con ese malestar, dato que puede ser otro síntoma”, destaca.

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