Minutos después el tránsito vehicular es desviado y los marchistas comienzan a avanzar por la avenida Juárez, su destino la embajada de los EE UU. “Roja, roja es la bandera, roja es la sangre de la clase obrera”, se escucha mientras el contingente del PCM y la LJC avanzaba en orden y con pasos firmes. El viento golpeaba fuerte y las banderas ondean con tanta rapidez que el Paseo de la Reforma se pinta de rojo; es el mismo viento el que anuncia lo que vendrá.
El día soleado y caluroso cambia radicalmente. Al pasar por la Glorieta de Cristóbal Colón, las primeras gotas de lluvia empiezan a caer, luego un aguacero, pero la marcha no se dispersa. Perece lo peor, sin embargo comienza a caer granizo que golpea con fuerza a los manifestantes. Algunos buscan refugio, pero la mayoría sigue caminando. Es más fuerte el compromiso con la Revolución Cubana que cualquier diluvio.
Por su parte, los comunistas sin romper filas, no dejan un solo momento su bandera, siguen avanzado. El frío del granizo se siente como agujas que pican en todo el cuerpo pero la moral y el ánimo del contingente no decae. Por el contrario, a una sola voz se escucha el himno de la Komintern, la Joven Guardia y el Canto al Partido. El espíritu de cuerpo aumenta y en la mente de los militantes comunistas está presente el ejemplo de Fidel Castro Ruz junto al Ejército Rebelde, resintiendo las inclemencias en la Sierra Maestra.
Al llegar a las afueras de la Embajada yankee los oradores se preparan, no hay sonido y sus discursos son expresados a gritos de guerra. Es el turno de Jonathan Hernández, miembro del Secretariado del PCM, quien saludó el acto mencionando que “la gesta del Moncada, aunque tácticamente fue una derrota militar, estratégica y moralmente fue una victoria, que abrió la puerta al triunfo revolucionario de 1959, y que con la proclamación del carácter socialista en 1961 y la derrota a la intervención imperialista en Girón en 1961, convirtieron a la isla caribeña, en la estrella liberada, en el ejemplo y el camino para los pueblos de América Latina y del mundo”.
Asimismo, dijo que el camino a seguir es “el derrocamiento del capitalismo, la destrucción del Estado burgués, el poder obrero y popular, la socialización de los medios de producción en manos de los monopolios, la planificación de la economía son el camino y en ello tendremos que aprender aún más de Cuba”. Mientras tanto los comunistas no dejaron de gritar vivas a Fidel, Raúl, el Che Guevara y la Revolución Cubana.
El esfuerzo de la militancia comunista valió la pena. Comisiones de los estados de Hidalgo, Tamaulipas, Estado de México, Veracruz, Morelos, Puebla, Guerrero y de la capital del país, fueron movilizadas para expresar la solidaridad del PCM y la LJC con la Revolución Cubana. Firmes en el internacionalismo proletario, en su compromiso militante, los comunistas seguirán engrosando las filas del Partido Comunista, -y al igual que el pueblo cubano-, derrocar a la oligarquía y construir el socialismo-comunismo
