La toma de protesta fue concebida para recibir el reconocimiento internacional, y la presencia de estadistas fue buscada con empeño. Cuando se anunció la asistencia del comandante Fidel Castro las reacciones fueron encontradas entre la izquierda de México. Muchos manifestaban desilusión, y hubo quienes lanzaron cuestionamientos como si de una traición se tratara. Hoy sucede lo mismo por la reunión que se dio, en el marco de la CELAC, entre Fidel y Enrique Peña Nieto.
La Revolución cubana se conduce bajo el principio de que las revoluciones no se exportan ni se importan, que son la genuina y legitima maduración de procesos de lucha donde el protagonismo es de los pueblos.
Ni la Revolución cubana, ni Fidel, han dado la espalda jamás a proceso revolucionario alguno, por el contrario, es bien conocido su historial de epopeyas, entre ellos el combate en África contra el apartheid, por citar sólo un caso.
En su estrategia para evitar el bloqueo que le imponen los EEUU, Cuba ha procurado una relación en marcos estrictamente estatales con México. Esta relación está deteriorada desde hace tres sexenios. Zedillo dio gran espacio a la mafia anticubana, y con Fox se estuvo a punto de la ruptura de relaciones diplomáticas. A Calderón no le importó en lo más mínimo recomponer la relación bilateral.
Hay señales de que eso puede variar.
¿Significaría que Peña Nieto tendría una política exterior progresista? No; es imposible una lectura de esa naturaleza, cuando su sexenio es la expresión fiel del poder de los monopolios, que en el poco tiempo de su gobierno aplicó las medidas más bárbaras contra el movimiento obrero y popular. Cuando hay una represión desatada contra las fuerzas del pueblo; cuando se asesina comunistas. Nosotros pensamos que hay una correspondencia entre la política interior y la exterior, que no están disociadas.
Peña Nieto es un enemigo del pueblo trabajador de México. Pero enfrentarlo y derrotarlo es un asunto que corresponde a los revolucionarios de este país.
La Revolución cubana y el comandante Fidel Castro tienen todos nuestros respetos por su gesta histórica, y la solidaridad con Cuba es parte de nuestra política cotidiana. Eso es invariable.
Fidel no dejó de ser el gran revolucionario que es por haberse reunido, con Salinas, Fox o Peña Nieto, de la misma manera que estos tres personajes no alteran tampoco su calidad de políticos corruptos, criminales y funcionales al capitalismo.
Es una posición infantil adjudicar a otros, responsabilidades que son propias o manifestar frustraciones por incapacidades propias.
La grandeza de la moral revolucionaria de Fidel a estas alturas es incuestionable, independientemente de diferencias tácticas, como es entendible.
Un apunte más: ni Cárdenas ayer, ni López Obrador hoy, representan alternativa revolucionaria alguna, sino otra gestión del capitalismo. ¿Qué diferencia representan en lo esencial con respecto a Salinas y Peña Nieto?
