NOTA: Los miembros de La Cizalla Acrata no tenemos por qué compartir todas las opiniones de los presos de los que traducimos cartas y comunicados.
En los últimos cuatro años y medio de mi tiempo en prisión he dedicado la mayor parte de mi tiempo a leer y reflexionar. He leído una gran cantidad de libros sobre ciencia, filosofía y política y sobre como todo ello afecta a los animales. También he dedicado mucho tiempo a leer periódicos, reportes y artículos sobre el floreciente campo del bienestar animal, sus emociones y su inteligencia. Cuanto más lees, mejor entiendes que tu instinto por defender que los animales tengan derechos básicos es correcto. Y entiendes que ese instinto no es extremo, loco, anti humano o políticamente desestabilizador, si no que representa el lógico y éticamente necesario siguiente paso para una sociedad justa y pacífica.
El movimiento por los derechos animales y la manera en que conduce y politiza la causa de los derechos animales está por su naturaleza sumido en la política de los asuntos humanos. Algo estaba claro: el movimiento por los derechos de los animales iba a llegar. Es tan necesario como cualquier otro de los sistemas de justicia social que le han precedido. Los desafíos que encuentra a su paso, y la intransigencia vitriólica y política a la que normalmente se enfrenta, alimentada por los mass-media, es un resultado de profundos dogmas culturales, científicos y religiosos que han alimentado la explotación y el abuso de los animales durante siglos.
Así que aquí estamos, en 2012, y al menos en el Reino Unido la situación política para los animales se ha deteriorado. Un gobierno que por todos sus intentos y proposiciones parece despreciar a los animales y las legislaciones que se proponen mejorar sus condiciones de vida. De los tejones a los circos, de las granjas de animales a los animales de laboratorio, las propuestas del actual gobierno parecen manifiestamente creadas para dar marcha atrás a los avances conseguidos. El hecho de que esta postura se lleve a cabo ante la evidencia claramente demostrada de que el sufrimiento de los animales no se limita al campo físico, si no que también puede manifestarse como “tortura mental”, hace que la bancarrota ética sea aun más imperdonable.
Sin embargo, si echamos la mirada alrededor de Europa y más allá, vemos como otros países están tomándose en serio los derechos animales y cambiando sus leyes. En Asia hay países que están empezando a ilegalizar experimentos dolorosos en animales. En la capital de Colombia, Bogotá, se ha votado en contra de los circos con animales, así como en Paraguay. Están apareciendo grupos que luchan por los derechos de los animales en países en los que hasta hace una década prácticamente ni siquiera reconocían los derechos humanos.
¿Y qué pasa con el futuro de los derechos animales aquí en el Reino Unido, el lugar donde todo nació? Primero, necesita reconocer que una reacción era inevitable y, por lo tanto, ha de ser tomada en contexto. Tampoco ayuda a nadie, menos aún a los animales, que el movimiento por los derechos de los animales permita que el foco de atención se desvíe hacia influencias que a la larga pueden resultar corrosivas. La gente tiene distintos puntos de vista políticos, y mientras estos no causen ofensas, no deben ser utilizados para marginar a otros.
Estamos donde estamos, y al trabajo de conseguir un sistema de justicia para los animales basado en su propio derecho a no ser tratados como cosas o propiedades aun le queda mucho camino por recorrer. Después de los últimos cuatro años y medio como preso continúo siendo optimista. Baso mi optimismo en el hecho de que el movimiento por los derechos de los animales ha creado un impulso que está siendo usado por agentes ajenos a su infraestructura original. La mayoría del trabajo académico que se hace hoy en día para educar al público sobre por qué los animales importan tiene sus raices en las campañas que llevan a cabo día a día los activistas por los derechos de los animales. Mientras que a muchos les gustaría rehuir el rol que el movimiento por los derechos de los animales ha tenido, esa es la verdad. No cabe duda de que las campañas del movimiento llevarán consigo un gran esfuerzo, mantener la atención y las energías en la intransigencia legal y política es siempre agotador. Aun así, los prejuicios y la intransigencia que han caracterizado la visión de los humanos con respecto a los animales se están erosionando. Por supuesto que el sistema legal continúa viendo a los animales desde un prisma propietario y utilitario, pero eso no puede mantenerse y no perdurará.
El movimiento por los derechos de los animales ha de reconocer que su agenda de acción ha de avanzar con el tiempo. Crear unidad en torno a los temas que reflejan la creciente conciencia sobre las coincidencias emocionales que compartimos con los animales es vital. Centrar nuestros objetivos en sacar a la luz esos temas en los lugares adecuados es un requisito básico para avanzar. Usar a aquellos mejor cualificados para llamar a las puertas adecuadas es igualmente imperativo.
Sigue siendo necesario que los activistas por los derechos de los animales y sus campañas sean un vínculo visible para el público. Las manifestaciones, las marchas, los puestos informativos, los eventos promoviendo el veganismo y las campañas localizadas,… todo tiene un papel que desempeñar. Sin embargo, todas estas actividades han de estar unidas, de tal forma que promuevan los temas, que legitimen las demandas políticas que hacen los activistas por el bien de los animales. Sean cuales sean las campañas que se estén llevando a cabo, deben comprometerse y usar las pruebas más actualizadas sobre la situación de los animales. Un grupo de profesionales de distintas disciplinas como el terreno legal, la ciencia, los media y la filosofía, simpatizantes del movimiento, podrían dar voz y promover los derechos de los animales en sitios donde, de otra manera, jamás se habla del tema. Esto no son “castillos en el aire”, tenemos que reconocer la necesidad de adaptarnos y expandir nuevas estrategias. Se ha hecho tanto trabajo de base que parece contraproducente no pensar en grande y con valentía sobre el futuro.
Me gustaría dar las gracias a toda la gente que me ha escrito y me ha dado su apoyo durante mi tiempo en prisión. Perdonadme si, en este tiempo, no he escrito demasiado sobre mi propia posición o mis sentimientos. Estoy seguro de que , como todo el mundo, siento que el ideal de los derechos de los animales es mayor y más importante que cualquier otro individuo. Y por encima de todo, creo que llegará un día en que los animales tendrán lo que merecen: es solo una cuestión de tiempo y previsión.
Mel
Si queréis escribir a Mel:
Mel Broughton A3892AE, HMP Bullingdon, PO Box 50, Bicester, Oxon. OX25 1WD, UK.
Traducida del boletín del ARPS
