«Tan lejos como sea posible» (Editorial CONSTRUYENDO N° 19 – Agosto 2006)
Afirmación categórica la de Tabaré Vázquez. El gobierno del Frente Amplio está dispuesto a recorrer el camino de la «modernidad» para superar el atraso y «acceder a mercados grandes, dinámicos y exigentes». Tan lejos piensa llegar. No importa que la estación final de ese tren llamado «desarrollo», sea una plataforma de negocios capitalistas. Asociada, obviamente, al «librecomercio» imperialista.
Coordinadora de Unidad Revolucionaria – 21.08.06
El presidente de la República estuvo resuelto en su pronunciamiento realizado en la conferencia de la Cámara de Comercio Uruguay-Estados Unidos y el Consejo de las Américas (Council of the Americas, sociedad fundada por la familia Rockefeller en 1965). A tal punto despejó el paisaje, que El Observador Económico (editorial, 10-8-06) bajo el sugestivo título «Clara bendición presidencial», comenta: «Las anteojeras ideológicas que sobreviven en algunos sectores de la izquierda fueron descartadas ayer por el presidente Vázquez al establecer sin ambages la conveniencia de un acuerdo de expansión comercial con Estados Unidos». Es decir, se terminaron las idas y venidas. Finalmente, el «progresismo» sellará con la «primera potencia mundial» una alianza «cualquiera sea su nombre». Llamase Tratado de Libre Comercio (TLC) o Acuerdo de Promoción Comercial (APC). Da lo mismo. En los elegantes salones de Punta Cala, el partido quedó definido. De forma tan contundente, que el representante comercial de Estados Unidos, Everett Eissenstat, abrazado a los ministros Lepra y Astori, declaró más que satisfecho: «Estamos en el buen camino y el clima de inversiones es muy estable y así seguirá.» Aplauso cerrado de empresarios y banqueros, de blancos y colorados. Apenas una nota discordante: el gesto del ministro Gargano, quien seguramente tiene los días contados en el gabinete. Como para no perder la compostura del todo, el gobierno reafirmó su «vocación latinoamericanista». Asegurando que el acuerdo comercial con Estados Unidos «no interferirá con el Mercosur» y que continuará en el proceso de «integracional regional» pese a las «asimetrías» y la ausencia de resultados económicos favorables. Pero ni ellos mismos se lo creen. La apuesta del gobierno y de la burguesía, especialmente la exportadora, no es el Mercosur Sobre todo, a partir de la crisis estructural que afecta al bloque comandado por Brasil y Argentina. La falta de complementariedad productiva, la guerra por las cuotas y los grados diferentes de desarrollo industrial, agrario, y de inserción en el mercado mundial, agravaron la crisis de un Mercosur organizado como terreno de caza de las grandes multinacionales, entrelazadas con las fracciones dominantes de las burguesías de cada país del bloque. Y habría que estar muy distraído para pensar que la integración de Venezuela, por ejemplo, modifica el perfil de un Mercosur atado a la lógica inescrupulosa de la competencia capitalista. El «progresismo» no tuerce su rumbo. Los pilares del modelo capitalista-neoliberal-dependiente, se mantienen y agudizan. Apertura comercial, desregulación financiera, reducción de la inversión pública, reforma tributaria confiscatoria, miseria salarial, asistencia focalizada a la pobreza, y pago de la fraudulenta deuda externa. En definitiva, una subordinación al programa y las exigencias del FMI de tal magnitud, que raya con la más absoluta irresponsabilidad política. Como es el caso de la «cancelación anticipada» de los «compromisos financieros internacionales». Nada menos que 1.960 millones de dólares transferidos al FMI, Banco Mundial y BID, para «ahorrar» -según el gobierno- algo así como 40 millones de dólares (sin decir una palabra de que el nuevo endeudamiento ya suma 2.560 millones de dólares). A toda esta monumental estafa contra el trabajo, el ingreso de los asalariados, los jubilados, y la soberanía del país, el ministro Astori la califica «un muy buen negocio para el país». Hasta aquí, pocas novedades. El gobierno del «cambio posible» y garantía del «orden democrático» continúa imperturbable. El tema de los derechos humanos (debería decirse de la impunidad) está «bajo control»; y la decisión de la Corte Internacional de Justicia (La Haya) le dio una bomba de oxígeno, tanto al gobierno como a las multinacionales pasteras. En todo caso, la «preocupación» viene por el lado de las ocupaciones de empresas de las últimas semanas. Aunque la «conflictividad laboral» cayó un 58% en julio respecto a junio, desde el ministerio de Trabajo ven con aprensión la lucha de «una minoría de trabajadores» que «provocan un problema para todo el mundo, incluido al PIT-CNT». Es en tal sentido, que el ministro Bonomi, hace «un llamado a la responsabilidad en cuanto a las medidas que se toman». Porque su cartera, «defiende los intereses en general de los trabajadores a partir del cumplimiento del contrato de trabajo» (entrevista en Búsqueda, 10-8-06). Las patronales más que agradecidas. Mientras tanto, los trabajadores de ZIP, Enticor, Henil-Colttirey, Fapiursa, Dancotex, Coprograf, Bella Unión, y Casmu, deberán atenerse a las consecuencias. O mejor, esperar el resultado de la «cumbre informal» del pasado viernes 11, entre el gobierno (quien pagó el plato de 400 pesos por comensal), representantes de las corporaciones patronales y una delegación del PIT-CNT. Allí trataron la «interacción» que existe entre «incumplimientos patronales y respuestas sindicales no apropiadas». O sea, discutieron como desactivar las luchas y las ocupaciones. Porque, según el ministro Bonomi, «uno no puede escudarse en ser sindicalista para evitar cumplir las obligaciones que adquiera como trabajador». Algunos días antes, había sido el turno del ministro Mujica, quien al tratar el caso de su compinche emepepista Alberto Breccia, abogado de la empresa Henil-Colttirey, defendía el derecho de los patrones a resguardar sus intereses…ante el reclamo de los trabajadores. Con «líderes» como estos, es fácil imaginarse el tipo de valores que se les inculca a todos aquellos necesitados, que recurren por créditos «productivos» al «banco de fomento» gerenciado por el MPP. Sin embargo, no todo es monotonía oficialista. Los contrastes (frenteamplistas) asumen cierta visibilidad. Voces críticas, desilusionadas y desconformes se hacen escuchar, con mayor o menor ruido. Fue el caso de los convocados por el PCU en torno a la cuestión del TLC con Estados Unidos. Con la adhesión de algunos grupos del Frente Amplio (notoriamente el PVP), del PIT-CNT, la FEUU, FUCVAM y otros movimientos sociales, llegaron a la Plaza Libertad para protestar. Poquísima gente y demasiada confusión. El frío y la lluvia no son la única explicación. Por un lado, el discurso antiimperialista «puro y duro», por el otro, un explícito respaldo político al gobierno y a las decisiones (que se prestan a cualquier tipo de lecturas) del Plenario Nacional del Frente Amplio. En realidad, los cuestionamientos del PCU y sus aliados no van más allá del ministerio de Economía y Finanzas o de aquello que el presidente de la República (y su núcleo de confianza) les permiten cuestionar. De lo contrario, se quedan sin un solo cargo. Para la «nueva» dirección» del PCU, eso es lo que más cuenta. Y para la ministra Arismendi, «mujer de partido», aunque primero que nada, jefa del clientelismo social con los pobres. Bastaría con remitirse a los dichos del propio senador Eduardo Lorier (en varios medios de prensa), para comprobar hasta donde llega el talante «rebelde» y el alcance de la movida: «Si se analizan y se modifican los contenidos, nosotros estaríamos apoyando cualquier tipo de acuerdo con cualquier país». Por eso, no tuvo dudas en coincidir con el «espíritu» del discurso presidencial ante los dueños del dinero. Lo más lamentable, es que este oportunismo del «frenteamplismo crítico», impidió generar una movilización unitaria, convergente y de masas, con todos las organizaciones, movimientos, coordinaciones y luchadores políticos y sociales, que no solo se oponen al TLC con el imperio, sino al conjunto del programa neoliberal del «progresismo.
Al parecer, y por un trecho prolongado, la resistencia más intransigente continuará en el campo de las fuerzas clasistas, revolucionarias y anticapitalistas, que se niegan a aceptar la derrota como destino, que interpela y rechaza el burocrático «principio de autoridad». Porque todavía, como bien decía Pierre Bourdieu, «hay una izquierda en la izquierda que recuerda que el contrato se rompió».
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