Ruth Selma Herrera
Esta semana sesionan en Managua los ministros de economía de 34 países integrados en la iniciativa ALCA, Área de Libre Comercio para las Américas. Como es de esperarse, con representantes de la Banca Multilateral, y para discutir bajo qué condiciones piensan repartirse la explotación los recursos de nuestros países bajo el lema del libre comercio. Aunque no se trata de algo diferente a lo ya conocido, políticas depredadoras para nuestras débiles economías, el ALCA se nos quiere vender como el camino a la prosperidad para los 800 millones de habitantes del área.
La promesa para firmar este nuevo pacto es, llevarnos a formar parte de la gran potencia comercial del continente, a cambio de que se liberen aún mas las condiciones para el comercio e inversiones extranjeras. Es decir cederles todos los derechos para que usen a su conveniencia y para sus fines empresariales lo que queda en pie en nuestras economías y por supuestos, los recursos naturales: fuentes de agua (lagos, ríos), bosques, pesca, selva, biodiversidad, minas, paisaje, fuentes de energía, etc, etc.
Esto fórmula perversa es la medicina que desde hace mas de 10 años se esta dado a la economía de los latinoamericanos, de ese modelo se han aplicado los Programas de Ajuste Estructural (FMI, Banco Mundial), las desmedidas políticas de liberalización y privatización, responsables del desmantelamiento del Estado (abandono de programas sociales, desempleo) con las consabidas consecuencias de habernos sumido, en el caso de Nicaragua en un país con la gran mayoría de la población en extrema pobreza. Esto es incluso lo que motiva que desde estos mismos organismos internacionales ahora se impulsen
Las «estrategias de alivio a la pobreza», como un asunto remedial, que sabemos que está lejos de atacar las causas reales de tanta miseria en los países pobres.
Los resultados de este modelo económico y de estas «fantásticas «políticas son 90 millones de latinoamericanos indigentes, 105 millones sin acceso a ningún servicio médico, millones de trabajadores por cuenta propia abandonados a su suerte en términos laborales y sociales, a asalariados con ingresos que perdieron la capacidad de compra, «nuevo ejército» de niños trabajadores de la calle encarando a los «gobernantes» por tenerles en ese callejón sin salida, sociedades con alarmante capacidad de romper nuevos records de sobrevivencia en condiciones infrahumanas. Igual suerte ha corrido el medio ambiente, donde las inversiones de capitales inescrupulosos han llevado a la desaparición de miles de hectáreas de bosques, a la contaminación de suelos y aguas con plaguicidas y fertilizantes dañinos, a la comercialización de especies en vías de extinción, al desequilibrio de ecosistemas básicos para la seguridad para la vida.
Una de las principales falacias que se presentan como principios del ALCA es la integración económica del hemisferio y el fomento de la integración de los mercados de capital; y seguidamente. Uno se pregunta de inmediato, cómo se integran en condiciones equitativas las economías pobres de América Latina con las de los países desarrollados, si son esencialmente las trasnacionales de E.U. y Canada las que se llevaran el filete de las restantes economías. Sino veamos el caso de México, que después de 8 años de TLC tiene niveles de pobreza sin precedentes (70%) Preguntemos cómo es que tanta integración económica, tanta organización mundial del comercio y tanta planificación anticipada de los grandes capitales no logra evitar la quiebra de nuestras economías con las estrepitosas caídas en los precios de los productos agrícolas y otras materias primas (café, tabaco, oleaginosas, minerales).
Los empresarios e inversionistas locales, los pequeños productores no cuentan en esta lógica del gran libre comercio, está claro que con el ALCA se trata solamente de asegurar los intereses financieros a los grandes capitales de las américas, a las trasnacionales que finalmente con estos tratados reciben licencia no sólo para decidir sobre el destino de nuestros recursos, poner precios, discriminar mercados, qué productos podemos consumir; sino también para dictar, a través del marco jurídico aprobado, las políticas sociales, ambientales y públicas a quienes «gobiernan» sin importarles el grado de entreguismo que hacen de sus países. Un ejemplo mas de esto es la aprobación que los diputados «nicaragüenses» hicieron hace casi dos años de la Ley de Transgénicos.
Se menciona la eliminación de todo tipo de barreras comerciales y a las inversiones extranjeras; la eliminación de cualquier subsidio a las exportaciones agrícolas; medidas jurídicas para proteger a los inversionistas (y sus inversiones), las compras del sector público y las negociaciones para la entrada de los inversionistas en el sector de los servicios (sector público también). Sin duda, es esta la parte del de los tratados consignados en el ALCA que aseguran a las grandes empresas de los países ricos, el control sobre nuestras economías y de otra parte quietan a nuestros pueblos el derecho a decidir su propio destino.
Es pertinente indagar con los delegados reunidos acá, sí en el marco de esta sesión cabe, dadas las condiciones reales de vida de las mayorías latinoamericanas, replantearse los términos de «su ALCA». Es decir, preguntarles si como parte de esa iniciativa, finalmente se puede hablar sin engaños de nuestros verdaderos problemas con el libre comercio. Si pueden ser temas de su agenda lo que aqueja a nuestra población (productores quebrados y trabajadores desempleados), y a nuestro medio ambiente (degradado y contaminado). Queremos saber sí efectivamente los países desarrollados, van a suprimir los subsidios a la agricultura?,(Estados Unidos y Canadá). Qué gobiernos están dispuestos a flexibilizar la legislación y requisitos de calidad para que entren a sus mercados nuestros incipientes productos?; quién se ellos promoverá mecanismos que den garantías a los precios de nuestras materias primas a nombre de construir una equidad que nos permita al menos mantenernos en el mercado del hemisferio?.
En Nicaragua hemos perdido tantos recursos y oportunidades que ya no podemos darnos el lujo de perder más, es la esencia misma de la vida de los nicaragüenses lo que está en juego. Cualquier decisión que se tome sobre el destino de nuestra economía, medio ambiente y acerca del rol del Estado, por esa razón debe ser ampliamente consultada. De forma infundada se continúa pregonando que somos un país de grandes recursos naturales, sin embargo sabemos que gran parte de ellos han sido destruidos por quienes han vendido gran parte de nuestros bosques, minas, o negociado concesiones para explotar áreas con diversas potencialidades.
La sabemos como las políticas y practicas productivas están dañado la biodiversidad, que los cambios climáticos nos están metiendo en un circulo vicioso de desastres y miseria. Por esa razón no se puede aceptar que se continúen destruyendo los bosques, la selva, que se privaticen las fuentes de agua (ríos, lagos, lagunas) y de energía, que se contaminen mas los suelos y se nos impongan especies que nos dañan la salud o nos crean mayor dependencia. Se sabe que los niveles de pobreza extrema están afectando las condiciones ecológicas de casi todos los ecosistemas y que no hay acciones gubernamentales orientadas a frenar las causas de estos problemas, porque no hay voluntad política para encarar los problemas del país.
En estas circunstancias solamente resta esperar que la acción organizada de los ciudadanos que se expresan a través de los diversos sectores sociales y los que se han dado cita a través de la Mesa Alternativa frente al ALCA hagan sentir las voces con las propuestas por una vida mejor que han soñado durante años los campesinos, los trabajadores urbanos, indígenas, estudiantes y mujeres pobres, que no han tenido oportunidades de no conocer ni una sola de las bondades que predican los tratados de libre comercio.
