Brasil: Latinoamérica
01-09-2000
El plan militar norteamericano para la erradicación de narcocultivos en Colombia se convirtió en el eje de la Primera Cumbre de Presidentes de América del Sur en Brasilia, que culmina hoy y que el país anfitrión diseñó como rampa de lanzamiento de su liderazgo regional. Fernando de la Rúa llegó ayer y trató de bajar los decibeles de la polémica.
Fernando Henrique Cardoso, un crítico del plan norteamericano, recibe a Andrés Pastrana. Abajo, el colombiano baila con Bill Clinton durante la visita del norteamericano, anteayer.
Bill Clinton pisó suelo colombiano por primera vez el miércoles bajo la atenta mirada y los justificados temores de los países vecinos. Ayer, apenas unas horas después, el presidente Andrés Pastrana llegó a Brasilia para rendir cuentas sobre el Plan Colombia –que hasta ahora sólo es el paquete de 1300 millones de dólares norteamericanos– en la Reunión de Presidentes de Sudamérica, inevitablemente acaparada por el conflicto colombiano y sus efectos más temidos: el “derrame” de desplazados, guerrilla, narcos y paramilitares hacia los países vecinos y la militarización de la región. Si bien el tema no figura en la agenda oficial, ningún otro parece ahora en condiciones de opacarlo. A su llegada a la capital brasileña, los principales presidentes de la región estrenaron sus declaraciones haciendo referencia a la presencia cada vez más inocultable de Estados Unidos en Colombia, y la coincidencia fue total: el Plan Colombia “es una gran preocupación”.
El país anfitrión fue uno de los más terminantes. El conflicto colombiano “es una fuente de gran preocupación” y “la más seria amenaza a la seguridad nacional brasileña en este momento”, según declaró a El País días atrás el ministro de Relaciones Exteriores Luiz Felipe Lampreia, quien ya había clasificado a las fronteras colombianas como las “más frágiles y permeables”. “Somos contrarios a la existencia de una fuerza militar extranjera en Colombia. No queremos involucrarnos en ese conflicto. Ni siquiera queremos que se usen las infraestructuras de Brasil, como las pistas aéreas, ni directa ni indirectamente.” De todos modos, consciente de que ya no se trata de una cuestión de voluntad, la Policía Federal brasileña emitió un comunicado destacando “la necesidad de aumentar la capacidad de vigilancia y los operativos militares y policiales” en los 1644 kilómetros de frontera con Colombia. Y el ejército confirmó que está realizando dos tipos de operaciones en las zonas fronterizas: actividades de reconocimiento y de identificación de pistas clandestinas de aterrizaje.
Como de costumbre, otro de los más elocuentes fue el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien viene alertando desde hace meses sobre los riesgos de una “vietnamización de la zona” ahora que los “instrumentos de guerra” con que Estados Unidos provee a Colombia son mayores que “la suma de todos los países latinoamericanos”. Chávez también adelantó que la frontera de unos 2200 kilómetros que comparte con Colombia ya está “preparada” para los eventuales desplazamientos, que “pueden echar abajo el proyecto de paz y generar un conflicto de mediana intensidad en toda esta parte norte de Sudamérica”. Ecuador y Panamá, los otros dos países vecinos de Colombia, no se quedaron atrás a la hora de atacar la cooperación entre Bogotá y Washington. El ministro panameño de Gobierno y Justicia, Winston Spadafora, advirtió que “no sería conveniente” la aplicación del Plan Colombia. Por su parte, el presidente ecuatoriano, Gustavo Noboa, aclaró que “no vamos a militarizar la frontera”, e intentó una explicación obvia: “Erradicar los cultivos es fundamental. Usted no siembra si no hay consumo; y hay que erradicar donde está el consumo. Estados Unidos debe preocuparse de su problema interno”.
A lo largo del día, los encuentros bilaterales adquirieron casi la misma importancia que la Reunión de Presidentes, que quedó reservada para los temas comerciales y de integración regional. El presidente Pastrana mantuvo encuentros a solas con la mayoría de sus colegas para intentar calmar los ánimos y rasguñar algún apoyo –aunque sea tibio– a su última jugada por contener a la guerrilla: “En América tenemos que trabajar todos de la mano para solucionar los problemas que nos afectan a todos. Más que criticarnos, más que señalarnos, si unimos los esfuerzos vamos a derrotar a este enemigo común que es el narcotráfico”.
Uno de los encuentros más esperados fue el que mantuvo con el presidente peruano Alberto Fujimori, con quien las relaciones siguen tensas por el escándalo del tráfico de armas jordanas hacia las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). A la salida de la reunión, Pastranaaseguró que Fujimori le transmitió toda la información sobre “cómo se sucedieron los hechos. El gobierno jordano ha reiterado que ésta es una venta realizada de gobierno a gobierno y que se hizo de manera legal, por lo tanto creo que es el interés tanto del presidente Fujimori como de todos que haya claridad sobre este tema”.
El tema, sin embargo, sigue enturbiándose. La semana pasada, Fujimori reveló el tráfico de 10.000 fusiles Kalashnikov provenientes de Amman, que llegaron a manos de las FARC en 1999 a través de militares peruanos que no representaban a Lima. Ayer, el canciller peruano Fernando de Trazegnies explicó que las autoridades jordanas “actuaron de buena fe y los engañaron”. Pero el ex jefe del Estado Mayor jordano, Abdel Hafez Kaabneh, reiteró que se trató “de una venta de armas legal entre Jordania y las autoridades de Perú, como lo prueban los documentos. El hecho de que las autoridades peruanas hayan perdido todo control sobre esa venta de armas no es problema de Jordania”.
Lo que sostienen los críticos
“Las palabras de Clinton sólo convencen a incautos. Dice que no va a intervenir y manda a 300 asesores militares, dice que no cree en la solución militar y destina el 75 por ciento de su ayuda a la guerra, dice que implementará programas de derechos humanos y certifica a un gobierno que hace muy poco para superar la crisis humanitaria.” Jorge Rojas, director de una ONG colombiana dedicada a estudiar el fenómeno del desplazamiento forzado.
“La visita de Clinton fue simbólica y fue un éxito en términos de imagen, pero ahora tiene que dar resultados. Por un lado supone la transformación de Colombia en sus relaciones con Estados Unidos y por otro lado habla de lo importante que Colombia y el narcotráfico se ha convertido en Estados Unidos.” Eduardo Gamarra, profesor de la Universidad Internacional de la Florida.
“La guerra contra las drogas y la lucha antisubversiva se han vuelto virtualmente inseparables. La visita de Clinton plantea una serie de interrogantes sobre los cuales no ha existido un debate serio y responsable.” Arlene Tickner, profesora de la Universidad colombiana de Los Andes, al diario El Espectador.
“La visita de Clinton fue una verdadera cursilería. No parecía Clinton el visitante. Parecía el mismísimo Papa. O Santa Teresa de Calcuta. Y su objetivo fue convencer del humanismo de las bombas y de la ternura de los batallones de mercenarios.” Comunicado del Partido Comunista Colombiano.
“Es poco realista imaginar que 1300 millones de dólares, muchos de los cuales pertenecen a 60 helicópteros militares y al entrenamiento de una nueva brigada antinarcóticos, serán usados sólo contra traficantes de droga, sin incluir a la guerrilla que les da protección armada. No tiene nada de malo que Washington ayude a un gobierno electo democráticamente a combatir una insurgencia armada brutal. Pero este conflicto en particular ya alcanzó una escala militar y necesita ser resuelto en una mesa de negociaciones”. Editorial del New York Times.
Fuente: Página/12
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