«Si uno no ha encontrado una causa por la que pueda hasta dar la vida, entonces no ha vivido.»
Mahatma Gandhi.
Colombia, junio 16 del 2000
Sala de Redacción
Boletín INTER NOS
Por Rosa Townsend
Que hay detrás de la novela del balserito cubano.-
La división étnica que ha salido a la superficie en Miami a raíz del caso del niño Elián González es tan profunda que una plataforma formada por varios sectores sociales ha puesto en marcha un plan de convivencia para evitar que la ciudad se convierta en el Kosovo del Caribe. «Yo espero que la balcanización de Miami no sea para siempre», afirma Edward Foote, presidente de la Universidad de Miami y uno de los líderes cívicos que han impulsado el llamamiento a la concordia entre cubanos, anglosajones blancos, judíos, negros e hispanos no cubanos.
Pero en la Calle lo que impera es el alarde y la exaltación nacionalista. Las señas de identidad étnica se exhiben con orgullo y desafío. Y, frecuentemente, con odio. En los coches, en los vecindarios, en los centros de trabajo y de enseñanza y en las manifestaciones se blanden banderas norteamericanas. T viceversa. Amigos y compañeros de trabajo e incluso familiares se han dejado de hablar. Hasta el punto de que United Way, la organización más importante de servicios sociales, ha creado cuatro equipos profesionales de consejeros que están dando asistencia en más de 200 empresas ´para resolver conflictos étnicos-laborales y restañar las heridas abiertas.
Ciudad de Babel.-
Para poder comprender la complejidad de la situación que se ha creado es necesario analizar la compleja composición étnico-demográfica de Miami.
En la llamada capital de las Américas cohabitan 2,4 millones de personas, de las que 700.000 son cubanos; 670.000 hispanos no cubanos -latinoamericanos de todas las nacionalidades y unos 14.000 españoles-; 370.000, anglosajones blancos cristianos; unos 145.000, judíos, y 490.000 negros norteamericanos y haitianos.
Pero a un lado del mosaico de esta ciudad de Babel están los exiliados cubanos, para un 83 % de los cuales Elián es un símbolo de libertad en su cruzada anticastrista. Un símbolo que en opinón de Carlos Saladrigas, un empresario que negoció hasta el último momento la entrega de Elián, ha unido más aún a los cubanos. «Ha despertado el sentido y la determinación de reforzarla», señala Saladrigas.
En el otro lado están los negros, los anglosajones blancos y una gran parte de los otros hispanos no-cubanos, que en un 92 %, 79 % y 67 %, respectivamente, piensan que éste no es un asunto político, sino problema de custodia familiar, y que el niño debe estar con su padre.
Elián, detonador.-
El detonador de la polarización étnica que vive Miami han sido las posiciones encontradas sobre el destino de Elián, pero el mal de fondo venía desde hace muchos años. Muchos años.
Los cubanos no se han asimilado a la cultura americana, al llamado melting pot -el crisol de razas y culturas que forma la sociedad estadounidense-, sino que han campado por su cuenta, haciéndose con una parte importante del poder político y una parte no despreciable del poder económico, que, según perciben los otros grupos étnicos, no sólo no lo han compartido, sino que lo han usado para imponerse sobre los demás.
Los más extremistas han querido mutilar la libertad de expresión. El semanario The New Times ha documentado 67 atentados contra opiniones contrarias al anticastrismo, cuatro de ellos asesinados, en los años setenta, y posteriormente, 32 explosivos de bombas. (Cría cuervos y te comerán los ojos. N. de la R.).
Pero la mayoría de los exiliados cubanos son ciudadanos trabajadores que se atribuyen el «haber levantado Miami» y creen sinceramente que los demás les «envidian», y por esa razón no quieren «entender su dolor de haber perdido la patria».
Entre Razas.-
Los anglosajones blancos se resienten de la invasión cubana, los frijoles con arroz, la salsa, los puestos de trabajo perdidos, la política anticastrista como eje de la vida diaria y los miles de millones de dólares que EE.UU. se ha gastado en los últimos 40 años para atender a los refugiados cubanos. Sólo la seguridad en el caso de Elián ha costado cuatro millones de dólares.
Blancos, judíos y negros al unísono consideran a los cubanos intransigentes, desagradecidos y desafiantes, y ponen como ejemplo más reciente su resistencia a entregar a Elián a las autoridades. Claman que esto es estados Unidos, un país de orden y leyes, y al que no le guste, que se vaya. Los negros en particular ya no se sienten discriminados por los blancos, sino por los cubanos. «Extrañamente, los cubanos han logrado unir a blancos y negros», declaraba días atrás el líder negro Víctor T. Curry.
Y luego están los hispanos no-cubanos que, a más de sumarse a la opinión de los cubanos como intransigentes y desagradecidos, se resienten del favoritismo inmigratorio de los cubanos -que con sólo poner un pie en suelo de EE.UU. ya son legales-, mientras que el resto de los latinoamericanos tienen que buscarse la dura vida en EE.UU. haciendo equilibrios en la ansiada carta verde. Muchos tienen poder adquisitivo y un alto nivel de educación y solo piden una oportunidad. (Cría cuervos y te comerán los ojos. N. de la R.).
Opiniones encontradas.-
El escritor Robert Steinback, del The Miami Herald, recogió ese sentimiento generalizado en su columna de la semana pasada: «lo peor de todo es que la mayoría de los cubanos no tienen ni idea de por qué el resto los ve tan mal». El mismo rotativo se informaba de la «inflamatoria propuesta» de Raúl Martínez, el alcalde cubano de Hialeah, una de las 29 municipalidades del condado de Miami Dade: crear el Partido Político Cubano.
Otro político que hace tres meses inflamó los ánimos de la comunidad cubana ha optado ahora por el discurso conciliatorio. Alex Panelas, alcalde del condado de Miami Dade y aspirante extraoficial a la vicepresidencia de E.U. con Al Gore, es el impulsor del plan de conciliación étnica Mosaico. En marzo le negó la ayuda policial al gobierno federal para rescatar a Elián. The New York Times tituló entonces: «Secesión en Miami».
Y para limpiar la imagen, los cubanos preparan una campaña nacional. «Queremos aclarar quiénes somos, cómo actuamos y que no somos violentos, sino apasionados», explica Pedro Freyre, abogado y directivo de la Organización Facts (Hechos Sobre Cubano-Americanos). «Cuando me pongo apasionado, me recuerdo de Kosovo y de lo que yo amo Miami. tenemos que cuidarla», concluye Freyre. Rosa Townsend. El País-España.
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