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- Autor, Atahualpa Amerise
- Título del autor, Enviado especial de BBC News Mundo a Santo Domingo
- 35 minutos
- Tiempo de lectura: 21 min
«Sí, está bien, mami».
Ese fue el último mensaje que Marilin Vargas recibió de su hija menor, Lorraine.
Esta madre de 63 años nos muestra su última conversación por WhatsApp frente a la sala de audiencias del Palacio de Justicia de Santo Domingo, donde se celebra una de las vistas preliminares de un caso que mantiene a toda la nación en expectación.
Hace poco más de un año, en la noche del 7 al 8 de abril de 2025, Lorraine festejaba su 38 cumpleaños junto a tres amigos en Jet Set, la emblemática discoteca que durante tres décadas representó la vida nocturna de la capital dominicana.
En el escenario, «la voz más alta del merengue», Rubby Pérez, interpretaba una de sus canciones emblemáticas cuando el techo se desplomó.
Cientos de toneladas de hierro y concreto cayeron sobre los asistentes, con un saldo trágico: 236 fallecidos.

Fuente de la imagen, Marilin Vargas
El colapso terminó con vidas sin hacer distinción, desde profesionales como Lorraine —quien era médica internista— hasta celebridades como Rubby Pérez, las exestrellas de béisbol Octavio Dotel y Tony Blanco, junto a miembros de algunas de las familias más influyentes del país.
Más de 180 personas resultaron heridas, algunas con secuelas permanentes, mientras que al menos 174 menores quedaron huérfanos como resultado de esta tragedia.
Pasado un año, la nación busca comprender cómo pudo ocurrir y se pregunta si habrá justicia.
Frente a los tribunales donde se determinará la responsabilidad penal de los dueños del Jet Set, el duelo convive con la incertidumbre entre familiares de las víctimas que claman al juez una resolución acorde a la magnitud del desastre.
En la audiencia celebrada el 27 de abril también está Ana María Ramírez, odontóloga de 40 años que sobrevivió al derrumbe.

Entre lágrimas, rememora las horas que estuvo atrapada entre los escombros agarrada a la mano de una amiga, a otra amiga que falleció allí, y las secuelas físicas que arrastra desde entonces.
Esta es la crónica de una noche de celebración que se transformó en la mayor tragedia humana del siglo en República Dominicana.
El icónico Jet Set
Con artistas de alto nivel sobre el escenario, los «lunes de merengue» en Jet Set representaban un clásico de la vida nocturna en Santo Domingo.
El edificio, originalmente un cine en los años 70, fue transformado en discoteca en la década de los 90.
Jet Set no distinguía entre edades o clases sociales: casi todos los dominicanos consultados, desde vendedores y taxistas hasta abogados y empresarios, aseguran haber consumido, bailado y compartido allí en algún momento.

La sala pertenecía a los hermanos Antonio y Maribel Espaillat.
Antonio es un reconocido empresario, propietario de un importante grupo de medios que controla gran parte de las radios en República Dominicana, además de empresas de publicidad exterior y espacios de ocio.
Maribel ejercía como directora operativa del Jet Set.
«Los hermanos Espaillat son figuras conocidas en el país. La familia siempre ha contado con recursos», explica la periodista de investigación Camila García Durán.
García Durán lleva más de un año reconstruyendo lo ocurrido esa noche a partir de testimonios, documentos y evidencias que, en varios casos, no fueron facilitados ni a las víctimas ni a sus representantes legales.

La misma mañana del 7 de abril de 2025, según testimonios y documentos recopilados, se reportaron incidencias relacionadas con el techo del local.
Sin embargo, el lugar abrió sus puertas y la celebración comenzó.
Lorraine, según relata su madre, decidió extender la celebración de su cumpleaños iniciada horas antes en un restaurante cercano.
Ana María llegó a la discoteca alrededor de las 22:15 con dos amigas: «Era temprano y el local estaba casi vacío», recuerda.
El espacio empezaba a llenarse y la noche parecía seguir su curso habitual.
Algo va mal
Al inicio de la fiesta ocurrió un primer incidente preocupante: según varios testigos, trozos de concreto y yeso cayeron sobre el hombro de un cliente habitual, quien fue atendido por el personal del lugar.
Ana María presenció ese momento: «Cayó un primer pedazo de techo, similar a un cuadrito de plafón (falso techo), y no le di importancia inicial», explica.
Pocos minutos después, comenzó el concierto y la gente se levantó de las mesas para bailar merengue.
Los testimonios y evidencias compiled revelan que los problemas con el techo no fueron algo aislado ese día.
Las filtraciones de agua y desprendimientos eran habituales desde hacía años, y para repararlos se aplicaron arreglos superficiales que, dadas las consecuencias, no solucionaron el problema estructural del local.

Gregory Adames, quien trabajó en Jet Set durante 8 años y alcanzó la confianza de los Espaillat en la discoteca, nos explica este contexto.
Tras sobrevivir al colapso, Adames se ha convertido en testigo clave en el caso.
«Desde que ingresé, siempre existió el problema de filtración en el techo, goteos constantes, y desde la pandemia, cada vez que llovía, el techo parecía un colador», asegura.
Para mitigar la filtración, cuenta, comenzaron a colocar lonas plásticas sobre los plafones para acumular y evacuar el agua «antes de cada evento».
Según Adames, días previos al derrumbe «empezaron a producirse varios incidentes: a los plafones de yeso les caían constántemente pedazos de concreto, rompiéndolos hacia abajo».
«Una semana antes ocurrió un incidente con unos clientes sentados, a quienes les cayó un pedazo de plafón al lado», recuerda.
Adames asegura haber advertido en numerosas ocasiones a los Espaillat sobre la gravedad de los problemas en el techo, como evidencian los mensajes que conserva en su celular.
«La respuesta siempre era ‘se va a arreglar’ o ‘va Manuel, de mantenimiento’, pero nada se hacía, nunca se resolvía», lamenta.
La periodista Camila García Durán reveló importantes documentos recogidos por el Ministerio Público en la investigación, entre ellos mensajes destacados entre los hermanos Espaillat horas antes del derrumbe.
Maribel, según la periodista, «informa a su hermano vía WhatsApp que un plafón le cayó a un hombre. Antonio, que estaba fuera del país, responde ‘voy a reemplazar la mayoría’, refiriéndose a los plafones».
«Sí, pero es el techo el que está dañado», contesta la directora operativa.

Fuente de la imagen, Camila García
Este intercambio es una de las pruebas principales que manejan los abogados de las víctimas para intentar demostrar la responsabilidad de los dueños de Jet Set.
Gregory Adames, afectado por un profundo trauma desde aquel día, rompe en llanto en varias ocasiones al recordar los hechos previos a la tragedia.
Relata que horas antes del concierto de Rubby Pérez pidió a Maribel cancelar el evento.
«Ella me respondió: ‘esto no se puede suspender, porque esta fiesta es buena y la siguiente también'», comenta.
Con el merenguero ya sobre el escenario, las señales de peligro persistían.
Ana María repasa los momentos antes del derrumbe:
«Luego cayó un segundo pedazo, más grande, una lona azul, y empezó a caer agua mezclada con arena. Vi eso y pensé que no era normal, entonces le dije a mi amiga que me iba inmediatamente. Me levanté, tomé mi cartera y celular, y le dije: ‘me voy'».
No tuvo tiempo. En cuestión de segundos, el techo colapsó.
El colapso
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Ana María vio caer un sector del techo al otro lado de la sala y segundos después la parte que estaba encima de ella: «Sentí que algo me empujó hacia adelante, rompí la mesa con mi rostro y caí boca abajo al piso».
«Empecé a sentir que algo me aplastaba. Un pedazo de techo cayó sobre mí desde la cintura hacia abajo dejándome completamente aplastada. Esta mano (derecha) quedó atrapada con algo, como una varilla. La otra estaba libre, pero comprendí que no podía moverme», recuerda.
Tras el abrupto cese de la música, los gritos y sollozos se apoderaron del espacio sumido en el caos.
«Cuando cayó el techo, se oían los gritos de gente pidiendo ayuda, llorando, llamando a su mamá, a su papá, e incluso maldiciendo».

Ana María descubrió que su amiga Mena aún seguía viva junto a ella bajo la mezcla de concreto y metal.
«Nos tomamos de las manos y comenzamos a rezar. Ella repetía: ‘Me voy a morir aquí’. Me decía que algo le golpeó la cabeza y tenía sangre en boca y rostro. Calmándola a ella, también pude calmarme», relata.
Entre los atrapados estaba la gobernadora del municipio Monte Cristi, Nelsy Cruz, quien antes de fallecer logró llamar al presidente Luis Abinader para alertar a autoridades sobre lo que sucedía.
El ministro de Obras Públicas, Eduardo Estrella, se presentó en el lugar, donde además de coordinar la respuesta institucional, enfrentó una dura pérdida familiar: su hijo y nuera fallecieron bajo los escombros del Jet Set.
Bomberos, policías, personal sanitario y voluntarios libraban una carrera contrarreloj durante la madrugada para rescatar sobrevivientes.

Fuente de la imagen, EPA
Después de casi cuatro horas sujetas de la mano bajo los escombros, Ana María y Mena fueron rescatadas y trasladadas en ambulancia al hospital. La tercera amiga, Pierima, venezolana de 39 años, no sobrevivió.
Lejos de allí, Marilin, quien estaba de viaje fuera de Santo Domingo, recibió en mitad de la noche una llamada de su sobrino.
«Me dijo: ‘Tía, sucedió algo terrible. Se cayó el techo del Jet Set y tu hija Lorraine estaba ahí. Llamamos a sus dos teléfonos y no responde».
«En ese instante sentí que iba a morir, porque mi corazón empezó a latir aceleradamente de cabeza a pies, sin pausa, y respiraba con dificultad, la boca seca», rememora Marilin.
En la zona de derrumbe, el rescate proseguía.
Las ambulancias entraban y salían, familiares gritaban nombres, los rescatistas intentaban mover bloques de concreto, y con el paso de las horas, la esperanza de hallar más sobrevivientes disminuía.
Los hospitales de Santo Domingo recibieron decenas de heridos con traumatismos variados, entre ellos Ana María y Mena, quienes fueron sometidas a varias operaciones para salvar sus vidas.
El martes por la noche se halló el cuerpo de Lorraine y, horas después, su hermano dio la triste noticia a su madre.
«Mami, ya te lo voy a decir. Tenemos que ir a Patología Forense a reconocer el cadáver».
Por qué cayó el techo
En junio de 2025, dos meses tras el derrumbe, el Ministerio Público recibió un informe técnico preliminar encargado de investigar las causas del colapso.
El peritaje, elaborado por un equipo de ingenieros, se basó en inspecciones in situ, análisis estructurales, pruebas de laboratorio y estudio de documentación.
La conclusión fue clara: el techo del Jet Set no cedió de forma repentina sino tras años de sobrecarga progresiva y modificaciones que alteraron su diseño original.

Fuente de la imagen, Reuters
El edificio fue construido en 1973 como cine, con una cubierta sencilla diseñada solo para techado en un espacio rectangular de menos de 500 metros cuadrados.
En 1994 cambió de propietarios y se convirtió en la icónica sala de fiestas de la capital dominicana.
El informe detalla cómo, con el tiempo, la cubierta fue acumulando peso: se instalaron equipos de climatización, depósitos de agua, casetas técnicas y otros sistemas, sumando hasta 17 elementos para el momento del colapso.
Dado que el peso hundía la parte central de la cubierta, la lluvia se acumulaba provocando filtraciones. Para solucionarlo se agregaron varias capas de nivelación —»finos»— hasta alcanzar un espesor total de 37,5 centímetros, según el informe.
«Cuando las losas ceden, aplican una capa de fino. Pero el edificio vuelve a ceder y el agua se estanca nuevamente. Entonces añaden otra capa para nivelar y drenar el agua, y vuelve a ceder. Así sucesivamente, hasta llegar a siete capas», explica Andrik Soto, ingeniero estructural con 25 años de experiencia y sin relación con el caso.

A ese proceso se sumaron modificaciones para ampliar el local, lo cual agregó peso extra a la cubierta.
Durante una de las ampliaciones, para agrandar el escenario se eliminó una columna estructural de las 12 que tenía el local, reemplazándola con un soporte metálico a aproximadamente un metro de distancia, según el informe pericial.
El ingeniero Andrik Soto emplea una analogía particular para explicar la razón detrás de la caída súbita y total del techo.
«Es como las galletas de soda que al romperse tiran migajas. Este techo es prefabricado y presentaba muchas ‘miguitas’ como esas galletas. Esos fragmentos eran pedazos de techo que caían poco a poco cuando una losa se rompía —como el fragmento que impactó al cliente horas antes—. Hasta ese momento no colapsaban porque los cables las sujetaban, pero comenzaron a romperse en cadena, formando una fisura, y cuando cedió el primer cable, todo cayó en efecto dominó en fracciones de segundo», detalla.

Fuente de la imagen, Getty Images
También se le consultó sobre por qué, luego de años de sobrecarga, considera que el colapso se produjo esa noche.
«Las estructuras, al tener líneas de falla, permiten la penetración de agua y se oxidan. Ese día llovía y había una fiesta con vibraciones. El sonido genera ondas semejantes a un terremoto, y esas vibraciones generadas por los altavoces fueron la gota que derramó el vaso», explica.
La batalla de las familias
Frente a la sala principal del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva en Santo Domingo, se reúnen periodistas, camarógrafos, activistas y familiares vestidos de rojo en memoria de sus seres queridos.
En el interior, fiscales, abogados, testigos y el juez participan en una sesión de la audiencia preliminar en curso.
El tribunal debe tomar la decisión más relevante hasta ahora: si se abre juicio contra los hermanos Espaillat —algo considerado casi seguro— y qué cargos enfrentarán.

Fuente de la imagen, EPA
La fiscalía les atribuye, por ahora, homicidio involuntario, delito con pena máxima de dos años de prisión que considera que los acusados no tuvieron intención de provocar las 236 muertes.
Las familias y sus abogados discrepan.
Solicitan el reconocimiento de lo que para ellos es evidente: que el derrumbe del Jet Set no fue accidente, sino resultado de decisiones conscientes que pusieron vidas en riesgo.
En términos legales, esto se denomina homicidio voluntario con dolo eventual, explica el abogado de diez víctimas, Plinio Pina.
En el homicidio involuntario, señala, la persona responsable no tiene nada que ver con el incidente, que «simplemente ocurrió, pero estaba fuera de su control».
Pina sostiene que el papel de los acusados en el caso Jet Set encaja más en el homicidio voluntario por dolo eventual.
«En este caso, alguien tenía una obligación de seguridad y no sólo no falló, sino que cometió actos que pusieron en peligro toda la estructura».
La diferencia, apunta, radica en el conocimiento previo del peligro: «Los Espaillat recibieron advertencias sobre la posibilidad de una catástrofe, las ignoraron y continuaron con la celebración».
Aunque el dolo eventual no está tipificado en el Código Penal dominicano, la jurisprudencia lo reconoce como forma de intención dentro del homicidio voluntario, con penas de hasta 20 años de prisión.
Esa es la tesis que defienden los querellantes agrupados en el Movimiento Justicia Jet Set, liderado por Ana María Ramírez y con la participación de Marilin Vargas, que exige una respuesta penal proporcional a la tragedia.
Por su parte, los acusados aseguran desconocer el deterioro del techo y afirman que nunca imaginaron que representara un riesgo para la vida de sus clientes, tal como declaró Maribel Espaillat en la audiencia del viernes 1 de mayo.

Fuente de la imagen, EPA
Uno de los testimonios clave es el de Gregory Adames, antiguo empleado y superviviente, cuyo relato ha sido fundamental para modificar la percepción inicial del caso.
El abogado Pina reconoce que inicialmente pensó que todo fue un accidente, pero cambió de opinión tras escuchar a Adames.
«Al principio pensé que solo se había desplomado una estructura y no presté atención, pero Gregory comenzó a explicar el deterioro paulatino, la grave situación que llevó a la caída de plafones y cómo sus informes fueron ignorados».
Ese conocimiento previo, documentado en mensajes, audios e informes internos, es la base sobre la cual las víctimas sustentan su acusación diferente a la del Ministerio Público.
«No se trató de un simple accidente. Aquí hay homicidio», concluye Pina.
El magistrado decidirá ahora si inicia un juicio y, sobre todo, qué cargos se imputarán a los Espaillat: homicidio involuntario, como pide la fiscalía, o voluntario por dolo eventual, como solicitan los abogados de las víctimas.
El Ministerio Público dominicano no respondió a la solicitud de entrevista de BBC Mundo.
Los Espaillat
Detrás de Jet Set está un apellido de origen francés con una presencia histórica en la vida económica, política y mediática del país: Espaillat.
Una de las 32 provincias que conforman República Dominicana lleva su nombre, en honor al 19º presidente Ulises Francisco Espaillat Quiñones (1823–1878).
Desde hace un año este apellido está vinculado a la tragedia, con los hermanos Antonio y Maribel como acusados.
Antonio es dueño de RCC Media, que controla cerca de 50 estaciones de radio, siendo el segundo radiodifusor más grande del país.
Además maneja negocios de publicidad exterior: según la investigación de Camila García Durán, compró una compañía de carteles publicitarios en US$5,6 millones tres meses después del derrumbe.
Maribel, por su parte, tenía a su cargo la operación directa de Jet Set y otros locales del grupo, con un rol ejecutivo en la gestión diaria.
BBC Mundo contactó a su abogado, Miguel Valerio, cuyo equipo informó que ninguno de ellos ofrecería declaraciones.

Fuente de la imagen, EPA
Antonio y Maribel han evitado pronunciarse públicamente, salvo en contadas ocasiones, como una entrevista televisiva dos semanas después del accidente en la que él brindó algunas explicaciones.
Aunque reconoció conocer problemas de filtraciones y rotura de plafones, Antonio —quien se encontraba en Las Vegas la noche del accidente— negó haber autorizado reformas o trabajos que pusieran en riesgo la estructura del techo.
Maribel habló frente al juez en la audiencia del viernes 1 de mayo.
La directora operativa relató los minutos posteriores al derrumbe, en el que sufrió heridas leves, presentándose como otra víctima. También afirmó que nunca imaginó que el techo pudiera colapsar.
El hecho de que Maribel sobreviviera y que ambos hermanos asistieran habitualmente a las fiestas es uno de los argumentos principales de la defensa para sostener que desconocían el riesgo estructural.
Familiares criticaron que los hermanos no acudieran al sitio durante las operaciones de rescate posteriores al derrumbe.
También ha generado controversia la manera en que han gestionado las consecuencias laborales y judiciales.
Según testimonios recopilados por García Durán, los empleados sobrevivientes —7 murieron bajo los escombros— fueron convocados a oficinas de RCC Media días después del colapso.
En sus liquidaciones estaba incluido un acuerdo de confidencialidad para no revelar información sobre el tiroteo que, según Adames, firmaron sin conocer el contenido, salvo él.
Adames se ha convertido en figura central al denunciar presuntas irregularidades y aportar evidencias que indican conocimiento previo del deterioro del techo.
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Simultáneamente, la defensa de los Espaillat ha impulsado acuerdos económicos con familias de víctimas.
«Algunos han aceptado indemnizaciones irrisorias, como 20.000 pesos (US$335). El monto más elevado ofrecido hasta ahora ronda 5 millones (US$84.000). Otros han recibido propuestas de 100.000 pesos (US$1.680) hasta un millón (US$16.800)», indica García Durán.
La periodista denuncia también tácticas cuestionables.
«Sé que abogados de los Espaillat ofrecen bonos a abogados de las víctimas para persuadir a sus clientes aceptar aproximadamente 700.000 pesos (US$11.750)».
Esto ha dividido a las familias: unas aceptan compensaciones y retiran demandas, otras buscan agotar la vía legal para que los responsables afronten consecuencias penales.
Las imágenes de la tragedia
Con el paso de los días tras el derrumbe, algunos videos grabados con teléfonos móviles comenzaron a circular por redes sociales.
Eran fragmentos confusos e incompletos captados en medio del caos que no permitían reconstruir el evento, aunque aportaban algunas pistas.
Hasta que aparecieron imágenes clave: grabaciones de las 16 cámaras de seguridad del local, que documentan lo sucedido desde horas antes del colapso hasta minutos después.
La periodista García Durán las obtuvo tras meses de investigación y múltiples solicitudes a las autoridades, insatisfecha con el material incompleto proporcionado por el Ministerio Público a los abogados de las víctimas.
«Hace dos meses recibí dos discos duros y al abrirlos encontré una carpeta llamada ‘cortes de video’ con aproximadamente 30 archivos mp4 con grabaciones de todas las cámaras».
Algunas muestran la actividad en Jet Set momentos antes del desastre: empleados y clientes miran y señalan hacia el techo, conscientes de que algo no estaba bien.
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En uno de los videos, Gregory Adames habla con Maribel Espaillat en el almacén de la discoteca.
Según el testimonio del exempleado, en ese momento solicitaba cancelar el concierto tras la caída de fragmentos sobre un cliente.
Luego, las cámaras captan cómo la cubierta se desploma sobre la discoteca, sepultando a artistas, asistentes y trabajadores.
Minutos después del colapso, las cámaras aún funcionales en áreas laterales como cocina y pasillos muestran a personas desorientadas, heridas y tratando de ayudar a otros, como Maribel Espaillat, asistida y visiblemente confundida, quien abandona el lugar.
Durante días la periodista dudó sobre publicar estas imágenes.
«Consulté a familiares de víctimas y la mayoría, contrario a lo que pensaba, me pidió: ‘Por favor, publícalas; aunque sean nuestros seres queridos sufriendo ahí abajo, si esto puede lograr que el caso no quede impune, házlo'».
«Al día siguiente, ocultando las escenas más duras, las publiqué y se volvieron virales acá y en medios que cubren la tragedia, porque nadie conocía su existencia».
Además de las cámaras, las grabaciones que Gregory Adames hizo con su teléfono en días previos arrojan luz sobre lo ocurrido.
Adames envió varios de esos videos por WhatsApp a los Espaillat para alertar sobre el mal desempeño del techo.
El dolor de un país
El derrumbe del Jet Set sumergió a República Dominicana en un estado de conmoción.
«Nunca había sentido a mi país tan silencioso y adolorido. Somos un pueblo alegre y estuvimos por seis meses mostrando en el rostro la tristeza», explica Camila García Durán.
La tragedia trascendió el ámbito jurídico y mediático para convertirse en tema de intensos debates, crónicas y literatura, como el libro reciente «Jet Set: La fiesta mortal» del periodista dominicano Diógenes Pina, que reconstruye esa noche mediante testimonios de familiares y sobrevivientes.
Una de ellas, Ana María Ramírez, piensa cada día en sus dos amigas: Mena, que sobrevivió agarrada a su mano, y Pierima, quien falleció.

Fuente de la imagen, Ana María Ramírez
«Ese ha sido el dolor más grande para mí. Que falleciera tan joven, con 39 años».
«Era una mujer bella, alegre, carismática. Era el sustento de su familia. Recién había traído a su hijo desde Venezuela para que estudiara arquitectura aquí. Ahora él ha tenido que volver a su país».
Entre los 174 huérfanos de la catástrofe se encuentran 34 que perdieron a ambos padres.
Marilin Vargas, por su parte, frecuentemente visita desde su teléfono las cuentas Instagram y TikTok de su hija, donde permanecen recuerdos públicos de los últimos años de una joven llena de vida.
«Lorraine era muy risueña, feliz, disfrutaba mucho celebrar cumpleaños y salir… Era soltera y libre para celebrar con sus amigos. Tenía un espíritu muy libre».
Frente a la sala del Palacio de Justicia, esta madre desconsolada explica por qué, en cada sesión del caso, deja su negocio para acudir a la audiencia.
«No recuperaremos a nuestros seres queridos, pero nos reconforta saber que los culpables enfrentarán castigo».

Familiares, periodistas y ciudadanos consultados coinciden en puntos clave: que la justicia no trata a todos por igual; que el dinero y la influencia aportan privilegios importantes a familias adineradas; y que este caso pondrá a prueba esas premisas, siendo el más relevante en décadas para la República Dominicana.
A unos 15 minutos del Malecón capitalino, el edificio negro de Jet Set mantiene intacta la entrada y tres muros de sus cuatro paredes.
El lado descubierto exhibe a trabajadores y maquinaria retirando escombros para, según medios locales, elaborar un peritaje alternativo que la defensa de los Espaillat ha solicitado ante el próximo juicio.
El perímetro está cercado y un mural en recuerdo a las víctimas se extiende frente al corredor techado que servía de acceso a la famosa sala de fiestas.
Una enorme afiche anunciando el concierto de Rubby Pérez del 7 de abril de 2025 domina el sitio, como si el tiempo se hubiera detenido.
Como si aquella noche no hubiera marcado para siempre las vidas de cientos de familias y, de alguna forma, de más de 11 millones de dominicanos que nunca olvidarán esa fecha.

