Información del artículo
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- Autor, Noel Titheradge
- Título del autor, BBC News, corresponsal de Investigación
- Autor, Emma Barnett
- Título del autor, BBC News, presentadora del programa Ready to Talk
- 6 mayo 2026
- Tiempo de lectura: 7 min
Cuando la carrera literaria de Sally Gardner comenzó a despegar, sus conocidos atribuyeron sus elevados gastos a su reciente éxito.
Entre sus compras destacaban una bañera con un valor aproximado de US$34.000, obras del artista pop británico Peter Blake y escapadas a tiendas exclusivas en París.
Sally tenía algo más de 40 años cuando vio publicado su primer libro, lo que le permitió vender 2,5 millones de copias y obtener premios literarios como la Medalla Carnegie.
“De pronto, me encontré en otro lugar”, comenta Sally, “y, por primera vez en mi vida, recibía un ingreso sustancial”.
Ella admite que se sentía “avergonzada” por la magnitud de sus gastos, pero no podía resistir la euforia que estos le generaban.
Persistencia del comportamiento compulsivo
Sally ocultaba a sus amigos los detalles de sus adquisiciones y negaba estar estrenando prendas nuevas.
“No comprendía lo que me ocurría. Era como si me preguntaran: ‘¿Quién eres? ¿Qué estás haciendo?’”.
En poco tiempo, acumuló una deuda considerable y tuvo que vender su vivienda en el norte de Londres para trasladarse a un apartamento más pequeño.
A pesar de ello, el comportamiento compulsivo siguió intacto: no pudo evitar gastar decenas de miles de dólares en un diseñador de interiores para su nuevo espacio.
Una amiga llegó incluso a recorrer tiendas en la ciudad donde vivía Sally, rogando a los vendedores que no le vendieran nada.
Sally había desarrollado una adicción a las compras propia de la mediana edad, sin entender su origen, y pensaba que estaba perdiendo la razón.

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Paralelamente al avance de su carrera, el médico de Sally le prescribió agonistas de dopamina para tratar el síndrome de piernas inquietas (SPI), un trastorno del que sufría desde hacía años.
Este síndrome la obligaba a moverse constantemente, mostrándose casi todas las noches.
“Era incesante: no podía permanecer sentada, ni ver televisión, ni salir a cenar”, relata Sally. “Debía estar en pie todo el tiempo”.
Recién separada y con hijos pequeños, esto le causó insomnio crónico justo cuando atravesaba la menopausia. Comenta que probó todos los tratamientos disponibles sin éxito, acostándose sin lograr dormir durante las noches.
Por ello, cuando su médico le administró un medicamento que alivió sus síntomas rápidamente y sin advertirle sobre posibles efectos psiquiátricos secundarios, sintió una gran euforia.
No fue sino hasta 20 años después y con casi US$650.000 menos en sus arcas que Sally comprendió que su conducta compulsiva estaba vinculada a ese medicamento.
Consecuencias secundarias graves
La experiencia de Sally es una entre cientos recogidas por la BBC en el último año y medio, que detallan los graves efectos secundarios de los agonistas de dopamina.
Esta clase de medicamentos aumenta la actividad dopaminérgica y es recetada con frecuencia para condiciones como el síndrome de piernas inquietas, el párkinson, tumores de la glándula pituitaria y ciertos trastornos mentales.
Numerosos pacientes y familiares contaron a la BBC que no asociaron sus conductas impulsivas a estos fármacos hasta que las consecuencias fueron irreversibles. Se relataron situaciones de deudas millonarias, vínculos rotos, actos delictivos e inclusive suicidios.
Muchas personas afectadas por esta adicción a las compras perdieron decenas o cientos de miles de dólares, mientras lidiaban con enfermedades incapacitantes. Una pareja llegó a quedarse sin vivienda.

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Las personas relataron gastos sin sentido, llenando habitaciones enteras con artículos sin utilidad ni deseo. Muchas mujeres dijeron sentirse incapacitadas para detener la compra, aunque su comportamiento fue minimizado posiblemente por razones de género.
Sally relata que adquirió el mismo par de zapatos cinco veces y compró diez camas distintas para su Yorkshire Terrier.
“Compras algo, recibes un pico de dopamina, y buscas esa sensación repetidas veces”, explica.
La mayoría de los casos reportados a la BBC incluían impulsos sexuales compulsivos, que a veces llevaban a mujeres a relaciones ocasionales y a hombres a desarrollar adicciones a la pornografía.
Aunque Sally no presentó hipersexualidad, dejó la literatura infantil para publicar una novela erótica bajo un seudónimo.
Al reflexionar, duda si habría escrito ese libro sin el uso de esos medicamentos.
Sally se puso en contacto con la BBC cuando una de sus hijas le envió un enlace al podcast «Impulsive«, lanzado en febrero de 2026, diciendo: “Creemos que esta eres tú”.
Al oír la serie, Sally comprendió al instante que su medicación había provocado su conducta compulsiva y pensó: “¿Cómo no lo había notado antes?”.
En una entrevista para el podcast «Ready to Talk» de la BBC, Sally manifestó alivio por encontrar una explicación, aunque también expresó enojo porque su vida fue “secuestrada”.
Afirma que cargará con las secuelas económicas de sus gastos por el resto de su vida.
Además de no recibir advertencias sobre los efectos secundarios por parte del médico que le prescribió los medicamentos para el SPI, Sally jamás fue supervisada para detectar dichos efectos.
Un único médico le cuestionó su comportamiento al llegar a una consulta cargada con bolsas de compras.

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Actualmente se sabe que los agonistas de dopamina pueden agravar los síntomas del síndrome de piernas inquietas con el tiempo.
Algunos pacientes con SPI describen un ciclo en el cual los medicamentos inicialmente mejoran los síntomas, pero luego empeoran la condición subyacente.
En ocasiones, los médicos responden aumentando la dosis, lo que a su vez potencia el comportamiento impulsivo.
Según Valerie Voon, profesora de neuropsiquiatría en la Universidad de Cambridge, amigos y familiares suelen tardar en reconocer las compras compulsivas.
Ella asegura que es un efecto secundario tan frecuente como la ludopatía o los impulsos sexuales compulsivos, aunque estos últimos suelen detectarse con mayor rapidez.
“Al comprar por internet, no se recibe retroalimentación inmediata”, comenta Voon. “Puedes pedir muchos artículos sin ser plenamente consciente de tus acciones.
“No existe el mismo estigma ni consecuencias sociales negativas, por lo que este comportamiento puede mantenerse durante mucho más tiempo y de forma más oculta que otros”.
Por ello, explica Voon, amigos o familiares pueden interpretar estos cambios como generosidad o exceso, en lugar de reconocer un problema, y la situación continúa.
En respuesta a las averiguaciones de la BBC, la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios (MHRA) del Reino Unido está revisando las alertas sobre estos efectos secundarios conductuales de los agonistas de dopamina.
La MHRA afirma que ningún medicamento está exento de riesgos y que estos fármacos han mejorado la vida de muchos pacientes.
Los fabricantes aseguran que las advertencias están claramente indicadas, que sus medicamentos fueron evaluados en amplios ensayos clínicos y que continúan aprobados por autoridades regulatorias a nivel mundial.
La indicación del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido es precisa: quienes estén bajo tratamiento con agonistas de dopamina y tengan inquietudes deben consultar a su médico.
Desde que escuchó el podcast a comienzos de este año, Sally ha reducido la dosis para controlar sus comportamientos compulsivos.
No obstante, sigue utilizando la medicación porque es el único tratamiento efectivo para ella.
“Está presente constantemente y enfrento esta lucha a diario.
“Cada vez que compro, debo preguntarme: ‘¿Es compulsión? ¿Estoy repitiendo el patrón?’”.

