Vox adopta una estrategia discreta en Andalucía para evitar agravar su crisis: «No queremos que se rompan mayorías absolutas»

Los seguidores de Abascal consideran que las elecciones andaluzas suponen un desafío complejo, aunque en esta región partan de un resultado inferior al conseguido en las tres últimas comunidades donde se celebraron comicios.

El líder de Vox, Santiago Abascal, junto a su candidato en Andalucía, Manuel Gavira, en un acto de precampaña en Lucena (Córdoba).

«Cada vez lo veo con más semblanza de presidenta», comentó Santiago Abascal sobre Macarena Olona en abril de 2022, en una época en la que aún no se había oficializado el nombramiento de la dirigente como candidata de Vox para las elecciones andaluzas de ese junio. Aquellas declaraciones ambiciosas parecen hoy lejanas. En los comicios hace cuatro años, la formación situada más a la derecha llegó con grandes expectativas; venía de alcanzar su marca histórica en Castilla y León y de formar parte por primera vez de un gobierno autonómico, además aterrizaba en Andalucía con una de sus figuras más potentes, Olona. Sin embargo, el crecimiento fue moderado y no resultó clave para la estabilidad del gobierno. Por ello, desde la sede de la calle Bambú insisten en evitar que esta dinámica se repita. Frente a las elecciones del 17-M, el partido de Abascal se esfuerza por reducir públicamente las expectativas.

«Actualmente, las encuestas y las tendencias muestran que la situación es muy similar a la que había hace cuatro años», declaró este lunes el portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, precisando que buscarán «cambiar esa tendencia, pero no es una expectativa, sino un deseo». El dirigente planteó su visión de que los comicios andaluces deben traer «más Vox». «Un poco más de Vox», puntualizó, y agregó: «No esperamos arrebatar ni quitar nada. […] Que nadie diga que tenemos expectativas de derribar mayorías absolutas».

Esta es la consigna con la que inicia la campaña el partido de Abascal, tras las elecciones en Castilla y León del pasado marzo que detuvieron el crecimiento sostenido que Vox venía experimentando, desconocidas las expectativas de superar el 20% de voto, cifra que apuntaban las encuestas y en la que confiaban ciertos líderes. Ahora, tanto en pública como en privado, la formación insiste en rebajar las expectativas para evitar una nueva desilusión que profundice su crisis interna. De manera más cautelosa se expresó el secretario general, Ignacio Garriga, en una carta dirigida a la militancia de Vox hace un mes: «En Andalucía enfrentamos el difícil desafío de aumentar nuestra representación en una comunidad donde la mafia bipartidista es muy fuerte y cuenta con subvenciones». Esta posición contrasta con las «muy buenas sensaciones» que expresó Abascal al inicio de la campaña en Extremadura, o con su afirmación previa a los comicios en Aragón de que «si no querían un Vox ahora tendrán el doble de Vox, probablemente».

El panorama cambia porque las circunstancias no son las mismas. «Estamos en la situación que tenemos», señaló Fúster. Y esa «situación» consiste en que, conforme a las encuestas —nacionales y andaluzas—, Vox empieza a mostrar signos de desgaste. El partido no logra superar la convulsión interna generada por la expulsión de su fundador, Javier Ortega Smith, así como por la salida de otros líderes críticos, y el retraso en pactar gobiernos con el PP en Extremadura y Aragón parece afectar negativamente a la formación de Abascal.

En ese contexto, Vox enfrenta en las urnas andaluzas un desafío complejo, aunque parte allí de un resultado (13,5%) inferior al obtenido inicialmente en Castilla y León (17,6%). Además, ese 13,5% conseguido por Olona ha sido ampliamente superado ya por los candidatos de Vox en Extremadura (16,9%), Aragón (17,8%) y Castilla y León (18,9%). Por lo tanto, no alcanzar esas cifras en Andalucía representaría una importante ralentización para el partido, salvo las diferencias territoriales pertinentes.

Lo que permanece constante en esta campaña, en comparación con las anteriores, es el enfoque electoral, con Abascal centrado en el terreno de la campaña. El líder de Vox ha protagonizado actos en nueve ciudades andaluzas, inició la campaña este viernes con la manifestación del 1 de Mayo organizada por su sindicato en Jaén y permanecerá allí desde el lunes siguiente. No habrá caravanas paralelas de otros dirigentes nacionales; acudirán puntualmente, pero sin coincidir en actos con Abascal, aunque los diputados autonómicos sí están realizando sus propias rutas en sus respectivas provincias.

En cuanto a la línea discursiva para solicitar el voto a Vox, los mítines ya celebrados por Abascal ofrecen algunas claves: «Lo único que se decide en estas elecciones es si Moreno continúa sentado sin actuar […] o si realmente se le presionará para que acepte medidas de sentido común y razonables», afirmó en Lucena (Córdoba). Insistió también en que la izquierda andaluza «no tiene posibilidades» en estos comicios, desacreditando así la llamada al voto útil, uno de los argumentos que podría restarle apoyo a Vox. Esto es especialmente relevante considerando que en la última semana de campaña podría celebrarse la primera votación para la investidura de Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León. Si PP y Vox llegaran sin pacto a esa fecha, tal como sucedió en Extremadura durante la campaña aragonesa, esto podría fortalecer a Moreno para pedir el voto a su partido alegando que la ausencia de mayoría absoluta es un «problema», según sus propias palabras.

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