Los restos de un edificio ancestral permanecen intactos pese a superar los 2.000 años desde su origen
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La humanidad puede investigar y comprender su historia explorando diversos aspectos de la misma. El arte constituye uno de los ecos más característicos del pasado de nuestra especie. Desde la pintura hasta la literatura, se puede extraer mucha información sobre las formas de vida de quienes nos precedieron. En este contexto, los monumentos representan uno de los principales ejemplos de esta realidad.
Algunos de estos son vestigios de construcciones realmente antiguas, y Barcelona es una ciudad especialmente indicada para hallar ejemplos destacados. Uno de los más representativos es, sin duda, el Templo de Augusto. Los expertos sitúan la edificación en el siglo I a.C., conservando partes de su estructura durante más de 2.000 años.
El transcurso del tiempo causó que gran parte del edificio colapsara. No obstante, aún permanecen cuatro columnas que pueden visitarse actualmente en el Barrio Gótico de la ciudad, concretamente dentro de un patio del Centro Excursionista de Cataluña. Estas imponentes columnas, con una altura de 9 metros, se mantienen intactas para ser contempladas y disfrutadas.
Un eco vivo de la antigüedad
El edificio fue levantado en honor al emperador Augusto, cuando la ciudad era conocida como Barcino, una colonia romana. El templo se situaba en el corazón del foro, en la cima del monte Táber. Tras permanecer ocultos durante años, sus restos fueron redescubiertos a finales del siglo XIX durante la construcción de la sede del Centro Excursionista de Cataluña.
Según los estudios, la estructura original contaba con once columnas erigidas sobre un podio menor en tamaño que las propias columnas. En la actualidad, está ubicada en un espacio del Museo de Historia de Barcelona, donde recibe los cuidados necesarios para garantizar su conservación.
Admirar una obra arquitectónica de tal magnitud ofrece una perspectiva única sobre la trayectoria humana a través del tiempo, mostrando lo que era posible lograr con herramientas mucho más simples. Asimismo, funciona como símbolo de una época cada vez más remota.
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