40 años de IU: de la militancia minera y el apoyo a los «afganos» en la notaría a la rivalidad con el PSOE

Izquierda Unida conmemora cuarenta años desde su creación y EL MUNDO accede al documento en el que se formalizó la coalición en 1986

Presentación de IU ante la prensa, con Tamames, Almeida e Iglesias.

Cuando los nueve delegados de los partidos políticos junto con los siete independientes se refugiaron en el despacho de abogados de Cristina Almeida, una pregunta crucial llenaba los despachos de este bufete en la calle Españoleto de Madrid. ¿Cuál sería el destino final de los «afganos»? Izquierda Unida estaba a punto de constituirse, pero la unión del comunismo español bajo una candidatura común para las elecciones seguía siendo una herida abierta sin cicatrizar.

A las 12:45 horas de aquel domingo 27 de abril de 1986, una comisión de los presentes se retiró para regresar con más fuerza e «insistir». Era imprescindible incluir al Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) a toda costa y poner fin a años de divisiones y expulsiones dentro del comunismo español. Lo que se había unido contra la OTAN en el referéndum del mes anterior, no podía fracturarse por viejos resentimientos. Finalmente, en la madrugada y tras una negociación intensa que superó una fuerte oposición interna, los «afganos» dieron su aprobación. La organización pro URSS se incorporó a la coalición, reforzando la candidatura de IU de cara a las elecciones generales del 22 de junio de 1986.

Era ya lunes de primavera. Esa misma mañana, un joven Antonio Maíllo, con 19 años, acudió a estudiar Filología Clásica en la Universidad de Sevilla sin prever que 40 años más tarde asumiría la dirección de esa organización recién creada. En Santiago, una adolescente gallega que cumpliría 15 años apenas una semana después, llamada Yolanda Díaz, hija de un destacado líder comunista y sindicalista, asistía al Instituto Rosalía de Castro. Mientras tanto, en Soria, donde vivía en ese tiempo, un pequeño Pablo Iglesias, de siete años, jugaba en el colegio Las Pedrizas.

IU marcaría la trayectoria personal y política de estas tres figuras. Maíllo ya participaba activamente y ese año colaboró en establecer IU en su ciudad natal, Lucena; Díaz e Iglesias se involucraron unos años después. Los tres son personajes fundamentales para comprender el presente de este espacio político. El ciclo de la unidad de la izquierda se ha repetido durante estos 40 años, cambiando sólo los protagonistas.

Regresando al inicio, la fundación de IU. El acto oficial tuvo lugar en aquel despacho de Cristina Almeida, donde se definieron la plataforma política y sus principios, pero hoy EL MUNDO también revisa lo ocurrido dos días más tarde, el 29 de abril, cuando el PCPE se incorporó finalmente. La notaría de «don» Manuel Ramos Armero, en la calle Lagasca 36 de Madrid, acogió la «constitución de la coalición electoral de Izquierda Unida».

El documento, al que este diario ha tenido acceso, constituye un fragmento de historia con el lenguaje y estilo propios de la época. Refleja el acuerdo político entre Gerardo Iglesias, «minero», por el Partido Comunista de España (PCE), e Ignacio Gallego, «mecánico», por el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE).

Escritura de la firma de la coalición de IU en una notaría de Madrid.

En un documento sellado con «timbre del Estado» por valor de «cinco pesetas», el notario —frecuente en actos de comunistas españoles— incluye a otros firmantes: el «tipógrafo» Julián Lara y el «técnico» Alonso José Puerta en representación del Partido Acción Socialista (PASOC); el «licenciado en derecho» Juan Gómez y el «catedrático» Paulino García por Izquierda Republicana; Teodoro Rafael de la Rubia, «artes gráficas», representando al Partido Humanista; el «historiador» Enrique Cordero de Ciria por el Partido Carlista; el «economista» Santos Ruesga en nombre de la Federación Progresista; y el «delineante» Felipe Robledo por el Partido Comunista de Euskadi-PCE-EPK. «Considero que poseen la capacidad legal necesaria para otorgar esta escritura de CONSTITUCIÓN DE COALICIÓN ELECTORAL…».

Las firmas en ese documento no solo tienen un valor histórico por fortalecer una candidatura unitaria y hacerla más sólida, sino que también representan la canalización de numerosos partidos a la izquierda del PSOE, algunos prosoviéticos o de ideología radical o revolucionaria, dentro del sistema democrático español mediante el paraguas común de IU, donde su actuación sería más moderada gracias al control ejercido por el PCE.

Santiago Carrillo ya era parte de la historia y estaba por llegar un arrollador Julio Anguita desde 1988. Él fue quien dio los pasos decisivos para que en 1989 IU evolucionara de una coalición electoral a una federación de partidos con una estructura orgánica consolidada. El emblemático logo de la formación surgió durante ese proceso.

IU nació con el propósito de construir una alternativa al PSOE. Era un movimiento para responder desde la izquierda al «desvanecimiento del proyecto de cambio» provocado por la «actitud centrista» de Felipe González, «en lo económico y su giro hacia la derecha en política exterior y de defensa», tal como detalla el preámbulo de las «bases de acuerdo» para la fundación de «la plataforma de la Izquierda Unida», documento al que EL MUNDO también ha tenido acceso, firmado en el despacho de Almeida.

La izquierda bullía con fuerza tras el no a la OTAN, que alcanzó el 43,1% de los votos en el referéndum del 12 de marzo de 1986, y veía en las elecciones de junio una oportunidad para canalizar esa movilización y dar un golpe político.

Anguita y otros miembros de IU, en una campaña electoral.

Diferenciarse del PSOE fue fundamental para la creación de IU y, cuarenta años después, es precisamente la proximidad extrema a los socialistas, con quienes se ha compartido Gobierno durante dos legislaturas, lo que hoy pone en cuestión la fuerza del espacio político donde se encuentra IU. Tras cuatro décadas, la formación aspira a desempeñar un papel central dentro de la nueva alianza de unidad de la izquierda. No llevará el nombre de Sumar, pero recogerá su testigo y legado, con la duda sobre la incorporación de Podemos. Que, al igual que los «afganos» de 1986, se muestra reticente.

El tiempo avanza, y los debates sobre la OTAN y el incremento del gasto militar vuelven a la primera línea, afectando a un Gobierno donde sí está presente IU. «La creación de esa plataforma electoral constituye, por tanto, una necesidad imperiosa para recuperar la esperanza que reflejan los deseos de tantos españoles que optan por la paz y la neutralidad», señala el texto fundacional de IU.

En este documento, al igual que en la escritura notarial, se encuentran los cimientos del programa de la nueva alianza. Su primer punto: «salida de España de la OTAN». El segundo: cierre de las bases militares de Estados Unidos.

Todo indica que la izquierda continúa atrapada en los mismos dilemas: unidad, relación con el PSOE y postura frente a la OTAN. Quizá el programa fundacional de IU podría facilitar la desbloqueo hacia una reunificación.

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