Estrategias de Abascal: inmigración y oposición como herramientas para minar a Feijóo

Se intensifica la confrontación con el presidente del PP, cuyo mando es menos robusto que el de Abascal, aunque este último también comienza a mostrar algunas vulnerabilidades.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, y el del PP, Alberto Núñez Feijóo, en el Congreso en 2023

«Un hombre del PP que solo tiene dudas. Que un día va para un lado y al otro día cambia de rumbo. Que un día pretende hacer oposición a [Pedro] Sánchez y al siguiente quiere dialogar con Sánchez». Así describió Santiago Abascal a Alberto Núñez Feijóo —de forma implícita— el jueves pasado, durante un mitin de precampaña en Huelva. Realizó esta crítica apenas un día después de que Vox y el PP alcanzaran un acuerdo en Aragón para formar gobierno, siguiendo la línea iniciada en Extremadura.

De cara a los pactos, Abascal y los dirigentes de la derecha dura se han esmerado en limitar su entendimiento con los populares a esas regiones, a esas baronías, conservando así el enfrentamiento con Génova y Feijóo. Tras la firma de los acuerdos, Vox ha profundizado en esta estrategia, anticipando cómo será la etapa que se aproxima hasta un objetivo claro: las próximas elecciones generales. «Lo más inquietante es que con este PP debemos alcanzar un acuerdo para gobernar España», afirmó este viernes el número dos de Vox, Ignacio Garriga.

Con la primera ronda de autonómicas a punto de concluir —solo quedan las andaluzas, donde Vox llega con expectativas moderadas— el escenario político ya se orienta hacia la contienda por La Moncloa, evento decisivo para Abascal. Está en juego si su conflicto con Feijóo termina con Vox fortaleciéndose como una opción alternativa o viéndose parcialmente absorbido por el PP. Por ello, el presidente de Vox restringe sus pactos con los populares al ámbito autonómico, mientras continúa el enfrentamiento permanente con el líder de la oposición.

El desenlace de esta disputa dependerá en gran medida del balance final de votantes que se trasladan del PP a Vox y viceversa. En términos generales, será crucial cuánto respaldo logren mantener Feijóo y Abascal frente al ya adquirido. Por ende, ambos líderes parecen decididos a explotar las debilidades que llevan al contrario a perder electores. Según las encuestas de Sigma Dos para EL MUNDO durante el último año, el motivo principal para no votar de nuevo a Feijóo es el «descontento con el liderazgo del PP». Este argumento representa el 44,1% de quienes le abandonan —el 25% de sus electores— mientras otro 25,1% señala el «descontento con [su] gestión en la oposición». Vox utiliza precisamente estas dos críticas para atacar a Feijóo: expone las divisiones entre las diferentes almas populares y su líder, y le acusa de ejercer una «oposición a tiempo parcial».

Los sondeos del último año indican que el «liderazgo» de Abascal ha impactado menos negativamente a Vox que el de Feijóo al PP. Solo un residual 9% de sus antiguos votantes expresaron insatisfacción con el presidente de la derecha dura al cambiar su voto, lejos de las cifras que se registran en los populares. Por el contrario, la mayoría de quienes abandonaron Vox en los últimos 12 meses argumentan «mayor confianza en el PP o en Se Acabó La Fiesta», e incluso defienden la idea de «agrupar el voto útil», argumento que el PP ha utilizado intensivamente para competir con Vox en las comunidades autónomas.

El hecho de que la figura de Abascal resulte más ventajosa que la de Feijóo para sus respectivos partidos impulsa a Vox a llevar la disputa a la esfera nacional, ahora que en el ámbito autonómico existe entendimiento. Sin embargo, en abril, el partido con sede en la calle Bambú comenzó a mostrar desgaste en su liderazgo: el 20,8% de aquellos que dejarían de votar a Vox citan «descontento» con Abascal, y otro 23,9% lo hacen debido a «la salida de algunos líderes políticos del partido». La crisis interna de Vox, marcada por la expulsión de su fundador Javier Ortega Smith, ha debilitado el liderazgo, aunque este sigue siendo más sólido que el de Feijóo, motivo por el cual la derecha dura sigue unida alrededor de Abascal. Los votantes otorgaron a su presidente un 7,4 sobre 10 según Sigma Dos, mientras que el líder del PP recibió un 6,4 de sus seguidores.

Con los acuerdos cumplidos en Extremadura y Aragón, y el de Castilla y León casi cerrado, Abascal mantiene su rumbo y sigue enfocando a Génova, especialmente a Feijóo, como el centro del conflicto, puesto que es con él con quien competirá por un votante compartido en 2027 y a quien busca debilitar. Así se mostró esta semana cuando llevó al Congreso un texto sobre «prioridad nacional» —el polémico concepto presente en los acuerdos autonómicos con el PP— que obligaba al líder popular a posicionarse en esta cuestión. Aunque Abascal no logró convencer completamente a Feijóo de sus postulados —el PP votó en contra de un texto que proponía la «prioridad nacional» sin límites— sí consiguió que los populares adoptaran este concepto como propio, acercándolos a sus tesis.

Algo parecido ocurrió hace unos meses, cuando tras un verano marcado por la crisis migratoria y con Vox al alza en las encuestas, el PP modificó su postura endureciéndola y asumiendo algunas premisas más estrictas de Vox, como las relacionadas con la «identidad» o la concesión de nacionalidad. «Se va a dejar barba», ironizó entonces Abascal, al observar cómo el PP incorporaba sus ideas, que se situaban en el centro del debate nacional.

Vox también ha logrado arrancar a Feijóo algunas directrices para el futuro, pensando en una coexistencia posible en La Moncloa tras las próximas generales. Los pactos firmados entre ambos partidos en las comunidades —que el PP reflejó en el Congreso— incluyen, por ejemplo, un compromiso para modificar la Ley de Extranjería con el fin de aplicar el «principio de prioridad nacional» en la concesión de ayudas sociales y vivienda protegida. Además, se formaliza el rechazo a las «imposiciones de Bruselas y del Pacto Verde», así como al acuerdo con Mercosur. Estas son las posiciones ideológicas que Abascal defiende y usa para presionar a Feijóo.

Más allá del programa, las relaciones institucionales de ambos líderes con Sánchez también han generado tensiones, dado que en el último año el dirigente de Vox ha desarrollado una estrategia distinta, evitando toda presencia en actos donde participe el presidente del Gobierno. Mientras Feijóo insinuaba que negarse a reunirse con el jefe del Ejecutivo era propio de un «partido antisistema», Abascal ha aprovechado esta libertad para criticar los encuentros de Feijóo con Sánchez, así como cualquier voto coincidente del PP y PSOE en el Congreso.

Durante las negociaciones autonómicas entre las dos derechas, Feijóo y Abascal mantuvieron al menos dos conversaciones que ayudaron a encaminar las negociaciones y facilitaron el acuerdo final. Sin embargo, a nivel nacional, el enfrentamiento continúa sin tregua. Su última reunión tuvo lugar en junio del año pasado, y antes no se habían visto desde las negociaciones para la fallida investidura de Feijóo. Este encuentro podría repetirse dentro de un año, pero hasta entonces la confrontación sigue abierta.

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