Chernóbil: la estrategia de la Unión Soviética para encubrir su desastre nuclear más grave y la revelación mundial tras 40 años

Planta nuclear de Chernóbil vista desde arriba meses después de la explosión del 26 de abril de 1986.

Fuente de la imagen, Igor Kostin/Laski Diffusion/Getty Images

    • Autor, Redacción
    • Título del autor, BBC News Mundo*
  • 26 abril 2026
  • Tiempo de lectura: 9 min

Resulta complicado imaginar una tragedia más grave que la sucedida en Chernóbil hace 40 años. Aún más difícil es comprender cómo la Unión Soviética intentó por todos los medios ocultar el mayor desastre nuclear de la historia.

Al explotar el reactor número 4 el 26 de abril de 1986, dispersó nubes radiactivas por todo el hemisferio norte, desde Checoslovaquia hasta Japón, liberando en la atmósfera una cantidad equivalente a 500 bombas de Hiroshima. En ese momento, el Partido Comunista de la URSS se encargó de controlar la información y proporcionar su propia versión de los hechos.

“Desde un primer instante ocultaron la gravedad del accidente y rehusaron evacuar Kyiv”, la que hoy es la capital de Ucrania, relató la periodista Irena Taranyuk, del servicio ucraniano de la BBC, en 2019.

Taranyuk, entonces estudiante residente en la región occidental de la antigua URSS, rememora el miedo y la incertidumbre al conocer la noticia.

“Nos informábamos a través del ‘enemigo’ —es decir, los medios occidentales como la BBC— para saber lo que sucedía. Mientras tanto, muchos jóvenes y compañeros universitarios eran enviados voluntariamente a trabajar en la zona, expuestos a la radiación”.

La URSS no logró mantener el secreto por mucho tiempo. “Era imposible encubrir un suceso de tal magnitud. Los rumores se propagaron rápidamente”, comentó Taranyuk.

Pasados cuatro décadas, todavía se desconoce el verdadero alcance de la tragedia ni el número exacto de víctimas por cáncer u otras enfermedades relacionadas.

“Según datos oficiales, 31 personas fallecieron en el momento del accidente y 600.000 liquidadores involucrados en apagar el fuego y limpiar la zona estuvieron expuestos a altos niveles de radiación”, especifica Naciones Unidas sobre el desastre.

Asimismo, y también de acuerdo a cifras oficiales, “aproximadamente 8.400.000 personas en Bielorrusia, Ucrania y Rusia (…) estuvieron expuestas a la radiación”.

El organismo incluso resalta que “de haberse comunicado con mayor rapidez las medidas de protección, probablemente se habría evitado que la población se expusiera a ciertos radionucleidos, como el yodo-131, causante de cáncer de tiroides”.

“Una evacuación más pronta habría evitado que las personas permanecieran en la zona donde el yodo-131 es más peligroso, entre ocho y 16 días después de su liberación”.

No obstante, la URSS demoró 18 días en reconocer públicamente la verdad de Chernóbil en televisión.

Mijaíl Gorbachov en una alocución por TV el 1 de mayo d e1986

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Del rechazo a la falta de responsabilidad

Eran cerca de las 5 de la madrugada cuando Mijaíl Gorbachov, el último líder soviético, recibió un aviso telefónico. Había una explosión en la central nuclear de Chernóbil, aunque aparentemente el reactor no estaba destruido.

“Durante las primeras horas e incluso al día siguiente del accidente no se sabía que el reactor había estallado ni que había una emisión nuclear masiva en la atmósfera”, dijo más tarde el propio Gorbachov.

En aquel momento, la máxima autoridad de la Unión Soviética no consideró necesario alertar a otros líderes ni suspender su fin de semana con una reunión de emergencia, según explicó el historiador ucraniano Serhii Plokhii en su obra Chernobyl: the history of a nuclear catastrophe (“Chernóbil: la historia de una catástrofe nuclear”, 2018).

En lugar de ello, formó una comisión gubernamental encabezada por Boris Shcherbina, vicepresidente del Consejo de Ministros, para indagar las causas del estallido.

Mientras tanto, los habitantes permanecían en riesgo, pero nadie se atrevía a ordenar la evacuación.

Un hombre rinde homenaje a los bomberos fallecidos por el desastre.

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Un reconocimiento desde helicóptero, alrededor de 24 horas después, expuso la magnitud del desastre. “Cuando aterrizaron, aún no estaban preparados para aceptar la realidad”, narró Plokhii.

En sus memorias, Shcherbina afirmó que tuvo que obligarse a enfrentar la gravedad de lo que presenciaban.

“Al inicio predominaba el shock y la negación. No querían asumir lo que había sucedido. Luego, rechazaron asumir la responsabilidad”, recordó Plokhii en 2019 a BBC Mundo. Hasta 2025 fue director del Instituto de Investigación Ucraniano en la Universidad de Harvard, Estados Unidos.

“Existió negación entre quienes trabajaban en Chernóbil. Además, era complejo reconocer la situación sin exponerse a un peligro aún mayor”.

En su libro sigue explicando que “a medida que aumentaban los niveles radiactivos, los funcionarios se inquietaban, pero carecían de autoridad para ordenar la evacuación”.

Escuela abandonada, en la que se ven las instalaciones destruidas y objetos rotos y desperdigados por el suelo.

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“La reacción inicial fue encubrir la tragedia y después minimizar la información difundida”, expresó en 2019 a BBC Mundo el periodista Adam Higginbotham, autor de Midnight in Chernobyl (“Medianoche en Chernóbil”, 2019), un éxito editorial del New York Times que recoge múltiples testimonios.

El autor puntualiza que existía una “dimensión psicológica” en esa negación inicial que debe considerarse: “El evento era tan catastrófico y la escala tan grande que ni siquiera los expertos más formados en energía nuclear podían asimilar lo que veían”.

“Es vital comprender que el tamaño del desastre excedía incluso a los especialistas, y no caer en estereotipos simplistas sobre el funcionamiento de la URSS. La verdad es más compleja y matizada”, advierte.

Armen Abagian, director de un instituto de investigación nuclear destinado en Moscú, advirtió a Shcherbina que era necesaria la evacuación: “Le señalé que había niños jugando en las calles y gente colgando ropa al sol, mientras la atmósfera era radiactiva”, según narra el historiador Plokhii.

Mientras la comisión deliberaba, la población comenzó a abandonar la ciudad por su cuenta.

Niño víctima del accidente de Chernóbil

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El gobierno soviético no quería que las malas noticias se extendieran tan rápido como la radiación.

Por tal motivo, cortó las líneas telefónicas y prohibió a ingenieros y empleados de la planta compartir información sobre lo ocurrido con familiares o amigos, explicó Plokhii.

No era la primera vez que la URSS enfrentaba situaciones similares: “Hubo otro accidente nuclear (más pequeño) en septiembre de 1957 en Kyshtym, en los montes Urales, cuando explotaron materiales radiactivos. Pero no hubo información pública”, comentó.

“El silencio era una práctica habitual en la Unión Soviética”, añadió.

“Los estadounidenses detectaron señales del primer accidente y la contaminación, pero no difundieron la información porque en ese entonces desarrollaban sus propios planes nucleares y no querían generar alarma”.

Higginbotham también recordó el suceso de Kyshtym, que los soviéticos lograron mantener en secreto: “Repitieron ese mismo enfoque en Chernóbil, pero esta vez la frontera con Occidente estaba más cerca y la contaminación fue mucho mayor”.

¿Cómo se supo en el mundo?

Evacuación y control de la radiactividad de la población tras la catástrofe de Chernóbil en Ucrania

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“Fueron los suecos los primeros en detectar que algo estaba mal. Después, trabajadores británicos en otra planta nuclear también lo notaron”, relató Plokhii.

Higginbotham agregó que los suecos consultaron a las autoridades soviéticas si había ocurrido un accidente nuclear, “pero incluso entonces negaron que algo hubiera sucedido”.

En Suecia se detectaron niveles elevados de radiación, sin explicación durante los días posteriores al accidente.

“Fue la población europea la que advirtió lo que pasaba y forzó a la Unión Soviética a publicar información. Inicialmente revelaban muy poco y solo bajo presión occidental”, coincidió el ucraniano, haciendo notar que la Guerra Fría fue clave para entender los hechos.

El historiador señaló que el malestar entre quienes vivían en la URSS por entonces también fue decisivo, ya que recibían información a través de medios extranjeros y rumores —unos ciertos, otros no— en vez de sus propios gobiernos.

“Transcurrieron semanas, meses e incluso años hasta que la verdad salió a la luz gradualmente. En parte, esto fue porque capturaron a corresponsales extranjeros en Moscú y les impidieron salir o acercarse a la zona afectada”, afirmó Higginbotham.

“Muchos periodistas publicaban cualquier información, incluso rumores. En Estados Unidos, el New York Post llegó a reportar 15.000 muertes, una cifra opuesta a lo que el gobierno soviético quería que se creyera”.

Centro de control en Chernóbil.

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“No querían que la población tomara medidas de precaución”, subrayó Taranyuk. “Fue paradójico que nos enteráramos por medios extranjeros”.

Sin embargo, Higginbotham advirtió que la versión occidental suele ser incompleta y que “muchos relatos se basan en ideas preconcebidas convenientes sobre la vida en la Unión Soviética”, descartando el lado humano y psicológico de los responsables.

La caída de un imperio

“Chernóbil se asocia normalmente con cambios estratégicos en la URSS y el inicio de la política de apertura. Todo comienza en Chernóbil”, explicó Plokhii.

El historiador comentó que quiso escribir sobre esta tragedia porque está ligada a su historia personal: “Recuerdo el horror de esos días, la incertidumbre sobre el futuro, y me esforcé en reconstruir los hechos lo mejor posible”.

“La información recopilada me llevó a la conclusión de que existió un vínculo directo entre Chernóbil y la desintegración de la Unión Soviética”.

Dos hombres sostienen dos imágenes de la planta de Chernóbil tomadas desde un helicóptero.

Fuente de la imagen, Getty Images

“Resulta imposible comprender cómo colapsó la Unión Soviética sin tener en cuenta la historia de Chernóbil”.

Por otro lado, Higginbotham consideró que fue un episodio crucial “en la desintegración de la URSS no solo por el gasto económico o la creciente desconfianza hacia las instituciones, sino también por el cambio que produjo en Gorbachov mismo”.

“El accidente expuso la corrupción del imperio heredado por Gorbachov”, señaló.

“La lección principal que deja Chernóbil es el peligro de confiar demasiado en la tecnología… La gente creía que un desastre de tal magnitud era imposible, incluso cuando estaba ocurriendo. Y también muestra que una cultura que niega la evidencia científica y opera en base a mentiras y secreto no es segura para nadie”.

*Este artículo está basado en uno escrito por Lucía Blasco y publicado en 2019.

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