Un rincón oculto entre montañas y valles cobra protagonismo con la llegada de la primavera. Sus panoramas y su entorno natural lo colocan entre las escapadas más recomendables del momento
- Ni Guadalupe ni Hervás: la villa medieval cuya muralla figura entre las construcciones más relevantes de la Edad Media en Extremadura
- La cascada ideal para conocer esta primavera en Extremadura: un salto de agua que discurre entre paredes de pizarra y forma una hermosa poza de color esmeralda
Extremadura alberga una de esas maravillas naturales que, con la llegada del buen tiempo, adquieren aún mayor impacto visual. Entrelazado entre montañas, bosques y amplias vistas, este enclave destacado por National Geographic se convierte en una escapada muy sugerente antes de que finalice abril. Su valor no reside únicamente en la altitud o la extensión de sus panorámicas, sino también en la combinación del relieve, la vegetación y el silencio característicos de esta zona del norte cacereño, donde el paisaje se despliega hacia algunos de los horizontes más emblemáticos del interior peninsular.
Ese punto es Cabezabellosa, en la provincia de Cáceres, una localidad ubicada entre los valles del Ambroz y del Jerte, en los Montes de Tras la Sierra. Su ubicación privilegiada explica el creciente protagonismo de su entorno, especialmente tras la instalación del mirador en el Cerro del Búho, a 870 metros sobre el nivel del mar. Construido con acero y vidrio para no interferir en el paisaje, este punto panorámico ofrece, en días despejados, vistas de Las Hurdes, la Sierra de Gata, el valle del Alagón, la Sierra de Francia e incluso Portugal en el horizonte. Además, el embalse de Gabriel y Galán se muestra como una línea plateada sobre la llanura, mientras el Pico Pitolero, con 1.352 metros, domina el fondo escénico.
Naturaleza, patrimonio y una identidad serrana claramente definida
Gran parte del atractivo de Cabezabellosa reside también en el recorrido. El acceso a esta área atraviesa un entorno poblado de robles, castaños, encinas, fresnos, retamas y formaciones graníticas, una diversidad que refleja la riqueza ambiental del municipio. En distintas altitudes se suceden matorrales, bosques mixtos y dehesas, formando un mosaico natural que favorece la presencia abundante de flora y fauna. No sorprende, por ello, que el atardecer sea uno de los principales atractivos del lugar, con el vuelo de buitres leonados, águilas y halcones sobre un paisaje que cambia de tonalidad al caer el sol. También el Pitolero es un punto de referencia para vuelo libre y parapente en Extremadura.
Junto al valor paisajístico, el municipio conserva un destacable patrimonio histórico y rural. En sus calles perdura el carácter de un pueblo serrano de piedra, con balcones de piedra y una Plaza Mayor porticada donde destaca la torre del reloj. A esto se suman la iglesia de San Lorenzo, del siglo XVII, las ermitas de Nuestra Señora del Castillo, San Antonio y Los Mártires, además de restos vetones y romanos, tumbas antropomorfas, lavaderos y antiguas obras hidráulicas como La Cañera y El Pontón. En las inmediaciones sobresale también el Roble del Acarradero, considerado Árbol Singular de Extremadura. Así, Cabezabellosa ofrece no solo un amplio balcón natural sobre el norte extremeño, sino una experiencia donde paisaje, historia y patrimonio están íntimamente ligados.
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