La inteligencia artificial fortalece la eficiencia laboral: el 67% de los empleados la considera un recurso clave para optimizar su desempeño

Según el informe de Randstad Research, España encabeza Europa en cuanto a la percepción favorable sobre la inteligencia artificial, aunque existen inquietudes respecto a la equidad en la distribución de los beneficios y al futuro laboral de los empleados Hombre con barba y camisa de mezclilla sentado frente a un monitor. Usa lápiz óptico en la mano derecha. La pantalla muestra interfaces de software de diseño con nodos y gráficos.

La inteligencia artificial se ha incorporado a nuestra vida cotidiana de forma permanente, al punto de estar ya integrada en el ámbito laboral. Las compañías han adaptado sus operaciones internas para integrar la IA, que ha dejado de ser un simple experimento para transformarse en un elemento esencial para los trabajadores en su rutina diaria. De acuerdo con el último Informe Workmonitor 2026, desarrollado por Randstad Research, más de seis de cada diez empresas afirman que la IA ha incrementado la eficiencia de sus equipos.

Esta investigación, que recoge opiniones de más de 26.000 profesionales y 1.225 empresarios en 35 mercados, muestra que la adopción de la IA está mejorando la productividad, no solo desde la visión de los directivos, sino también entre los empleados. Asimismo, sitúa a España como líder en Europa en la percepción positiva del impacto tecnológico en la labor diaria.

Diferentes percepciones sobre los beneficios de la IA

Aunque la mayoría de las empresas reconoce que la inteligencia artificial ha impulsado su rendimiento, el análisis destaca una disparidad entre la apreciación de los empleadores y la de los empleados sobre las ventajas de esta transformación. El 63% de las compañías señala que la productividad ha aumentado gracias a la IA, mientras que el 67% de los empleados en España considera que la tecnología contribuye a mejorar su desempeño.

Al comparar estos datos con otros países europeos, únicamente Portugal se acerca a los niveles de percepción positiva observados en España. En ese país, el 60% de los empleados señala una mejora en su productividad atribuida a la IA. Italia y Grecia siguen en esta tendencia, mientras que Alemania, Bélgica, Países Bajos y Francia muestran porcentajes menores.

Respecto a la perspectiva de los empleadores, la situación es más heterogénea. Portugal y Países Bajos resaltan con un 70% de empresas que han experimentado un aumento en la productividad gracias a la IA. Italia y Francia presentan también cifras altas, mientras España mantiene una posición destacada, superando ampliamente a Bélgica.

Infografía sobre el impacto de la IA en el empleo y productividad, mostrando una mano robótica, un globo terráqueo digital y estadísticas en paneles negros y naranjas.

Sin embargo, no todo es optimismo. Una parte significativa del talento considera que los beneficios reales de la IA estarán mayormente en manos de las empresas, no en manos de los empleados. Prácticamente la mitad de los trabajadores piensa que la adopción de estas tecnologías favorecerá principalmente a las organizaciones, subrayando la necesidad de mejorar la comunicación y la transparencia internas.

En relación con el impacto efectivo de la inteligencia artificial en el ámbito laboral en España, el informe señala que tanto las empresas como los trabajadores coinciden en que la IA ha transformado la productividad, aunque todavía existen incertidumbres sobre la distribución equitativa de estos beneficios y sobre el futuro de ciertos roles profesionales.

Capacitación en IA, un factor decisivo para la adaptación

La incorporación de la IA en las tareas y procesos cotidianos ha provocado una fuerte demanda de formación especializada en esta área. Un 65% de los profesionales consultados a nivel mundial considera que sus empresas deberían destinar más recursos al desarrollo de habilidades relacionadas con inteligencia artificial. Los empleados demandan apoyo para ajustarse a un entorno donde la tecnología evoluciona rápidamente.

En España, hay un alto grado de confianza en las propias capacidades tecnológicas. El 73% del talento manifiesta sentirse capacitado para manejar las herramientas digitales más recientes. No obstante, esta confianza no elimina la necesidad de actualización constante. Por ello, la inversión en formación se percibe como un componente fundamental para dominar nuevas tecnologías y fortalecer la seguridad y el compromiso en un entorno donde lo digital gana protagonismo día tras día.

El especialista en inteligencia artificial, Pep Martorell, examina cómo la adopción masiva de la IA está impulsando la productividad y transformando sectores específicos del mercado laboral español.

El director general de Randstad Enterprise en España, Oriol Mas, enfatiza la trascendencia de este acompañamiento: “Estamos avanzando hacia una fase de mayor madurez de la inteligencia artificial en las empresas. Hoy contamos con herramientas muy potentes para acceder al conocimiento y mejorar la productividad. El desafío ahora es asistir al talento en esta transición”.

Temores ante la pérdida de empleos

El desarrollo acelerado de la inteligencia artificial no solo genera expectativas, sino también preocupaciones entre los trabajadores. El 34% de los profesionales encuestados globalmente teme perder su empleo dentro de los próximos cinco años debido al impacto de la IA. Esta inquietud crece al observar que seis de cada diez empleadores españoles consideran que la inteligencia artificial afectará a entre el 50% y el 100% de las tareas en sus organizaciones. La transformación del trabajo se perfila como inevitable.

Lejos de aceptar la situación pasivamente, más de la mitad del talento mundial adopta una actitud proactiva y busca mecanismos para asegurar su posición y mantener su empleabilidad. Desde Randstad descartan una sustitución masiva de personas por máquinas, y prevén una redefinición de puestos y funciones donde la colaboración entre habilidades humanas y tecnología será esencial.

Para Oriol Mas, la clave radica en “invertir en formación, mantener una comunicación transparente y rediseñar los modelos de colaboración para cerrar la brecha de confianza. Más allá de contar con una nueva herramienta, es fundamental transformar la forma de trabajar y crear casos de uso concretos”.

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