La tasa de pobreza en los hogares con ingresos empresariales alcanza el 31,04%, mientras que en los hogares asalariados es del 19,79 %

¿Qué significa estar en situación de pobreza? La respuesta habitual suele incluir un depende con quién te compares. Sin embargo, la realidad establece un dato concreto: si en un año los ingresos totales son inferiores a 11.217 euros, se considera estar en el umbral de pobreza. Esta cifra corresponde a la renta disponible equivalente. Cuando este ingreso desciende por debajo de 7.478 euros, se habla de pobreza extrema. Estos datos provienen del Instituto de Estudios Fiscales (IEF), organismo dependiente del ministerio de Hacienda, que ha publicado un estudio sobre la desigualdad de ingresos y pobreza.
El informe analiza la distribución de la renta y la pobreza en los hogares españoles entre 2017 y 2023. La desigualdad en la renta ha ido disminuyendo de forma constante: los hogares con ingresos menores han experimentado un aumento real mayor que los más acomodados, reduciéndose significativamente la diferencia entre los extremos de la distribución de ingresos. No obstante, en este artículo se pone especial énfasis en la disparidad entre los trabajadores autónomos y los asalariados.

He aquí el hallazgo principal: los hogares cuyo ingreso principal procede de trabajadores por cuenta propia registran niveles de pobreza considerablemente superiores a aquellos en los que predominan asalariados. La diferencia entre ambos grupos es significativa. La tasa de pobreza en hogares con ingresos empresariales llega al 31,04%, frente al 19,79% en hogares asalariados.
No solo hay un mayor porcentaje de hogares pobres, sino que esta brecha se amplía al examinar la pobreza extrema y su profundidad. En los hogares de autónomos, la pobreza extrema afecta al 16,96%, comparado con el 9,65% en los hogares asalariados. Además, la intensidad de la pobreza —esto es, la distancia media de los ingresos respecto al umbral mínimo— alcanza el 12,57% en los primeros y el 8,36% en los segundos. “Esta diferencia refleja que quienes dependen fundamentalmente de ingresos procedentes de actividades económicas enfrentan una vulnerabilidad más elevada, así como mayor exposición tanto a la incidencia como a la profundidad de la pobreza”, señala el informe.
La protección social favorece a los asalariados
Estos datos evidencian que los hogares con trabajadores por cuenta propia soportan niveles de vulnerabilidad mucho mayores frente a la pobreza. Esta disparidad se explica por varios motivos. Por un lado, los ingresos de los autónomos suelen presentar mayor inestabilidad que los de los asalariados, con variaciones sensibles dependiendo del ciclo económico, el sector y la demanda de servicios. Por otro lado, la cobertura del sistema de protección social es significativamente más limitada para quienes trabajan por cuenta propia: el acceso a prestaciones contributivas, subsidios por desempleo y otras ayudas públicas es más restringido y, en muchos casos, inexistente.
La situación se complica al analizar la relación de los hogares autónomos con el sistema de prestaciones sociales. En los primeros deciles de renta, es decir, en los hogares con menores ingresos, la proporción de ingresos que proviene de ayudas públicas es relevante entre los asalariados, pero mucho menor en los hogares de trabajadores por cuenta propia. Esto indica que la capacidad del sistema de protección para mitigar la pobreza es considerablemente inferior entre los autónomos, quienes dependen casi exclusivamente de su actividad económica para sostener su nivel de vida.

