A pesar del pacto PP-Vox para gobernar en Extremadura, la confianza entre las direcciones nacionales de ambos partidos es prácticamente nula.

Casi cuatro meses después de los comicios, el pacto entre el PP y Vox permitirá la investidura de María Guardiola como presidenta de Extremadura. Los intercambios entre ambas fuerzas políticas fueron tensos, complejos y, en diversos momentos, extenuantes para la líder popular de Extremadura. Guardiola enfrentó una gran presión emocional, visible públicamente, tanto por parte de su propio partido como de Vox.
El proceso de negociación ha dejado heridas y una profunda desconfianza que podría influir en lo que ocurra tras las elecciones en Andalucía, en primer lugar, y luego en las generales del próximo año, siempre que las encuestas de intención de voto se confirmen y PP y Vox sumen mayoría para desalojar al Gobierno de Pedro Sánchez. Aún falta más de un año para ese momento, pero las direcciones nacionales ya se centran exclusivamente en el verano de 2027.
No se ha celebrado el acuerdo, a pesar de que el pacto PP-Vox se esperaba y deseaba durante largo tiempo. Los líderes de Vox, encabezados por Abascal, mostraron cierta celebración. Sin embargo, el PP de Feijóo prefirió darle la espalda. Aun con la recíproca desconfianza entre los órganos centrales, ambos partidos están obligados a entenderse, dado que las mayorías absolutas han desaparecido. Los presidentes autonómicos lo consideran algo habitual; el equipo de Génova, en cambio, lo ve como una carga.
Desde la dirección de Vox se critican duramente las tácticas del equipo de Alberto Núñez Feijóo. «Las relaciones con los presidentes autonómicos son excelentes, llegamos a pactos razonables sin recelos. Pero Génova interfiere, sabotea y complica las negociaciones». Como ejemplo, estas fuentes indican que los presidentes autonómicos involucrados en acuerdos con Vox desconocían totalmente el documento de Feijóo que establecía las bases para futuros pactos con el partido de Abascal, habiendo tenido que enterarse a través de los medios.
La dirección de Vox atraviesa un momento complicado debido a varios contratiempos: la derrota de su socio Orban, la expulsión de figuras destacadas y dirigentes regionales que denunciaron irregularidades en la financiación, y la disputa con Trump que la mayoría de españoles rechaza.
Las elecciones en Castilla y León modificaron la percepción en el centro-derecha. El crecimiento electoral de Vox, que parecía imparable, se frenó. La derrota de Orban fortaleció la idea de que Vox podría haber alcanzado su límite. Mientras se espera qué ocurrirá en Andalucía el 17 de mayo, la dirección de Vox lo niega rotundamente. «Nos han dado por muertos en múltiples ocasiones. Esto responde a una construcción interesada de opinión; en Castilla y León Vox logró el 19%».
Feijóo pretende arrebatar a Vox los votos esenciales para gobernar en solitario, pero la cúpula de Vox lo considera una ilusión. «Es un sueño irreal. Recibimos votos transferidos del PSOE y la izquierda, además de una alta fidelidad electoral. La mayoría de nuestros seguidores jamás votaría al PP. El PP necesita a Vox para gobernar, aunque solo piensa en demonizarnos, estrategia que es suicida. Feijóo se preocupa más por construir un relato que por forjar una alternativa a Pedro Sánchez. Quiere mostrar que no ha cedido ante Vox».
El tercer partido en la Cámara observa que el PP continúa con la misma estrategia que mantenía antes de las elecciones generales de julio de 2023, cuando daba por segura la victoria y se repartía ministerios. «Dan por hecho que Feijóo será presidente, pero no es seguro. Sánchez es un político muy astuto, respaldado por toda la izquierda mundial».
Los líderes de Vox culpabilizan a Génova de una estrategia planificada para derrocar a Santiago Abascal. Por ello, vetaron a Miguel Tellado como negociador en el acuerdo de Extremadura. Según este análisis, el PP debería buscar una cooperación constructiva para repartir los votos del amplio espectro centro-derechista, que va desde el centro cercano al PSOE hasta los votantes más identificados con la derecha radical. «Si insisten en presentarnos como el demonio, la destrucción mutua estará asegurada. Quieren doblegarnos y esa estrategia es suicida. No avanzaremos si persisten en esta vía». Según fuentes consultadas, el líder de Vox estuvo muy cerca en los últimos meses de romper completamente con Feijóo, pues se siente víctima de una campaña diseñada para destruirle.
Irónicamente, ambos partidos se acusan mutuamente de perjudicar la esperada alternativa al Gobierno de Sánchez. El PP acusa a Vox de aliarse con el PSOE para atacar a Feijóo, mientras que Vox acusa al PP de fortalecerlo al atacar a Abascal.
La inmigración pone a prueba
La política migratoria está desafiando a los partidos españoles. Vox ha convertido el control de la inmigración en su principal bandera política, consciente de que es un tema sensible para la sociedad. La discriminación de la población inmigrante en el acceso a servicios públicos ha generado controversia dentro del PP. Asimismo, el PSC también ha vivido un incidente relacionado con las políticas migratorias. Dos concejales de Ripoll fueron obligados a renunciar tras facilitar con su abstención la aprobación de los presupuestos de la alcaldesa, Silvia Orriols. Los ediles argumentaron que la abstención buscaba evitar la ingobernabilidad de Ripoll, aunque reconocieron que ignoraron la prohibición de su partido de pactar con la ultraderecha. Todo el partido de Ripoll se levantó contra la destitución de sus concejales, por lo que la dirección del PSC nombró una gestora.

