Fundado por Ramón Berenguer IV, ha mantenido su función original durante siglos, lo que ha facilitado su conservación hasta su declaración como Patrimonio Mundial en 1991
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En el corazón de Tarragona, en un pueblo de apenas unos cientos de habitantes, se ubica un monasterio que guarda el panteón de varios monarcas de la Corona de Aragón. Reconocido como Patrimonio de la Humanidad, su importancia histórica y arquitectónica lo coloca entre los conjuntos monásticos más destacados de Europa.
Se trata del Monasterio de Santa María de Poblet, situado en el municipio de Vimbodí i Poblet, una pieza esencial del Císter en España. Designado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, este recinto destaca no solo por su extensión —considerado uno de los monasterios cistercienses de mayor tamaño en Europa—, sino también por su función como panteón real de Aragón.
Un monasterio fundamental en la historia de la Corona de Aragón
Creado en el siglo XII por iniciativa de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, el monasterio se estableció como un centro cisterciense que rápidamente adquirió relevancia política y religiosa. Su estructura actual responde, sobre todo, a las ampliaciones efectuadas entre los siglos XIII y XIV, durante las cuales se edificaron la iglesia, el claustro y las dependencias principales en estilo gótico, cimentando su presencia monumental.
El momento clave en su trayectoria histórica llegó en 1340, cuando el rey Pedro III el Ceremonioso lo nombró como lugar de enterramiento real. Desde entonces, descansan bajo sus bóvedas figuras destacadas como Jaime I el Conquistador, Alfonso el Magnánimo y Juan II, consolidando este lugar como uno de los espacios funerarios más importantes del noreste de la península.
Arquitectura, vida monástica y entorno natural
El complejo se organiza alrededor de una iglesia de tres naves, núcleo central de la vida monástica, junto a un claustro gótico que conecta con estancias como la sala capitular —donde se tomaban decisiones internas— y el refectorio, destinado a las comidas comunitarias. Todo el recinto está protegido por un sistema de tres murallas concéntricas, con accesos destacados como la Puerta Daurada del siglo XV y la Puerta Barroca, construida en el siglo XVII.
Más allá de su relevancia histórica, el monasterio aún acoge a una comunidad de unos 30 monjes, que mantienen viva la vida cisterciense cada día. Forma parte de la Ruta del Císter junto con Santes Creus y Vallbona de les Monges, y se encuentra en un entorno natural rodeado de bosques que permiten llegar a miradores como el mirador de la Pena, con amplias vistas panorámicas del paisaje.
El monasterio puede visitarse durante casi todo el año, con horarios que varían según la estación. Entre el 15 de septiembre y el 14 de junio, está abierto de lunes a sábado desde 10:00 hasta 12:30 y de 15:00 a 18:00, mientras que domingos y festivos recibe visitantes entre 10:30 a 12:30 y de 15:00 a 18:00. En verano (del 15 de junio al 14 de septiembre), amplía su horario de tarde hasta las 18:30. La entrada general cuesta 10,50 euros, con descuento de 7,50 euros para mayores de 65 años, estudiantes, desempleados, poseedores del carné joven, docentes, familias numerosas o monoparentales y personas con discapacidad. Los grupos escolares acceden por 5 euros, y existe una entrada combinada para la Ruta del Císter por 18 euros, que incluye también Santes Creus y Vallbona de les Monges.
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En el interior de Tarragona, en una localidad de apenas unos cientos de habitantes, se encuentra un monasterio que guarda el panteón de varios reyes de la Corona de Aragón. Reconocido como Patrimonio de la Humanidad, su valor histórico y arquitectónico lo coloca entre los grandes complejos monásticos de Europa.

