El distintivo tono rosado de sus flores y sus hojas con forma de corazón han convertido al árbol conocido como Judas o algarrobo loco en uno de los ejemplares más peculiares y fácilmente reconocibles durante la primavera
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Murcia se viste de primavera con un espectáculo breve pero fascinante: la floración de los Árboles del Amor, una especie ornamental originaria del Mediterráneo oriental y Asia occidental que destaca por sus hojas con forma de corazón y sus flores de un vivo color rosado. Durante este efímero momento, varios senderos se transforman en verdaderos corredores de color donde la naturaleza impone un ritmo espontáneo. También llamados árbol de Judas, están relacionados con una tradición popular que asocia estos ejemplares a la leyenda de Judas Iscariote, quien, según se cuenta, habría terminado con su vida colgándose de uno de ellos.
Al avanzar por el sendero, el paisaje despliega su máximo atractivo. La ruta hacia el Barranco de la Regidora, de apenas 2,7 kilómetros ida y vuelta, conecta Bullas y Cehegín, bordeando el paraje de El Carrascalejo y la Vía Verde del Noroeste. Es uno de los lugares privilegiados para admirar el Cercis siliquastrum, cuyas flores en tonos rosados y violetas cubren ramas y troncos durante unos pocos días en abril.
El recorrido cruza un bosque de ribera mediterráneo de notable valor ecológico, que forma parte de la cuenca del río Quípar. A lo largo del camino se encuentran sauces, fresnos y álamos, junto a zarzales, rosales silvestres y juncales, generando un entorno fresco y frondoso poco común en este clima. Alrededor, los pinares de pino carrasco se mezclan con arbustos como la coscoja, el lentisco y el enebro, además de plantas aromáticas como el tomillo y el romero, lo que aumenta la diversidad del hábitat. Pequeñas cascadas a lo largo del sendero aportan además frescura al ambiente.
La floración de los Árboles del Amor se concentra en un lapso muy breve, de aproximadamente diez días durante abril, lo que convierte esta experiencia en una visita casi imprescindible en ese momento. Durante esos días, el barranco cobra vida con aves como petirrojos, ruiseñores y currucas, junto a otras especies que hallan refugio en la vegetación. La corta distancia del recorrido, solo 2,7 kilómetros, y su accesibilidad permiten disfrutar de este paisaje en poco tiempo, con un resultado visual especialmente atractivo.
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