Castilla-La Mancha avanza en la candidatura de un nuevo pueblo para convertirse en Patrimonio de la Humanidad, sin la inclusión de Pastrana ni Brihuega.

Un nuevo respaldo institucional impulsa la candidatura de un enclave histórico de Guadalajara ante la Unesco. El proyecto entra en una fase decisiva tras años de trabajo y con el apoyo unánime de todo el país

Foto: El pueblo de Castilla-La Mancha que da otro gran paso para ser Patrimonio de la Humanidad. (Cultura de Castilla-La Mancha)
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El Patrimonio de la Humanidad, la Unesco, Castilla-La Mancha y un paisaje histórico de gran valor vuelven a situarse en el centro de la actualidad cultural tras un nuevo respaldo institucional que podría definir el futuro de toda una comarca. Esta reciente acción representa un progreso significativo en un proceso extenso, desarrollado durante años y muy vinculado a la protección del patrimonio, al equilibrio con el entorno y a una estrategia turística que pretende crecer sin comprometer la autenticidad del territorio. Además, este impulso surge en un momento especialmente emblemático, con una reunión crucial del Consejo de Patrimonio Histórico celebrada en el mismo enclave protagonista.

Este lugar es Sigüenza, en Guadalajara, que avanza un nuevo paso en su aspiración internacional gracias al respaldo unánime del Consejo de Patrimonio Histórico a la candidatura del ‘Paisaje dulce y salado de Sigüenza y Atienza’. El apoyo, anunciado el 9 de abril de 2026, posiciona el proyecto en su etapa definitiva y fortalece una propuesta que ha estado en desarrollo durante siete años. Este respaldo por parte de las comunidades autónomas y de las instituciones representadas en el órgano supone un apoyo decisivo de cara a la evaluación final por la UNESCO, prevista para 2027.

Un conjunto histórico con identidad propia y una estrategia a largo plazo

La candidatura se fundamenta en la solidez patrimonial y paisajística de esta zona, donde convergen legado urbano, arquitectura monumental y una estrecha vinculación con el entorno natural. En el caso de Sigüenza, su casco histórico mantiene una notable coherencia urbana, con la muralla del siglo XI, el castillo, la catedral de Santa María, varias iglesias románicas y una red de calles, plazas y edificios de piedra que continúan en uso cotidiano. Este aspecto es, precisamente, uno de los factores más relevantes en la candidatura: la continuidad de vida dentro del conjunto histórico, ligada a la conservación de su integridad y a su conexión visual y cultural con el paisaje circundante.

Asimismo, la propuesta incluye el valor del entorno y otros elementos relacionados con la historia del territorio, como el Parque Natural del Barranco del Río Dulce o las Salinas de Imón, integrados en una visión más amplia del paisaje cultural. Desde la región, Emiliano García-Page describió el aval como “el paso definitivo” para una candidatura que “ya alcanza velocidad de crucero,” al tiempo que destacó la oportunidad de continuar defendiendo el proyecto incluso frente a la oficina de la Unesco en París. Por su parte, desde el ámbito local se insiste en que este posible reconocimiento debe traducirse en crecimiento, pero siempre preservando la riqueza natural y patrimonial de la comarca. Ese equilibrio constituye, en la actualidad, una de las claves del camino que enfrentan Sigüenza y Atienza hacia la obtención del sello de Patrimonio Mundial.

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