Consumo de especies invasoras como el cangrejo rojo americano y la jaiba azul no detiene su proliferación

Los autores de un artículo liderado por la Estación Biológica de Doñana indican que esta explotación comercial podría fomentar la presencia o incluso el incremento de la especie

Un ejemplar de cangrejo rojo americano sobre un suelo de piedra, en tonos rojos y negros

La crisis de biodiversidad que afronta la sociedad actualmente presenta diversas causas. Una de las más relevantes es la introducción de especies invasoras, en la mayoría de los casos resultado de la actividad humana o sus consecuencias relacionadas.

Estas especies alteran los ecosistemas, desplazan a las autóctonas por competencia por espacio y alimentos o mediante depredación directa, generan un impacto económico considerable y pueden ocasionar riesgos para la salud. Por ello, controlar su difusión y erradicar su presencia son tareas esenciales para la protección de la biodiversidad nativa.

El desafío radica en que, a menudo, estas labores resultan sumamente complejas o imposibles debido a su rápida reproducción, amplia adaptabilidad a nuevos hábitats y elevada resistencia. El cangrejo rojo americano, el siluro o el mejillón cebra son algunos ejemplos que evidencian la gran dificultad que enfrenta España en este ámbito.

Ejemplar de mejillón cebra sobre un fondo negro. Tiene un patrón blanco y marrón

Frente a su expansión y la dificultad de eliminación, en los últimos años han surgido campañas orientadas a promover el consumo de especies invasoras como una forma de aprovechamiento sostenible del recurso y gestión ambiental. Sin embargo, los investigadores descartan que esto sea una solución efectiva.

El invasivorismo, una propuesta que mantiene el problema

Un grupo internacional de científicos liderado por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), con investigadores de Suiza, Países Bajos y República Checa, publicó en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences un artículo sobre este tema, planteando el siguiente dilema: “¿Pueden los intereses económicos derivados de la explotación de especies invasoras coexistir con los esfuerzos para proteger la biodiversidad que estas amenazan? Consideramos que la respuesta, en la mayoría de los casos, es no».

El invasivorismo implica el consumo de estas especies invasoras. Los autores indican que no solo no es una solución confiable, sino que también puede agravar la problemática si los intereses económicos cobran fuerza.

Ejemplar de pez león, una especie exótica que llegó al Mediterráneo por el Canal de Suez. (Christian Mehlführer/Wikimedia Commons)

“Se presenta frecuentemente como una estrategia win–win (beneficio mutuo), basada en la idea de que consumir una especie invasora genera ingresos mientras se reducen sus impactos”, comenta Fran Oficialdegui, investigador de la Estación Biológica de Doñana – CSIC y autor principal del estudio. “Sin embargo, la realidad es más compleja y, en muchos casos, cuando el problema se vuelve un negocio, existe resistencia para resolverlo”.

El investigador resalta que no hay ejemplos relevantes que demuestren que esta estrategia controle la expansión. “Convertir una especie invasora en un recurso valioso puede fomentar más incentivos para mantenerla o incluso incrementar su presencia y distribución, en lugar de disminuirla”.

El ejemplo del cangrejo de Kamchatka

Ya existen casos que evidencian cómo la creación de mercados alrededor de estas especies puede chocar directamente con los objetivos conservacionistas. Este es el caso del cangrejo de Kamchatka (Paralithodes camtschaticus), introducido en el mar de Barents por la Unión Soviética en los años 60.

Patas del cangrejo de Kamchatka en un mercado de Noruega. (Wolfmann/Wikimedia Commons)

Desde entonces, esta especie ha sido objeto de intensa explotación y comercialización —en España conocida como patas rusas— y, ante signos de sobreexplotación, en vez de aprovecharse la situación para reducir los impactos de la invasión, se implementaron restricciones a la pesca para asegurar la sostenibilidad del negocio.

“Escenarios similares podrían darse en la península ibérica cuando, tras asentarse el aprovechamiento comercial de la jaiba azul (Callinectes sapidus), se produzcan disminuciones en su población”, advierte Oficialdegui. La EBD-CSIC menciona otras especies en su comunicado, como el pez león, el cangrejo rojo de las marismas, el coipú o la carpa asiática.

Ni una solución milagrosa ni una estrategia de manejo

En ciertos contextos, sostienen los autores, la explotación comercial de especies invasoras podría considerarse una opción viable, especialmente cuando estas son abundantes y están ampliamente distribuidas, descartando alternativas reales para su control o erradicación. “Eso no implica que el invasivorismo sea una solución mágica”, subraya Oficialdegui. “De hecho, no representa ni siquiera un intento de solución, puesto que no puede ser considerado como una estrategia de gestión propiamente dicha”.

Ejemplar de cangrejo azul. (Linda Kjær-Thomsen/iNaturalist CC BY-NC 4.0)

Estas propuestas exigen un conocimiento ecológico integrado en un contexto socioeconómico, que posibilite establecer metas de reducción en distribución y abundancia evaluables con indicadores adecuados. Oficialdegui enfatiza que “nada de esto forma parte de las campañas destinadas a comercializar especies invasoras, las cuales pueden perjudicar más que beneficiar la conservación de la biodiversidad”.

De este modo, los científicos sostienen que “enfrentar las invasiones biológicas implica compromiso prolongado, ciencia rigurosa y políticas coordinadas”; lo cual contrasta con “soluciones fáciles”, que “resultan atractivas, pero rara vez solucionan problemas ambientales complejos” como la introducción de especies invasoras, un obstáculo clave para la protección de la biodiversidad.

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