El Polisario advierte que España comete un grave error al no considerar al pueblo saharaui en el conflicto del Sáhara

Mohamed Yeslem Beisat: «Nunca aceptaremos la autonomía como una solución impuesta y única»

Mohamed Yeslem Beisat, ministro de Asuntos Exteriores saharaui.

Mohamed Yeslem Beisat ocupa el cargo de ministro de Asuntos Exteriores de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Desde hace varios meses, tiene la responsabilidad de representar a su territorio en las negociaciones con Marruecos, donde Estados Unidos actúa como mediador en conjunto con Naciones Unidas. Esta semana, el homólogo de José Manuel Albares ha estado en los campamentos de refugiados junto al Gobierno de la RASD, con motivo del 50º aniversario de la creación de la república.

En ese marco, destinó un espacio para recibir a un pequeño grupo de medios españoles, entre ellos EL MUNDO. La entrevista tuvo lugar tras tres rondas de consultas realizadas por Marruecos y el Frente Polisario —dos en Washington y una en Madrid— que buscan avanzar hacia una solución para el Sáhara Occidental.

Tras la retirada española del territorio en 1975, el pueblo saharaui se desplazó hacia Argelia en medio de un conflicto armado con Marruecos y Mauritania. Aunque la guerra con Mauritania concluyó a fines de los años 70, el enfrentamiento con Marruecos continúa vigente. Actualmente, Marruecos controla aproximadamente el 80% del territorio. Naciones Unidas exige que España complete el proceso de descolonización, mientras Marruecos impulsa un plan de autonomía para el Sáhara bajo su administración en Rabat. Este esquema se discute en las negociaciones junto a la propuesta de independencia promovida por el Frente Polisario.

Beisat afirma que mantienen «disposición para dialogar con Marruecos de buena fe y sin condiciones previas, conforme a la resolución de Naciones Unidas». Sin embargo, señala que en las reuniones han detectado una postura diferente por parte marroquí: «No hay buena fe y sí se imponen condiciones previas». Argumenta esta afirmación señalando que «la conducta en los territorios ocupados, la detención de presos políticos saharauis y la presión militar no demuestran voluntad para lograr un acuerdo justo». En sus palabras: «Marruecos presenta un discurso conciliador durante las negociaciones, pero en el terreno responde con presiones y represión».

El Frente Polisario asegura tener voluntad para llegar a una solución, siempre que se respete la «legalidad internacional». Según su canciller, están «dispuestos a discutir cualquier opción que facilite un acuerdo mutuamente aceptable». Beisat aclara que no descartan la autonomía como posibilidad, siempre que se ofrezca junto a otras opciones: «Nos oponemos a cualquier propuesta unilateral, impuesta y que no permita al pueblo saharaui elegir libremente».

En este sentido, destaca: «La autonomía puede considerarse una opción más, pero jamás como una solución única, obligatoria o impuesta». A su juicio, imponerla equivaldría a «privar al pueblo saharaui de su derecho a decidir su destino». Asimismo, defiende que la independencia también debe incluirse entre las alternativas en cualquier consulta.

A pesar de esta apertura al diálogo, Beisat duda de que la propuesta marroquí garantice una gestión adecuada del territorio. Afirma que «Marruecos no es un régimen plenamente democrático que permita sostener una autonomía fiable». Por eso insiste en que «la autonomía solo prospera en un sistema auténticamente democrático».

Hace pocas semanas, Marruecos y la RASD celebraron su última ronda de negociaciones en Washington. Beisat valora positivamente el papel de Estados Unidos como mediador, ya que es «una de las pocas potencias con capacidad para influir en Marruecos». Ambas partes han acordado seguir con reuniones bilaterales, visitas a la región e intercambio de documentos. «Cuando se agote esta vía, se convocará una cuarta ronda», explica, aunque sin fecha definida.

El líder saharaui sostiene que «las soluciones impuestas, como las del pasado, no han dado resultados». Además, recuerda los «vínculos históricos y culturales» que unen a España con el Sáhara y advierte que «ningún gobierno puede pasar por alto esta realidad». A su parecer, «tarde o temprano, España entenderá que ignorar al pueblo saharaui constituye un error que perjudica sus propios intereses, así como los del Magreb y de la comunidad internacional».

Finalmente, Beisat califica las relaciones con la mayoría de fuerzas políticas españolas como «excelentes» y defiende que España debe alinearse con las resoluciones de su Parlamento. «España no es un actor cualquiera: sigue siendo la potencia administradora del territorio», concluye. Y añade: «Esperamos que actúe conforme a lo que corresponde desde el punto de vista legal, moral y político».

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