En Oviedo no hubo testigos que vieran a la amiga de Ábalos buscando libros sobre trenes: «Si la Justicia lo requiere, facilitaremos los datos»

Claudia Montes defendió ante el Tribunal Supremo que recibía remuneración por formarse en temas ferroviarios

La sección sobre trenes en la Biblioteca Ramón Pérez de Ayala en Oviedo, donde habría acudido la amiga de Ábalos y Koldo García.

En la Biblioteca Ramón Pérez de Ayala nadie recuerda a Claudia Montes. No les resulta familiar, salvo por la repetición constante de su rostro en portadas recientes y la avalancha de mensajes y gifs sarcásticos que los empleados reciben de familiares y amigos. En realidad, no asocian a ninguna usuaria con la supuesta voracidad lectora de quien supuestamente habría consumido de modo sistemático la bibliografía ferroviaria de la sala.

Cabe destacar que la Miss Asturias 2017, antigua amiga «virtual» de José Luis Ábalos y que ocupaba un puesto en la filial pública de Renfe, Logirail, aseguró este miércoles ante el Tribunal Supremo que «en ningún momento» fue colocada por enchufe y que su jornada laboral incluía desplazarse a la biblioteca de Oviedo. No especificó más detalles, pero sólo podía aludir a la Ramón Pérez de Ayala, dada su proximidad al lugar de trabajo y sus dimensiones. Si acudía en busca de libros «para estudiar sobre trenes» ese tenía que ser el sitio. De acuerdo con su relato, lo hacía con una rutina casi meticulosa: madrugaba a las cuatro o cinco de la mañana, desayunaba, subía una ‘story’ a sus redes sociales y se dirigía a «culturizarse» entre estanterías, manteniéndose en esa actividad desde diciembre de 2019 hasta febrero de 2022.

«Nosotros no la hemos visto nunca», resume uno de los trabajadores. «Muchos usuarios pasan por aquí a diario, claro, pero cuando alguien acude de forma constante terminas identificándolo: sabes dónde se sienta, a qué hora llega, qué hace». Esa memoria cotidiana se activa incluso tras periodos breves de estancia. Por ejemplo, cada verano, los propios empleados reconocen fácilmente a los opositores del MIR. Aplicando el mismo criterio, una presencia como la que describe Montes debería ser identificable con facilidad. Sin embargo, ninguno de los trabajadores consultados por EL MUNDO —incluidos varios que laboraban allí durante ese periodo y que hoy están asignados en otras bibliotecas— logra ubicarla.

«La primera vez que oímos su nombre fue después de que testificara en el juicio. Nos causó gracia aparecer en las noticias por nuestro flamante catálogo de trenes», comenta con ironía otro empleado mientras indica el cartel plastificado de la sección «629.4 Trenes». En la estantería, apenas cinco volúmenes antiguos condensan toda la información disponible: Cuando el hierro se hace camino: historia del ferrocarril en España; Trenes y tranvías en el este de España; Guía Histórica del Ferrocarril; un ejemplar de unas 200 páginas tan desgastado que su título es ilegible y El gran libro de los trenes, un volumen ilustrado en gran formato. A estos títulos se suman otros dos más técnicos que no están al alcance libre y requieren permiso para consultarlos. En total: 7 libros. El rango de publicación abarca de 1992 a 2012. «No es una sección que se actualice con frecuencia ni parece el tipo de lectura necesaria para esa posición», explican.

Claudia Montes, este miércoles a su llegada al Supremo.

Aunque admiten que quizá deberían reconsiderarlo, ya que el interés por los trenes ha aumentado súbitamente. «¿Hay mucha demanda?», pregunta una empleada. «Desde lo de Miss Asturias, más que nunca», responde sonriendo. Desde el miércoles, reconocen que los teléfonos no han cesado de vibrar con enlaces, capturas y mensajes de familiares. La biblioteca, acostumbrada a opositores, estudiantes y jubilados, se ha convertido inesperadamente en el escenario involuntario de una de las imágenes más comentadas del juicio, y el ferrocarril ha terminado siendo motivo de broma privada entre el personal.

Más allá de esos pocos volúmenes, incluso revisando el catálogo completo, la situación no mejora. Buscar «trenes» en el sistema arroja más de 400 resultados, una cifra que aparenta variedad hasta examinarla con más detalle. «Basta que la palabra aparezca mencionada para que el sistema la incluya», explica una bibliotecaria. «Por ejemplo, si afinas, aquí aparece hasta La Regenta». El propio catálogo muestra variantes como La niña que miraba trenes partir, Asesinato en el Canadian Express; Panzerzüge: trenes blindados alemanes 1914-1945… y también Teo en tren y Viaje en tren con Peppa Pig. Nadie se detiene mucho en esas bromas.

Eliminando ese ruido, el fondo especializado queda tal como es: un conjunto limitado, de carácter histórico o divulgativo, sin actualizaciones recientes y perfectamente coherente con el tiempo que Montes afirma haber dedicado a su formación. Su aprendizaje consistiría en 7 libros en 3 años, ninguno especialmente técnico o extenso, todos con menos de 450 páginas. «Si realmente venía, dudo que pasara el tiempo leyendo una y otra vez lo mismo. Bueno, excepto que se los aprendiera de memoria», concluyen los trabajadores.

Claudia Montes nunca especificó en el juicio el nombre exacto del centro y se limitó a mencionar «la biblioteca de Oviedo». Entre los empleados no existen muchas dudas sobre que se trata de esta, que encaja mejor con su relato porque «es la referencia» en la ciudad. Además, es la única de titularidad estatal y la más cercana al entorno donde tenía asignado su puesto en Logirail, a apenas 600 metros de la estación. Las demás bibliotecas de la zona figuran con menor claridad. La biblioteca infantil de La Granja, situada en un parque, difícilmente encaja con una formación técnica, y la Universidad de Oviedo ofrece un catálogo ferroviario todavía más limitado.

El único que accede a hablar públicamente es el director del centro, Juan Miguel Menéndez Llana, quien se niega a valorar la veracidad del testimonio de Montes. «Supongo que habría registro si realmente hubiera acudido como dice, pero prevalece la ley de protección de datos y la defensa de su privacidad». La biblioteca no ha llevado a cabo verificaciones internas ni ha intentado reconstruir la supuesta rutina. «No ha existido voluntad de investigar si este relato se sostiene o no». Y añade que, «si las autoridades judiciales lo requirieran, se proporcionaría la información». Por ahora, se limita a resaltar que están «encantados» con el uso que se da a las bibliotecas.

En el exterior, la plaza del Fontán abre cada día con su mercado de frutas, ropa y verduras, tan alejado del Supremo. En el interior, la biblioteca mantiene su ritmo habitual con mesas ocupadas, páginas que pasan, y rutinas que se repiten. Sin embargo, de la persona descrita por Miss Asturias no hay rastro.

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