La especie tiende a sufrir agotamiento y desorientación cuando enfrenta fuertes temporales, como ocurrió con los miles que murieron este año debido al tren de borrascas

El pasado miércoles, el Centro de Investigación y Educación Ambiental de Calafell (CREAC) recibió una visita poco habitual en la zona: un frailecillo atlántico (Fratercula arctica) que había sido rescatado por los agentes rurales en Roda de Berà (Tarragona).
Julhy López, bióloga y directora del centro, comentó al medio autonómico 3Cat que esta es la primera ocasión en que un ejemplar de esta especie llega al CREAC, lo cual despertó gran interés y curiosidad entre el equipo.
Los frailecillos atlánticos son aves marinas que anidan en el norte de Europa, en países como Islandia, Noruega, Irlanda y Reino Unido. Durante el invierno, es común que desciendan a latitudes más bajas, pudiéndose observar en regiones como Galicia, Asturias, Cantabria o el País Vasco. En Cataluña su presencia es más puntual y resulta poco común avistarlos en la costa. Por ello, López indica que el frailecillo posiblemente se agotó y desorientó, probablemente a causa de un temporal. Aunque no presentaba heridas visibles, llegó con un peso relativamente bajo, añadió la bióloga.

Esto no es raro. Durante este invierno, según la información proporcionada por la organización ornitológica SEO/BirdLife, más de 6.000 aves marinas quedaron varadas por el tren de borrascas, falleciendo el 95% de ellas —los ejemplares heridos recibieron tratamiento en centros de recuperación de fauna y fueron liberados semanas después al recuperarse—. El frailecillo atlántico fue la especie que más sufrió estas tormentas: en febrero se localizaron 3.500 ejemplares en Galicia, 1.500 en el País Vasco, 600 en Asturias y 400 en Cantabria.
Aunque estas muertes suelen ocurrir en esta temporada, las cifras de 2026 son particularmente elevadas. De hecho, SEO/BirdLife lo considera “el mayor episodio de mortalidad masiva de aves marinas registrado en España en la última década”. También se reportaron muertes en la costa atlántica francesa y en el norte de Portugal.
“Dado que la mayoría de su ciclo invernal transcurre en mar abierto, estas aves se debilitan cuando enfrentan temporales, luchando contra tormentas y dificultades para pescar, lo que provoca que muchas terminen muriendo por agotamiento e inanición”.
Adrián Wipf, biólogo del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Cantabria, describe cómo se atienden los frailecillos heridos que llegan a las costas españolas. (Jon Garai/EFE)
Los demás pacientes del CREAC
El frailecillo atlántico no es el único ejemplar que ha ingresado últimamente en el CREAC. Mediante sus redes sociales, el centro compartió la llegada de una tortuga de espolones africana (Centrochelys sulcata) desde Vilarrodona (Tarragona); el primer vencejo común del año (Apus apus), procedente de Calafell (Tarragona), y un verderón europeo o común (Chloris chloris) de Vendrell (Tarragona).
“Con este volumen de admisiones, el centro inicia oficialmente la temporada primavera-verano, que es el periodo de mayor actividad y carga de trabajo debido al aumento de la crianza y a la entrada de animales en dificultad”, comentan desde el centro de Calafell.
Además, tras la recepción del ave marina, el equipo del CREAC destaca “la relevancia de proteger la fauna silvestre, especialmente en casos de especies fuera de su hábitat natural”: “La presencia de animales exóticos o desplazados puede deberse a factores como el cambio climático, condiciones meteorológicas adversas o la acción humana, y requiere un manejo especializado para asegurar su bienestar y, si es posible, facilitar su recuperación y retorno a su entorno natural”.

