El capitalismo solo puede vivir cambiando las condiciones mismas de su existencia, al costo que sea. Es lo que vuelve a confirmarse con la actual crisis económica a escala mundial. En el primer capítulo del Manifiesto Comunista, Marx y Engels intentaron resumir esa “creación destructiva” del capitalismo, incapaz de encontrar nunca otro equilibrio que el del ajuste, que sintetizan las recesiones, con una frase profética: “Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, y el hombre finalmente se ve obligado a afrontar sin ilusiones las condiciones reales de su existencia y sus relaciones con sus semejantes”.
