El acuerdo de alto el fuego con Irán representa un triunfo momentáneo para Trump con posibles consecuencias significativas

Las amenazas de Trump han causado malestar dentro de su propio partido.

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    • Autor, Anthony Zurcher
    • Título del autor, Corresponsal para Norteamérica, BBC News
  • 8 abril 2026, 01:41 GMTActualizado 8 minutos
  • Tiempo de lectura: 5 min

Finalmente, la razón predominó, al menos momentáneamente.

A las 18:32, hora local de Washington, el presidente Donald Trump anunció en sus redes sociales que Estados Unidos e Irán estaban «muy avanzados» en un acuerdo de paz «definitivo» y que se había pactado un alto el fuego por dos semanas para facilitar que las negociaciones continuaran.

Aunque no fue en el último minuto, la situación estuvo cerca del límite, dado que la fecha límite establecida por Trump, a las 20:00 (00:00 GMT del miércoles), para conseguir un acuerdo expiraba; de lo contrario, Estados Unidos planeaba lanzar ataques masivos contra la infraestructura energética y de transporte iraní.

Ahora queda por verse que Irán también detenga las hostilidades y permita el paso abierto del estrecho de Ormuz al tráfico comercial marítimo, lo cual ha manifestado que hará.

No obstante, este tipo de avance parecía remoto incluso la mañana del martes, cuando Trump amenazó con destruir la civilización iraní, “para que nunca más regrese”.

No está claro si la intimidación por parte de un presidente estadounidense llevó a Irán a aceptar un alto el fuego que previamente había rechazado. Lo que sí resulta patente es que la impactante y beligerante declaración de Trump — apenas dos días después de un mensaje similar repleto de groserías en Truth Social — carece de precedentes en la historia reciente de Estados Unidos.

Incluso si el alto el fuego de dos semanas desemboca en una paz duradera, el conflicto con Irán —junto con las expresiones recientes de Trump— podría haber transformado profundamente la manera en que el mundo percibe a Estados Unidos.

Mujeres manifestándose en Teherán este martes.

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«Esto no nos representa»

Una nación que fue considerada un pilar de estabilidad global hoy sacude los fundamentos del orden mundial establecido. Un presidente que aparentemente ha disfrutado romper normas y tradiciones en la política interna ahora actúa de igual manera en el ámbito internacional.

El martes, los demócratas reaccionaron con prontitud para condenar las declaraciones de Trump, algunos llegando incluso a exigir su destitución.

“Es claro que el presidente ha seguido deteriorándose y no cuenta con la capacidad para liderar”, escribió el congresista Joaquín Castro en X.

Chuck Schumer, líder demócrata en el Senado, declaró que cualquier republicano que no apoye poner fin a la guerra contra Irán «será responsable de todas las consecuencias que esto conlleve”.

Aunque varios miembros del partido de Trump respaldaron al presidente, su apoyo se distanció considerablemente del respaldo casi unánime que acostumbra recibir.

Austin Scott, congresista republicano por Georgia y miembro relevante del Comité de Servicios Armados de la Cámara, criticó enfáticamente las amenazas de Trump sobre la destrucción de una civilización.

“Los comentarios del presidente son contraproducentes”, afirmó en entrevista con la BBC, “y no coincido con ellos”.

El senador de Wisconsin, Ron Johnson, habitualmente aliado de Trump, dijo que sería “un error enorme” que el presidente ejecutara su campaña de bombardeos. Por su parte, el congresista texano Nathaniel Moran expresó en redes que no respalda “la destrucción total de una civilización”.

“Esto no nos representa”, escribió, “y va en contra de los valores que han guiado a Estados Unidos durante décadas”.

La senadora de Alaska, Lisa Murkowski, frecuentemente crítica del presidente, fue igual de clara al señalar que la amenaza del mandatario “no se puede justificar como un intento de obtener una ventaja en las negociaciones con Irán”.

Sin embargo, es probable que la Casa Blanca argumente que esta estrategia dio resultado.

En su anuncio del alto el fuego en Truth Social, Trump declaró que Estados Unidos había “cumplido y superado” todos sus objetivos militares.

No es una solución permanente

Irán

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El ejército iraní ha quedado considerablemente debilitado. Aunque el régimen islámico fundamentalista sigue en el poder, numerosos líderes clave han muerto en ataques aéreos.

No obstante, sigue siendo incierto el destino del uranio enriquecido, que sustenta el programa nuclear iraní, que es uno de los objetivos declarados por Estados Unidos. Además, Irán continúa ejerciendo influencia sobre grupos regionales aliados, como los rebeldes hutíes en Yemen.

Incluso si Irán abre el estrecho de Ormuz sin condicionar el paso de embarcaciones mediante peajes u otras formas de compensación, su capacidad para controlar este punto estratégico clave permanece más evidente que antes.

Tras el anuncio del alto el fuego, el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Seyed Aragchi, indicó que Irán suspendería sus “operaciones defensivas” y garantizaría el paso seguro por el estrecho de Ormuz “coordinadamente con las fuerzas armadas iraníes”. También afirmó que Estados Unidos aceptó el “marco general” del plan iraní de 10 puntos.

Este plan plantea la salida de las fuerzas militares estadounidenses de la región, el levantamiento de sanciones económicas contra Irán, el pago de reparaciones por daños de guerra y mantener el control de Ormuz en manos de Teherán. Resulta difícil imaginar que Trump acepte estas condiciones, lo que señala que las negociaciones de las próximas dos semanas podrían ser complicadas.

Sin embargo, por ahora, esta situación representa un triunfo político para Trump. Logró imponer una amenaza contundente y obtener el resultado esperado. Pero el alto el fuego es solamente una pausa, no una solución definitiva.

El impacto a largo plazo de las declaraciones y medidas del presidente, así como de la guerra en sí, aún no se ha terminado de evaluar.

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