El actor rememora vivencias personales, reflexiona sobre la presión laboral y resalta la relevancia de conectar con la audiencia a través del humor

Luis Zahera ha vuelto a la programación de El Hormiguero como invitado tras la Semana Santa, momento en el que presentó Chungo, su reciente monólogo. Durante el programa, el actor compartió relatos de su juventud y reflexionó sobre su carácter y trayectoria profesional, además de hablar sobre su experiencia laboral en Nueva York y las razones que casi le llevan a abandonar los monólogos.
A punto de cumplir sesenta años, Luis Zahera explicó que recientemente le diagnosticaron alergia, una situación que compara con “cuando fumabas un porro y quedabas desorientado: me lloran los ojos, ronco, un verdadero desastre”.
El intérprete admite estar atravesando una etapa de gran actividad laboral, encadenando proyectos sin pausa y llegando a afirmar: “Tengo que aprender a decir que no y empezar a rechazar cosas”. A pesar del cansancio que genera este ritmo, considera que vive un “momento dulce”, aunque reconoce que la ansiedad lo invade tanto al trabajar sin descanso como al pensar en dejar de hacerlo.
Infancia, temores y aprendizajes en Nueva York
En su charla con Pablo Motos, Luis Zahera abordó episodios de su niñez y la influencia de la inseguridad laboral en su generación. Recuerda que de pequeño, en el colegio, le decían que si dejaba de trabajar terminaría bajo un puente, incluso con ejemplos concretos: “vas a acabar debajo de un puente, como Anselmo”.
Le pronosticaban profesiones como barrendero, una opción que a él no le desagradaba, o conductor de autobús. En ocasiones, su madre contaba que cuando era niño quería ser “sobrero”, como pronunciaba, para subir a los andamios.

Zahera compartió una curiosa anécdota familiar: siendo un bebé, su madre lo dejó olvidado unos minutos mientras escapaba con sus hermanas tras incendiarse una sartén en la cocina. “A ti te olvidé, hijo”, le repetía cada Navidad, según contó el actor. Esta historia ha aparecido varias veces en sus presentaciones teatrales, mostrando cómo convierte momentos personales en material humorístico.
Respecto a su experiencia en el extranjero, relató que trabajó en Nueva York en un restaurante de lujo cuidando abrigos. Sin dominar el idioma, sentía curiosidad por el contenido de los bolsos que guardaba, hasta que halló en uno una cabeza de conejo, suceso tras el cual decidió dejar ese empleo.
Su etapa en Nueva York supuso un punto de inflexión, pues venció la timidez que le impedía hacer llamadas o enfrentar castings, volviendo a España con la determinación de tomar la iniciativa para conseguir papeles.

La juventud de sus sobrinos le sirvió para observar un contraste generacional, señalando que ellos gestionan el tiempo de otra manera. Mientras que Zahera fue formado en la cultura del esfuerzo y dedicación laboral, percibe que para la generación actual “el tiempo es más valioso” que el trabajo mismo, y admite que hay que aprender de esta perspectiva.
Al regresar a España, asistió a su primer casting en el Centro Dramático Gallego, contactando directamente con el director Roberto Vidal para pedir una audición. En ese encuentro le pidieron interpretar a un borracho, función que resolvió improvisando en el bar, lo que finalmente le otorgó un papel secundario.
Monólogos, dudas y el impacto del escenario
Sobre su trayectoria en el humor, Zahera explicó que su relación con los monólogos fue complicada. Comenzó en 2008 improvisando sobre vivencias personales sin guion, y poco a poco fue consolidando su material hasta contar con un show de tres horas, luego reducido a una hora y cuarenta minutos. “Es una diversión, Luis Zahera ridiculizando a Luis Zahera”, resumió el actor.
Reconoció haber padecido el síndrome del impostor con respecto a sus monólogos y pensó en abandonarlos. No obstante, tras ver el estreno de Lola Herrera junto a su hija Natalia, esta lo animó a continuar actuando. Según relató Zahera, la actriz le dijo: “Olvídalo, debes seguir con esto. Ahora toca divertir a todos. Mira cómo está el país”.
El Hormiguero, uno de los programas más vistos de la televisión en España
El actor manifestó que no dispone de un guion fijo y que su espectáculo se basa en anécdotas personales seleccionadas, subrayando que el contacto directo con la audiencia es esencial. Zahera considera que, pese a la posible tensión en otros ámbitos, el teatro es un refugio emocional donde la gente busca levantar el ánimo: “Se genera contagio, una ola maravillosa. Veo muy poca energía negativa”.
Finalmente, señaló que la relación con el público ha cambiado y que ahora muchas personas se acercan para agradecerle por el impacto positivo que tiene en ellas, más allá de solicitar fotos o autógrafos.

