Esta fobia impide que quienes la sufren disfruten de un buen descanso nocturno

Mantener un sueño reparador es uno de los factores esenciales para conservar la salud, aunque resulta cada vez más complicado para la población española cumplirlo. Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), entre un 20 y un 40% de los adultos atraviesan en algún momento dificultades para conciliar el sueño o permanecer dormidos. En el caso de uno de cada diez adultos, estas dificultades corresponden a un trastorno del sueño crónico y severo; sin embargo, los expertos de la SEN advierten que esta cifra podría ser mayor, pues muchos pacientes aún no han recibido diagnóstico.
Dentro de este grupo se encuentran quienes padecen somnifobia, un trastorno poco común en el que las personas experimentan un miedo irracional e incontrolable a acostarse y quedarse dormidas. También llamado hipnofobia o clinofobia, este problema ocasiona, con el paso del tiempo, un deterioro significativo de la salud tanto mental como física, provocado por la carencia de descanso adecuado.
De acuerdo con la doctora Daniela Silva, “los individuos con somnifobia interpretan el sueño como un episodio de estrés en lugar de un momento de descanso”. Mientras algunos desean meterse entre las sábanas con ganas, los afectados por somnifobia viven este acto como una fuente de ansiedad y pánico. “Esta percepción induce al cerebro a activar sistemas de alerta en un momento en que el cuerpo debería empezar a recuperarse, alterando los procesos biológicos del sueño y dificultando la regulación emocional y la recuperación física”, explica.
Las causas exactas de esta enfermedad no están definidas. Algunos expertos señalan que experiencias traumáticas podrían originar este temor, aunque también puede manifestarse como parte de trastornos de ansiedad o depresión no tratados. Los afectados sienten temor ante la idea de tener pesadillas, no despertar jamás o que durante el descanso suceda algún evento negativo.
Síntomas de la somnifobia

La somnifobia genera diversas manifestaciones físicas, cognitivas y conductuales que afectan los mecanismos biológicos relacionados con el sueño. Aunque los síntomas pueden variar en cada persona, las manifestaciones más comunes incluyen:
- Respiración acelerada o sensación de falta de aire al acostarse. La idea de ir a la cama activa el sistema nervioso simpático, provocando una respuesta de alerta en el organismo. Como resultado, la respiración se vuelve más rápida y poco profunda, dificultando la relajación del diafragma y del tórax, lo que produce sensación de asfixia o presión en el pecho.
- Sudoración y temblores. El estrés generado al momento de acostarse aumenta la liberación de adrenalina y cortisol, lo que se traduce en sudoración profusa, temblores y palpitaciones. El cuerpo percibe el sueño como una amenaza, impidiendo que los músculos se relajen para preparar el organismo para el descanso.
- Ansiedad anticipatoria. Provoca nauseas, malestar estomacal o pesadez abdominal antes de dormir, resultado en un retraso para acostarse.
- Pensamientos catastróficos. Quienes sufren somnifobia tienden a imaginar escenarios extremos, como la imposibilidad de despertar o que ocurra algún incidente durante el sueño. Estas preocupaciones intensifican la vigilancia constante del organismo.
Tratamiento
Para la doctora Silva, “es fundamental comprender esta dinámica para detectar y tratar a tiempo este miedo, antes de que se establezca un patrón de sueño fragmentado que afecte de manera prolongada la calidad del descanso”. El tratamiento consiste en una terapia psicológica diseñada para que el paciente logre aceptar, afrontar y superar esta fobia.

