El mediocampista uruguayo del Real Madrid es reconocido actualmente por su resistencia física, aunque de niño fue un chico reservado y con ciertas inseguridades.
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Fede Valverde aprovecha el mejor momento de su carrera tanto en el Real Madrid como en la selección uruguaya para abrirse emocionalmente en el podcast Terapia Picante, donde relata desde el origen de su apodo hasta uno de sus principales complejos: su voz.
El centrocampista rememora que su apodo surgió cuando era un niño muy activo que no paraba de moverse en el campo. «Estaba en todos lados. Uno de mis entrenadores me llamaba pajarito. A mi padre no le agradaba, pero parecía ser el único que no lo notaba. Ahora soy el halcón, por ser más agresivo. Pero sigo conservando el pajarito», admite.
El salto al Real Madrid, detalla, fue más que deportivo; también significó un cambio social y económico considerable. El uruguayo confiesa que en sus primeras jornadas en Valdebebas sintió no encajar, al comparar los autos y la indumentaria de sus compañeros del Castilla con su propia realidad como un chico originario de Peñarol.
Esa diferencia le provocó pudor hasta para cambiarse en el vestuario, un «choque con la realidad» que acabó transformando en motivación para consolidarse en la élite.
Sobre el terreno de juego, sin embargo, su jerarquía se estableció rápido, incluso a costa de algunos incidentes. Valverde cuenta cómo la potencia de sus disparos ha causado problemas a varios porteros y reconoce que «lesioné a Luca Zidane en el hombro. Me sentí fatal, pensé que me iban a expulsar, lesioné al hijo de Zidane«.
El momento más personal de la entrevista llega al abordar el vídeo viral de su etapa en Peñarol, en el que su voz aguda recorrió el mundo y fue comparada con Mickey Mouse. «Sí, fue algo increíble. Jamás lo olvidaré, como los tres goles», recuerda.
Tras las bromas había un problema médico: «Ya tenía dificultades con la voz. Al hablar tenía un inconveniente en la garganta y siempre me recomendaron operarme». A pesar de la indicación médica, la intervención no se realizó entonces por la situación económica de su familia.
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«Éramos una familia modesta y no podíamos costear una operación de inmediato. Pensábamos que era algo pasajero de la adolescencia y que mejoraría, pero nunca cambió. No sé cuándo sí, pero en ese momento, no. Ahora, gracias a Dios, está solucionado, pero en su momento sufrí«, comenta.
Las secuelas no solo fueron físicas. Valverde reconoce que la difusión de ese vídeo le afectó: «Después de aquello sufrí porque la gente no entiende lo que hay detrás, al final es un problema. Hoy lo veo con humor, pero entonces era solo un niño».
Esa inseguridad le llevó a evitar situaciones sociales en su vida diaria: «Durante muchos años me daba vergüenza hablar en grupos con personas desconocidas porque sabía que tenía esa limitación. Me daba mucha vergüenza por ese defecto».
Esa dualidad también se refleja cuando rememora su dura entrada a Álvaro Morata en la Supercopa, una acción que para muchos simboliza su entrega total.
«No es un gesto para imitar por niños. Pero en aquel instante sentí que debía arriesgarme por el equipo. Sabía que me expulsarían. Perdí el control, pero hice lo necesario. Solo pensaba en que el Real Madrid tenía que ganar. Somos sudamericanos, de sangre caliente. A veces uno siente ganas de explotar», reconoce.
Entre el «pajarito» vulnerable y el halcón que presiona hasta el final por el escudo, se perfila el perfil de un futbolista que ha aprendido a convivir con sus heridas para transformarlas en fuerza.

