El jugador del Real Madrid y la selección española de baloncesto prefiere pasar sus veranos en Es Castells, ubicado en Menorca.
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Sergio Llul se mantiene en la élite del baloncesto desde hace muchos años. Representa un referente tanto en el Real Madrid como en la Selección, siendo parte de la mejor generación que ha tenido España.
El mallorquín posee un amplio palmarés con tres Euroligas, nueve títulos de la liga ACB y siete Copas del Rey. Asimismo, con España ha conquistado un oro mundial, tres oros en Eurobasket y una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres, afianzándose como uno de los jugadores más relevantes de su generación y un líder dentro y fuera de la cancha.
Para lograr todo esto, ha requerido desconectarse y alejarse de los focos mediáticos, algo que consigue en Es Castells, un pueblo de Menorca fundado en 1771 por británicos. El jugador ha convertido este lugar en su refugio para recuperar energías y mantener un alto nivel competitivo a sus 38 años.
También conocido como Villareal de San Carlos, se distingue por ser el primer pueblo español en presenciar el amanecer debido a su ubicación geográfica. Esto genera unos amaneceres imponentes que atraen la atención de quienes lo visitan.
Es Castells conserva su diseño octogonal con influencia inglesa y edificaciones de estilo georgiano, otorgándole una personalidad distintiva en las Islas Baleares. Cuenta con un puerto pesquero histórico donde es posible percibir el legado del lugar y donde la tradición marítima sigue muy viva.
Sergio Llull durante un partido. Europa Press
Además, se encuentra el Castillo de San Felipe, construido en 1535 para defenderse de los piratas y ubicado en un sitio estratégico militarmente, que actualmente constituye una atracción turística relevante.
La Cueva de Es Castell es otra de las joyas históricas locales. En ella, durante cierto tiempo, se refugió el pirata Barbarroja, y hoy la zona destaca por sus restaurantes y tiendas que dinamizan el ambiente.
En verano, Es Castell se transforma con las celebraciones de Sant Jaume, patrón del municipio, que llenan de caballos, música y ambiente festivo la plaza y el paseo marítimo.
Para un deportista habituado a la adrenalina de noches intensas, convivir con los caixers y mezclarse con los vecinos durante estas festividades tradicionales supone una energía diferente, más auténtica y cercana.
No es casualidad que Llull denomine a Es Castell como “su pueblo” y que el Ayuntamiento le haya dedicado la zona deportiva municipal, un acto que refleja la profundidad del vínculo existente.
Fuera de la temporada alta, el pueblo vuelve a un ritmo tranquilo, casi como un invierno constante, que se ajusta a los momentos del año en que el base necesita silencio y estabilidad. Las terrazas de Cales Fonts se llenan de charlas suaves mientras los llauts menorquines se mecen en el puerto, y Llull puede pasear sin ser reconocido en un lugar que lo vio crecer como joven promesa y lo recibe año tras año como una estrella consolidada.
En Es Castell, Llull halla el equilibrio ideal. Alejado de canchas y cámaras, este pueblo costero le ofrece amaneceres singulares y paisajes ancestrales, convirtiéndose en un refugio perfecto para mantener la calma, desconectarse y seguir compitiendo al máximo nivel.

