Todos esos materiales cuya fabricación depende en gran medida del consumo energético han experimentado un aumento significativo en sus costes

El aumento en el costo de la vivienda se ha consolidado como una de las preocupaciones económicas principales en España, y no se debe únicamente a la demanda o la escasez de oferta. Detrás de los precios finales existe una realidad menos visible: la subida constante en los costes de construcción. Este fenómeno se ha intensificado especialmente con las recientes alzas causadas por la guerra en Oriente Medio.
Así lo detalla el arquitecto Juan Goñi, quien aporta cifras concretas sobre una tendencia que impacta directamente tanto a promotores como a particulares interesados en edificar su vivienda. Según destaca, el núcleo del problema reside en la evolución de los materiales y cómo esta afecta a los presupuestos.
Un claro ejemplo es el acero, un componente básico en casi cualquier construcción. Desde 2019, su precio se ha incrementado alrededor de un 84%, pasando de cerca de 360 euros por tonelada a aproximadamente 680 euros. Esta subida incide directamente en el costo total de una vivienda.
Por citar un caso, en una casa unifamiliar de unos 120 metros cuadrados, donde se pueden emplear cerca de diez toneladas de acero, el gasto extra podría superar fácilmente los 3.000 euros. Esta cifra demuestra cómo un solo elemento puede alterar considerablemente el presupuesto inicial, convirtiéndose en un factor decisivo dentro del coste construcción.
No obstante, el acero no es el único material que ha sufrido este incremento. Otros elementos fundamentales también han visto alzas relevantes en los últimos años. Los materiales cerámicos, por ejemplo, han incrementado su precio aproximadamente un 60%, mientras que el cobre ha subido alrededor de un 40%.
Un representante del Sindicato de Inquilinas de Madrid denuncia la crisis habitacional, calificándola como un 'problema estructural'. Advierte a los fondos buitre sobre la organización del colectivo para resistir, y detalla sus demandas: reducción del 50% en los alquileres, contratos indefinidos y la recuperación de viviendas desocupadas.
El incremento en la obra repercute en el precio final
En términos generales, esto representa una tendencia extendida: todos los materiales cuya fabricación depende en gran proporción del consumo energético han registrado aumentos notables en sus costes. Esta situación está directamente vinculada con el encarecimiento de la energía, sumando una variable extra al cálculo de cualquier proyecto, particularmente en lo relacionado con el precio de los materiales.
Este escenario obliga a reconsiderar la forma en que se diseñan los presupuestos de construcción. Tradicionalmente, muchos proyectos se basaban en estimaciones más o menos estables, pero esa previsibilidad ha desaparecido. Actualmente, un presupuesto puede quedar desactualizado en pocos meses si no cuenta con un contrato cerrado. Esto implica que promotores y particulares deben actuar con mayor celeridad para evitar desviaciones económicas significativas.
En este contexto, el arquitecto ofrece una recomendación concreta: asegurar los precios lo antes posible. Firmar un contrato que fije el costo tanto de los materiales como de la ejecución se ha tornado una herramienta fundamental para resguardarse ante futuras subidas. De lo contrario, el presupuesto se mantiene como un “borrador permanente”, sujeto a modificaciones constantes según la evolución del mercado.
Además, este fenómeno acarrea efectos más amplios en el mercado inmobiliario. El aumento en los costes de construcción se refleja, en muchos casos, en el precio final de la vivienda. Esto contribuye a encarecer tanto la compra como el alquiler, debido a que los promotores deben preservar márgenes para que los proyectos resulten rentables. Como consecuencia, el acceso a la vivienda se torna más difícil, especialmente para aquellos con menor capacidad económica.

