La salud mental ya representa la segunda causa de baja laboral en España

Los trastornos mentales ya constituyen la segunda causa de baja por incapacidad temporal, según los datos aportados por el Ministerio de Trabajo. Esta realidad queda reflejada en el informe “Salud mental y trabajo 2025” elaborado por la UGT, que indica que en 2024 se contabilizaron 671.618 bajas laborales atribuibles a problemas de salud mental. Sectores como el comercio, la hostelería, la sanidad, los servicios sociales, la administración pública y la educación concentran las tasas más elevadas.
A nivel europeo, la encuesta OSH Pulse de 2025 confirma esta situación: el 37% de las personas trabajadoras reportan fatiga general, seguida por dolores de cabeza y fatiga visual en un 35%, estrés, depresión o ansiedad en un 29%, y trastornos musculoesqueléticos en un 28%. Estos datos no solo evidencian la dimensión del problema, sino que también resaltan la necesidad de comprender mejor cómo operan las bajas por salud mental y qué consecuencias implican realmente.
En este marco, el orientador laboral Francisco Fernández Yuste ofrece una perspectiva basada en su experiencia personal y su formación en psicología. Su primer planteamiento desmonta uno de los mitos más comunes: “Las bajas no se otorgar simplemente pulsando un botón”.
No se trata de un trámite automático, sino de una valoración médica que depende del juicio profesional. De hecho, explica que “muchos médicos de cabecera tienen reservas para conceder bajas por salud mental”, desmintiendo la idea de que es sencillo conseguirlas.

Una vez concedida la baja, el propósito principal es la recuperación. Yuste utiliza una analogía sencilla para explicarlo, comparándolo con una enfermedad física. “Cuando tienes cualquier tipo de baja, el objetivo es recuperarte”, señala. Sin embargo, advierte contra un error frecuente: asumir que esto significa mantenerse completamente inactivo. “Estar de baja no implica estar todo el tiempo en un estado crítico”, aclara, ya que existen altibajos con momentos mejores y otros más complicados.
La recuperación no siempre es visible
En el ámbito de la salud mental, además, el proceso de recuperación implica realizar actividades que contribuyan a superar el malestar. “No es recomendable permanecer todo el tiempo en la cama”, comenta, y señala que acciones como caminar, practicar deporte o incluso viajar pueden resultar beneficiosas. De hecho, sostiene que “el hecho de viajar o realizar diferentes actividades ayuda a distraerse y a recargar energía”. Por supuesto, siempre bajo supervisión médica.
Un aspecto fundamental es que estas actividades no significan que la persona se encuentre plenamente bien. “No quiere decir que la estés pasando perfectamente”, explica, ya que en muchas ocasiones implican esfuerzo. Incluso tareas cotidianas como “ir a la peluquería” o retomar rutinas forman parte de la recuperación, considerada como un entrenamiento para volver a la normalidad.

Yuste también alerta sobre la exposición en redes sociales. Aunque reconoce que estas actividades son positivas, recomienda prudencia: “Yo evitaría publicar nada en redes sociales”, ya que aun hay mucha incomprensión y pueden surgir malentendidos.
Asimismo, aborda un tema de fondo: la desconfianza hacia las bajas por salud mental. Aunque acepta que pueden existir casos puntuales, critica que el discurso predominante se base en pensar “me están estafando”. Frente a esto, propone una reflexión clara: “Hay muchas más personas enfermas trabajando que quienes fingen estas bajas”.
Por ello, sostiene que el enfoque debería modificarse. En lugar de sospechar de las personas, las empresas deberían preguntarse “qué podemos estar haciendo mal” y cómo optimizar el bienestar laboral. Porque, concluye, si no se reconoce la salud mental, “no se implementarán políticas de prevención ni de cuidado”, manteniendo vigente un problema que ya es estructural.

