El Ejecutivo mantiene congelados los presupuestos para minimizar presiones hacia una convocatoria anticipada: «Son un recurso, pero hay que valorar su uso y destino»

Sánchez pospone ‘sine die’ la presentación de las cuentas públicas, incumpliendo la promesa de hacerlo en marzo, y prioriza el plan de ayuda por la guerra en Oriente Próximo.

Pedro Sánchez llega, a la sede del Consejo Europeo en Bruselas para participar en la reunión de los líderes de la Unión Europea.

La noche entre el 28 y el 29 de marzo cambiará la hora. Horario de verano. Los relojes se adelantarán una hora. Este es uno de los temas que el Gobierno impulsó para fomentar el debate social y desviar la atención de la fragilidad política que enfrentan. En La Moncloa también manipulan el factor tiempo: aceleran, frenan, modifican calendarios… Como sucede con los Presupuestos. Tras meses de promesas incumplidas, con marzo como fecha límite, se aplaza sine die la presentación de las nuevas Cuentas Públicas. Un nuevo giro temporal.

El Ejecutivo justifica esta decisión por la guerra en Oriente Próximo y sus repercusiones económicas. Prefieren priorizar las ayudas para mitigar el aumento de precios con un plan que hoy aprueba el Consejo de Ministros. «Nadie anticipó esta guerra en Irán», defendió Pedro Sánchez ayer en Bruselas, donde acudió para participar en el Consejo Europeo. «Sin descuidar lo importante, el Gobierno debe atender lo urgente. Y ahora lo urgente es esto».

El presidente del Gobierno evitó fijar una nueva fecha para su aprobación, alimentando la impresión en círculos socialistas y parlamentarios de que podría concluir una legislatura sin haber aprobado unas Cuentas. Las vigentes son de 2023 y fueron aprobadas por las Cortes Generales anteriores. Una circunstancia que la actual vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ni siquiera quiere contemplar. «Confío plenamente en que para 2027 dispondremos de nuevos Presupuestos», afirmó en Los Desayunos de RTVE y Efe.

Sin embargo, Montero dejará el Gobierno en abril, cuando Juanma Moreno Bonilla convoque elecciones en Andalucía, donde es la candidata socialista. Por lo tanto, no solo no defenderá los Presupuestos en el Congreso, sino que probablemente tampoco los llevará al Consejo de Ministros, en caso de que se presenten. Esa tarea recaerá en el nuevo titular de Hacienda.

«Ahora la prioridad es la guerra. Estamos concentrados exclusivamente en eso», explican fuentes gubernamentales para justificar el aplazamiento de los Presupuestos. «Vamos a destinar todos los recursos estatales para afrontar las consecuencias económicas y sociales de esta crisis, y luego podremos retomar el debate sobre los Presupuestos, pero ahora el Gobierno está centrado en esto», fue el mensaje que transmitió Sánchez. Hasta la fecha, el Gobierno defendía su intención de presentarlos pese a enfrentarse a una derrota casi segura en el Congreso. Actualmente, no cuentan con los apoyos necesarios para aprobarlos. El obstáculo ya no solo son Junts o Podemos, sino también socios como ERC, que ha endurecido su postura tras la negativa del Gobierno a transferir la gestión del IRPF a Cataluña.

Desde el entorno presidencial se considera que presentar las Cuentas Públicas equivale a un programa electoral. Por eso Sánchez intentó elaborar unos Presupuestos «más beneficiosos desde una perspectiva social». «Nos perjudica no tener Presupuestos, pero si los presentamos, todos los partidos, incluidos nuestros socios, quedarán al descubierto. Si ellos me piden 10, y yo ofrezco siete y lo rechazan, nos dan un argumento para las elecciones; pueden exhibir que yo propongo algo que ellos descartan».

Llegados a este punto, sin fecha para la presentación de las Cuentas y con apenas un año de legislatura restante, comienzan diversas evaluaciones. Todas las fuentes gubernamentales consultadas coinciden en que los socios intentarán marcar perfil electoral y exigirán un mayor coste por su respaldo, conscientes de que acercarse a La Moncloa puede perjudicar más que beneficiarles. «Presentar los Presupuestos proporciona varios meses de estabilidad, durante los cuales nadie contempla elecciones», reflexiona un miembro del Gobierno, en referencia a la proximidad a 2027. «Los Presupuestos son un recurso limitado. Hay que pensar si se utilizan y de qué manera», señala otro, considerando que el rechazo puede ser un trastorno que no produce efectos o que, por el contrario, desencadene una moción de censura o anticipe comicios. Sánchez, aunque ahora rectifica, adelantó elecciones en 2019 cuando el Congreso tumbó sus cuentas. Su archivo recuerda las numerosas veces que pidió elecciones a Mariano Rajoy por la falta de Presupuestos.

Sánchez sí avanzaba en materia presupuestaria. Al menos, esa era su convicción. Hacienda lanzó a comienzos de septiembre de 2025 la orden para su elaboración, enfocada en políticas que promuevan viviendas asequibles y medidas para afrontar la emergencia climática, como prevención y extinción de incendios. Y en las primeras semanas de 2026, estableció un calendario de cesiones a sus socios —financiación autonómica para ERC; traspaso de competencias al PNV; regularización masiva de migrantes para Podemos— para consolidar la mayoría necesaria para la propuesta. Pero ahora el tiempo se detiene. Y frente a la coyuntura actual y el margen de La Moncloa, en el PSOE y el Gobierno hay quienes consideran que la legislatura podría concluir sin cuentas: «Hay un punto en que ya no tiene mucho sentido presentarlas».

Hasta ahora existía un respaldo fundamental, los fondos europeos, que proporcionaban un alivio financiero pese a la paralización nacional. Lo reconocía el propio Sánchez. «Contamos con una herramienta excelente que son los fondos europeos. Estos fondos constituyen otro presupuesto, otro camino que incorporamos». Sin embargo, 2026 será el último año en que España reciba este apoyo económico, que finalizará el 31 de agosto.

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