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- Autor, Jorn Madslien
- Título del autor, Periodista de Negocios
- Informa desde, Helsinki
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En caso de que Finlandia enfrente una agresión por parte de Rusia, Janne Ahtoniemi sabría con precisión cómo proceder.
Actuaría velozmente, aunque tal vez no de la forma que se podría suponer.
Podría pensarse que Ahtoniemi es un militar del ejército finlandés, pero su formación está más ligada a su función dentro de la empresa de supermercados nacionales Grupo S.
En caso de una invasión o un ataque de gran escala, como un ciberataque significativo, Grupo S cuenta con un plan detallado para apoyar a la nación. Su responsabilidad sería asegurar el suministro suficiente de alimentos para los 5,6 millones de habitantes.
Otras compañías clave en el país, consideradas críticas—como las firmas de defensa, compañías de transporte y grupos de ciberseguridad—poseen también sus propios planes detallados para continuar operando durante emergencias, ya sea producto de tensiones internacionales o por eventos naturales adversos.
«La sólida seguridad del suministro en Finlandia se basa en décadas de preparación consistente y entrenamiento constante», explica Ahtoniemi, director de gestión de riesgo en Grupo S. «Las empresas tienen claro este enfoque y reconocen su rol específico dentro de él».
«Por esta razón, tanto el público como las empresas están dispuestos a destinar recursos a la seguridad del suministro», añade.
Los cuatro países nórdicos —Finlandia, Suecia, Noruega y Dinamarca— han mantenido durante décadas una política de «defensa total». Esto implica que existen planes para que los sectores militar y civil trabajen en estrecha coordinación.
Desde la invasión rusa a Ucrania en 2022, Finlandia ha reforzado notablemente este modelo y ha incrementado la participación del sector empresarial en él, denominándolo ahora «seguridad integral».
Considerando que comparte una frontera de 1.340 kilómetros con Rusia, esta estrategia no resulta sorprendente.

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El ejecutivo finlandés reveló la nueva política el año anterior mediante un documento denominado «La estrategia de seguridad para la sociedad», que las autoridades califican como «el documento más relevante para orientar la seguridad integral en Finlandia».
Las empresas clave conforman «comités de preparación» junto con representantes del gobierno central y local, participando activamente en ejercicios de capacitación a nivel nacional.
La planificación considera no solo un conflicto militar convencional, sino también la posibilidad de ciberataques a escala nacional, interrupciones en los suministros de alimentos o agua, y ataques al sistema financiero.
Ahtoniemi comenta que «la participación en estos ejercicios representa una inversión significativa para las organizaciones». Además, su empresa colabora con la Organización de Suministro de Emergencia Nacional.
El competidor en supermercados Kesko forma parte de esta iniciativa. «Queremos contribuir para que la sociedad finlandesa continúe funcionando diariamente, pese a las circunstancias», declaró Jyrki Tomminen, ejecutivo de Kesko.
«Las compañías mantienen un estado constante de preparación para diversos escenarios de interrupción, aplicando planes de contingencia y ejercicios en conjunto», agregó.

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Ambas cadenas y otras compañías alimentarias están obligadas por ley a mantener reservas estratégicas de productos esenciales, tales como harina, azúcar y aceites para cocinar. Estos depósitos se alojan en almacenes especiales o bunkers subterráneos equipados con generadores eléctricos de emergencia.
Se espera que cada adulto en Finlandia colabore en la defensa nacional, comenta Tom Woolmore, especialista en seguridad de países del norte de Europa. «No se trata de teoría, está plenamente implementado».
El profesor Frank Martela ejemplifica esta realidad. Aunque enseña filosofía en la Universidad Aalto en Helsinki, es reservista de la Armada y puede ser convocado en situaciones de emergencia nacional.
Como la seguridad abarca más que solamente fuerza militar, no se presume que vaya a regresar a la Armada. Más bien, anticipa que le asignarán tareas acorde a sus habilidades y experiencia adquirida durante su servicio hace aproximadamente veinte años.
«Cuando suceda algo, me indicarán qué debo hacer», comenta mientras toma un café en una cafetería de Helsinki.
Seguros y felices

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La doctora Jennifer De Paola, psicóloga en la Universidad de Helsinki, explica que tanto las empresas finlandesas como los ciudadanos están dispuestos a contribuir por dos motivos fundamentales: primero, debido a la confianza en el gobierno, y segundo, porque los finlandeses valoran intensamente la sensación de seguridad.
En el marco de su investigación, solicitó a decenas de niños entre 10 y 12 años que ilustraran personas felices y tristes, y luego les pidió que compartieran sus explicaciones.
«Esperaba encontrar una fuerte relación entre la felicidad y la diversión, pero en cambio descubrí que los niños finlandeses vinculan la felicidad con el sentimiento de seguridad, mientras que asocian la infelicidad con la sensación de inseguridad».
Considera que este énfasis en la seguridad persiste hasta la adultez, indicando que los finlandeses otorgan un valor mucho mayor a la confianza en comparación con otras sociedades.
«Realmente confiamos mucho más en nuestras instituciones que en otros países. Esto incluye a gobiernos, ministros y políticos. Finlandia tiene índices muy bajos de corrupción».
Además, el elevado nivel de igualdad social en Finlandia es un factor clave, añade Martela. «Cuanto más equitativa es la sociedad, mayor es la confianza entre sus miembros».
Estos valores son fundamentales para la resiliencia nacional, señala Woolmore.
Aunque los niveles de confianza son altos, los finlandeses también saben guardar discretos secretos cuando es necesario. Ahtoniemi, de Grupo S, se niega a revelar detalles de sus planes en caso de conflicto, alegando que se trata de «información confidencial».
Similarmente, en Kesko un portavoz afirma que «siguiendo el procedimiento habitual, no se divulgan detalles de nuestros planes de contingencia».

