La fase inicial del estudio arrancará el próximo abril en el Hospital Universitario de La Princesa (Madrid) con la participación de 70 voluntarios sanos
La investigación sobre esclerosis lateral amiotrófica (ELA) avanza en España. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha aprobado el inicio de la fase I del ensayo clínico para el fármaco experimental AP-2, compuesto desarrollado en el Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB-CSIC) y promovido por la biotecnológica Molefy Pharma, spin-off del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
La fase inicial dará inicio en abril próximo en el Hospital Universitario de La Princesa (Madrid), incorporando a 70 voluntarios sanos. El propósito fundamental será valorar la seguridad del medicamento y su farmacocinética, es decir, el proceso de absorción, distribución, metabolismo y eliminación en el cuerpo. En caso de obtener resultados positivos, el programa clínico seguirá en enero de 2027 con una fase avanzada incluyendo pacientes con diagnóstico de ELA.
El desarrollo de AP-2 recibió un respaldo significativo en octubre de 2025, cuando la Agencia Europea del Medicamento (EMA) le otorgó la designación de medicamento huérfano, destinada a tratamientos para enfermedades poco comunes o con limitado interés comercial. Esta distinción confirma su potencial terapéutico y facilita su desarrollo en ensayos clínicos.
El nuevo compuesto impacta uno de los mecanismos más distintivos de la ELA: la alteración de la proteína TDP-43, que se encuentra de forma anómala en más del 97 % de los pacientes. Habitualmente localizada en el núcleo celular, esta proteína se transfiere al citoplasma, experimenta modificaciones químicas y forma agregados tóxicos vinculados a la degeneración de las motoneuronas.
“El objetivo consiste en restaurar TDP-43 a su función original”, explica Ana Martínez, investigadora del CIB-CSIC. Para ello, el equipo diseñó una molécula capaz de inhibir la quinasa CK1, enzima involucrada en la fosforilación de esta proteína. En modelos celulares y animales, el medicamento ha mostrado la capacidad de revertir estos cambios y equilibrar la función proteica.
“En nuestros estudios preclínicos hemos observado que la proteína recupera su ubicación y función. Si estos datos se confirman en humanos, podríamos contar con un enfoque que ralentice —e incluso detenga— la evolución de la enfermedad”, señala Carmen Gil, codirectora del grupo de investigación.
La ELA es un trastorno neurodegenerativo sin tratamiento curativo, que produce pérdida progresiva de las funciones motoras, afectando la movilidad, el habla, la alimentación y la respiración. En España, se calcula que
Actualmente, el único medicamento aprobado en Europa para la ELA es el riluzol, un fármaco con efecto paliativo que puede extender la supervivencia algunos meses. En este contexto, el inicio del ensayo clínico de AP-2 representa un progreso significativo en la búsqueda de nuevas terapias que modifiquen el curso de la enfermedad.

