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- 18 marzo 2026, 20:49 GMTActualizado 23 minutos
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En Venezuela, el béisbol trasciende el ámbito deportivo: es una auténtica religión.
En momentos de crisis, cuando todo se desestabiliza y la incertidumbre reina, el venezolano recurre a sus altares, implora a sus santos y pide «un milagrito», una alegría que le brinde esperanza.
Este martes, la selección venezolana de béisbol se coronó campeona mundial tras ganar por primera vez en la historia el Clásico Mundial de Béisbol.
Lo consiguió en un encuentro tan simbólico como memorable: venció 3-2 a Estados Unidos en Miami.
Esto ocurre apenas dos meses y medio después de que Estados Unidos atacara el territorio caribeño y capturara a Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Durante este periodo, no solo ha variado quién ostenta el poder en Venezuela —ahora Delcy Rodríguez funge como presidenta encargada— sino también la relación de Caracas con Washington, que permanece en una situación aún confusa, situada entre la tutela —como afirmó el propio presidente Trump— y la cooperación, en lo que Rodríguez describió como un «capítulo en las relaciones históricas entre ambos países».
De hecho, Trump aprovechó la victoria de Venezuela para bromear una vez más proponiendo que el país suramericano se convierta en un estado de Estados Unidos.
“Statehood (condición de Estado)”, publicó en su cuenta de Truth Social.

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Mientras tanto, Rodríguez decidió declarar el miércoles como día no laborable en el país “para que la juventud salga a las calles, plazas, parques y canchas a celebrar”, anunció en su cuenta de X.
Este título no es un logro cualquiera. Marca el primero de este carácter en la trayectoria del país.
“Este es un triunfo colectivo, claro, porque aunque están las medallas olímpicas, que tienen un gran significado, este es el logro colectivo más fuerte e importante que ha alcanzado Venezuela en su historia”, comenta a BBC Mundo la periodista deportiva venezolana Mari Montes, quien cuenta con 32 años de experiencia, es miembro de la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA) y colabora en El ExtraBase.

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«Una nación que necesita una buena noticia»
Los venezolanos están habituados a la incertidumbre, a experimentar breves momentos de alegría que se desvanecen al día siguiente, y a vivir partido a partido, como señaló el entrenador argentino Diego Simeone.
Estos sentimientos se intensificaron desde el pasado 3 de enero, cuando, desde lejos o dentro del país, observaron cómo el escenario político cambiaba de manera súbita. Una situación que muchos vivieron con satisfacción, pero otros con desasosiego.
Por un lado, quienes apoyan al chavismo experimentan ansiedad e incertidumbre sobre qué ocurrirá bajo la tutela estadounidense; por el otro, muchos opositores albergan la esperanza de un cambio político.
Tras la victoria mundial, el receptor Willson Contreras agradeció a todos los venezolanos por este triunfo.

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“Jugamos para ustedes y por ustedes. Venezuela merecía esta felicidad… Ya conocen la razón. Para mí es un orgullo inmenso llevar la venezolanidad en el pecho. Gracias a Dios y a mis padres por ser venezolano, y gracias a todos por el apoyo”, expresó.
En los rituales previos a cada partido, también se percibía el espíritu patriótico del equipo.
“Todos son creyentes, católicos y evangélicos. Realizaban oraciones guiados por Robinson Chirinos (ex jugador de Grandes Ligas y entrenador del equipo) y Eugenio Suárez”, relata Montes.
En una de esas plegarias, el dos veces Manager del Año, Wilfredo Romero, decía: “Permítenos, Señor, honrarte y jugar por una nación que nos necesita y anhela una buena noticia. ¡Bendícenos como nación y como equipo!, amén”.
Un ritual cultural
Durante los juegos sucesivos en los que la selección venezolana dominó en el diamante a sus contrincantes, también estuvo presente otro ritual, que forma parte de la esencia más criolla del país, esa en la que el sincretismo cultural lo impregna todo.
Así como en el rugby se popularizó la danza maorí de los All Blacks de Nueva Zelanda para intimidar a los rivales, los venezolanos hicieron la suya: bailar tambores antes de cada partido.
Es un baile vibrante, lleno de energía, que refleja todo el colorido y la alegría de Venezuela, además de tener una historia que simboliza más todavía en el contexto actual.
Su origen se remonta a la Venezuela colonial bajo dominio español, donde la población afrodescendiente, tanto esclavizada como libre, laboraba en las plantaciones.
En ciertas regiones, el tambor se baila con un pie atrás, evocando las cadenas y grilletes de la esclavitud.
Esta música y danza afrovenezolanas se manifiestan en celebraciones religiosas como la festividad de San Juan, en rituales de santería, bodas o fiestas. En Venezuela es común ver a grupos bailar tambores en la playa, con una cerveza en mano.

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Es tan autóctono como el #arepapower, que reivindica el «poder de la arepa», ese alimento fundamental, símbolo de la venezolanidad y que también se ha popularizado estos días gracias a la selección de béisbol.
“El venezolano tiene un espíritu cimarrón en el juego. Les pregunté para qué les servía bailar tambor y me respondieron que para llenarse de energía. Además, es una celebración muy caribeña”, relata Montes.
Además, explica que tras varias restricciones impuestas por sus equipos de origen, los jugadores se sintieron «picados». “Les quitaron jugadores, no los dejaron jugar por diversas razones, y eso, en el orgullo venezolano, hizo que se motivaran aún más”, cuenta Montes.
Una pasión nacional que arrancó hace 85 años
Montes detalla que un hecho similar no se vivía desde 1941, cuando se formó una selección de beisbolistas amateurs para competir en la serie mundial amateur celebrada en La Habana, Cuba.
“En aquel entonces, el béisbol solo se practicaba en Caracas y en el estado Zulia, donde se encuentran los campos petroleros. No había ligas ni nada organizado como en República Dominicana o Cuba. Nadie supo que habían ido hasta allá, pero a su regreso, el puerto de La Guaira fue escenario de su cálido recibimiento. Fueron conocidos como los héroes del 41”, relata Montes.
Desde entonces, los venezolanos se enamoraron del juego de pelota.
Y se puede observar en cualquier rincón del país cómo los niños convierten cualquier espacio en el Yankee Stadium y sueñan con alcanzar las Grandes Ligas.
Aunque se han ganado Series del Caribe y han sobresalido jugadores como Alfonso Carrasquel y Miguel Cabrera, este triunfo representa el final de décadas esperando que el deporte nacional, el pasatiempo favorito, conquistara algo de esta magnitud, sostiene la periodista venezolana.
Ella, que ha cubierto todos los partidos y clásicos a lo largo de su carrera, afirma que jamás había presenciado algo así: “Nunca había visto a tantos hombres, figuras legendarias, llorar como niños. Fue un momento único”.
Subraya que todos en el estadio decían «esto es por Venezuela. Nos están viendo en Venezuela».
En un país fragmentado y con su diáspora esparcida por el mundo, este hito logró reunir a todos bajo la bandera tricolor.
Como dice el dicho popular: Venezuela, la botaste de jonrón.

