Pablo Iglesias, Gerardo Pisarello y Jeremy Corbyn forman parte de la flotilla internacional Nuestra América, que transportará ayuda humanitaria a Cuba.
Este proyecto tiene el objetivo de enviar 20 toneladas de alimentos, medicinas y material sanitario ante el agravamiento del bloqueo impuesto por EEUU a la isla.
La iniciativa recibe el respaldo de la Internacional Progresista y diversos movimientos sociales, y se propone hacer evidente el efecto de las sanciones estadounidenses en la población cubana.
La llegada de la flotilla a La Habana se plantea como un acto político y simbólico en defensa del derecho de Cuba a decidir su futuro sin interferencias externas.
El exvicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias, el diputado de Sumar, Gerardo Pisarello Prados, y el exlíder laborista británico Jeremy Corbyn embarcarán el próximo mes en la Flotilla Nuestra América, una iniciativa impulsada por una coalición internacional de movimientos sociales, sindicatos y organizaciones humanitarias, con la misión de entregar 20 toneladas de suministros básicos a Cuba en respuesta al endurecimiento del bloqueo estadounidense sobre la isla.
La flotilla, similares a las enviadas a Gaza, zarpará en abril hacia el Caribe debido a, según la organización, «una situación que se deteriora rápidamente” y que afecta negativamente “el funcionamiento de hospitales, sistemas de transporte y la vida diaria de la población”.
En los últimos tres meses, la situación en la isla se ha complicado como consecuencia del bloqueo petrolero impuesto por la Administración Trump, que ha detenido las importaciones de combustible, paralizado vuelos y obligado a implementar medidas de ahorro y emergencia en todo el territorio. «Este cerco causa apagones y limita el acceso a gasolina, afectando a hogares, centros médicos e infraestructura esencial», señalan los organizadores.
Junto a Iglesias y Corbyn, y con el apoyo de la Internacional Progresista y numerosos movimientos sociales, sindicatos y organizaciones de izquierda de varios países, también participarán figuras destacadas como la dirigente colombiana Clara López, el estadounidense Hasan Piker, el grupo irlandés Kneecap y el líder sindical estadounidense Chris Smalls.
Asimismo, estarán presentes Gerardo Pisarello Prados, diputado de Sumar, y David Adler, co-coordinador general de la Internacional Progresista, junto con activistas, sindicalistas y representantes de plataformas solidarias provenientes de Europa y América Latina.
Este proyecto surge como respuesta al deterioro económico y social en la isla, caracterizado por la escasez de alimentos, medicinas y combustible, que los organizadores atribuyen directamente al endurecimiento del bloqueo y las sanciones de Estados Unidos.
La flotilla busca transportar cargas de ayuda básica —alimentos, insumos médicos y material sanitario— con el propósito doble de aliviar parcialmente la emergencia diaria y hacer visible ante la opinión pública internacional las consecuencias de esas medidas en la población cubana.
Más allá de su dimensión humanitaria, la expedición tiene un fuerte componente político y simbólico. Sus promotores enmarcan la iniciativa en una campaña global contra las políticas de “castigo colectivo” y establecen comparaciones entre el bloqueo económico a Cuba y otros contextos de crisis, como Gaza, para enfatizar la necesidad de articular respuestas solidarias transnacionales.
En las diversas flotillas organizadas para intentar levantar el bloqueo sobre Gaza han participado tanto celebridades como líderes políticos reconocidos, lo que ha contribuido a darle gran visibilidad internacional.
Entre los más recientes participantes figuran la activista climática sueca Greta Thunberg, la actriz estadounidense Susan Sarandon, el actor irlandés Liam Cunningham y la actriz francesa Adèle Haenel, todos ellos involucrados en la llamada Global Sumud Flotilla, junto a eurodiputadas como Emma Fourreau y la exalcaldesa de Barcelona Ada Colau.
Corbyn, Iglesias, López y otros integrantes de la próxima flotilla destacan que se trata de una acción pacífica, conforme al derecho internacional y con la intención de ejercer presión moral y mediática sobre Washington y sus aliados.
Los organizadores invitan a partidos, sindicatos, colectivos ciudadanos y figuras del mundo cultural a sumarse al esfuerzo, ya sea integrándose en alguna delegación o apoyando la misión desde sus países.
El objetivo es que las embarcaciones y las delegaciones por mar, aire y tierra coincidan en La Habana simultáneamente, para convertir la llegada de la Flotilla en un evento político de gran relevancia.
Nuestra América se presenta como algo más que un convoy humanitario: es un acto de desafío al bloqueo y una reafirmación del derecho del pueblo cubano a decidir su destino sin injerencias externas.

