La escena final de la película de 1933 que es reconocida como la más destacada en la historia del cine

Charlie Chaplin disfrazado de su mítico personaje El Vagabundo

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    • Autor, Gregory Wakeman
    • Título del autor, *BBC Culture
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A casi un siglo de su debut, la comedia muda de Charlie Chaplin City Lights ("Luces de la ciudad") frecuentemente es reconocida como una de las mejores obras cinematográficas de todos los tiempos, siendo sus escenas finales fundamentales para su prestigio.

Cuando Life entrevistó a Chaplin en 1966 sobre su película preferida, él eligió «Luces de la ciudad», aunque con modestia comentó: "Pienso que es sólida, está bien realizada".

Desde su presentación en el Teatro de Los Ángeles el 30 de enero de 1931, esta comedia romántica muda ha sido celebrada con entusiasmo por críticos y cineastas, protagonizada por el vagabundo interpretado por Chaplin, que se enamora de una vendedora de flores ciega (Virginia Cherrill), quien lo confunde con un millonario.

En 1952, el British Film Institute asignó a "Luces de la ciudad" el segundo puesto en su primera lista de las mejores películas de la historia, empatada con The Gold Rush ("La quimera del oro") de 1925, también de Chaplin.

Personalidades como Stanley Kubrick, Orson Welles y Andrei Tarkovsky la incluyeron entre sus favoritas, mientras que el guionista James Agee, de The night of the hunger ("La noche del cazador"), afirmó que posee la "mejor interpretación y el momento culminante del cine".

La escena a la que se refieren ocurre justo al final. Reunido finalmente con la vendedora que ahora puede ver, el vagabundo la observa con ternura mientras la cámara se desvanece a negro.

En esta comedia romántica muda de Chaplin, su personaje del vagabundo se enamora de una vendedora de flores ciega que lo confunde con un millonario.

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Esa secuencia, con una expresividad tan genuina y sencilla, se menciona frecuentemente como uno de los mejores cierres en la historia del cine. En los 95 años desde su estreno, múltiples filmes han tratado de captar su delicada maestría artística y la profundidad de sus actuaciones.

La preparación y el sufrimiento detrás de esa escena final fueron enormes, lo que permitió que ésta funcionara a la perfección.

Tras enterarse de que la florista enfrenta un desalojo, el vagabundo acepta trabajos como barrendero y boxeador para reunir dinero.

Finalmente, consigue dinero de un millonario ebrio olvidadizo y es acusado de robo; justo antes de ser arrestado, entrega el dinero a la vendedora, quien paga el alquiler y accede a un tratamiento médico que le restaura la vista.

Meses después de salir de la cárcel, el vagabundo descubre que ella dirige una exitosa florería tras recuperar la visión. Aparece frente a la tienda con su vestimenta desgastada.

Cuando la mujer lo reconoce, su expresión refleja afecto profundo. Él le responde con una sonrisa y así concluye la película.

"Fue tan pura"

Chaplin, en una de las emblemáticas escenas de City Lights, junto a su compañero, y los dos están frente a un policía que los mira con pose de reproche

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Charles Marland, autor del volumen BFI Classics sobre "Luces de la ciudad", considera que el cierre de la película ejemplifica el dominio absoluto de Chaplin como director.

"Sabía cómo encuadrar para aumentar la carga emocional. La cámara transita de un plano medio a un primer plano", comentó a la BBC, destacando además que Chaplin comentó alguna vez que empleaba planos generales para comedia y primeros planos para tragedia y drama.

"Asimismo, la banda sonora, compleja y sensible, eleva la experiencia intelectual".

Nada de eso tendría sentido sin las interpretaciones tanto de Chaplin como de Cherrill, quien, para sorpresa, debutó en cine con este film.

Tras filmar múltiples tomas de la escena final, Chaplin percibió que había sobreactuación y exageración en los gestos, relata Marland. Por ello, decidió que el vagabundo solo debía mirar a Cherrill con más intensidad.

Chaplin describió esa filmación como "una sensación hermosa de no actuar, de salir de mí mismo. La clave era sentir cierta vergüenza y alegría al reencontrarla, sin llegar a emocionarse. (El vagabundo) la observa y se pregunta qué piensa. Fue algo muy puro".

Años posteriores al estreno, Cherrill comentó a Jeffrey Vance, autor de "Chaplin: Genio del cine", que Chaplin solía tener la piel seca, pero que su mano se humedecía al acercarse a esa escena crucial.

"Ella intuyó que algo raro sucedía, que él reaccionaba diferente, como su personaje", explicó Vance a la BBC.

Una razón clave por la que "Luces de la ciudad" sigue emocionando es la decisión de Chaplin de cortar justo antes de mostrar un desenlace definitivo.

Algunos románticos opinan que la florista, pese a la apariencia y la pobreza del vagabundo, lo acepta por lo que él hizo. Otros creen que no hay posibilidad de que ella se vaya con él hacia un final feliz tradicional.

"No considero que sea un final romántico", comenta Vance. "Vemos su vanidad cuando recupera la vista. Se arregla el cabello frente al espejo. Se decepciona al notar que el hombre rico no es él. Cuando ve al vagabundo, se ríe y le da dinero por compasión".

La actuación de Chaplin en esos momentos, que transmite alegría, miedo, vergüenza y emoción, es tan matizada que deja abierta la interpretación sobre el desenlace.

¿Simplemente la mejor?

Clemenza le besa la mano a Michael Corleone, quien acaba de convertirse en El Padrino, hacia el final de la primera entrega de la galardonada saga de Francis Ford Coppola

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Por supuesto, existen múltiples escenas finales que compiten por ser las mejores en la historia del cine.

Desde la revelación de la Estatua de la Libertad en Planet of the Apes ("El planeta de los simios"), la realización progresiva en The graduate ("El graduado"), el cierre con imagen congelada en Butch Cassidy and the Sundance Kid ("Butch Cassidy y Sundance Kid"), hasta la puerta que se cierra en The Godfather ("El Padrino") y el primer plano de Norma Desmond en Sunset Boulevard ("El crepúsculo de los dioses"), todas merecen reconocimiento, aunque ninguna ha sido imitada tanto como el desenlace de "Luces de la ciudad".

Diversas películas como The 400 Blows ("Los 400 golpes"), This Is England ("Esta es Inglaterra"), Gone Girl ("Perdida") y Moonlight ("Luz de luna") han adoptado el recurso de cerrar mostrando a los personajes mirando a cámara, una influencia directa de Chaplin.

Algunos filmes optaron por homenajes más evidentes.

Manhattan de Woody Allen culmina con la expresión melancólica del personaje hacia su novia juvenil Tracy, tras enterarse de que ella partirá a Londres por seis meses.

Un año después, The Long Good Friday ("El largo viernes santo"), dirigida por John Mackenzie, enfoca al gánster de Bob Hoskins, que experimenta numerosas emociones rápidas al comprender que ha sido capturado y va a morir a manos del IRA.

Incluso el cierre de Monsters, Inc. de Pixar rinde tributo a "Luces de la ciudad". En vez de mostrar el reencuentro completo de Sulley y Boo, solo se ve la apertura de la puerta, la mirada de Sulley, la voz de Boo llamándole «¡Gatito!» y la sonrisa de Sulley.

Estos momentos breves suelen causar mayor impacto. No obstante, hacerlos realidad exige horas de creatividad, talento y a menudo millones de dólares en producción.

Este esfuerzo fue especialmente intenso en "Luces de la ciudad", que no solo fue la película más costosa de Chaplin, con un gasto de US$1.5 millones (aproximadamente US$30 millones actuales), sino que también requirió años para perfeccionar guion, rodaje y montaje, buscando cumplir con altísimas expectativas.

Una obra del amor

Una gran multitud se aglomera frente al teatro Warner's para ver The Jazz Singer, la primera película hablada de Hollywood.

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Al iniciar la filmación de "Luces de la ciudad" el 27 de diciembre de 1928, Chaplin era considerado el hombre más reconocido a nivel mundial.

De origen humilde en Londres, logró convertirse en multimillonario y mantenía control completo sobre sus proyectos. Aunque The Jazz Singer ("El cantante de jazz") inauguró el cine sonoro 14 meses atrás y Hollywood ya había dejado de apoyar el cine mudo, Chaplin persistió en que «Luces de la ciudad» permaneciera sin diálogos.

"Él insistía en que el vagabundo correspondía al cine mudo", señala Vance. "Pero también sabía que debía entregar una obra impecable para que el público aceptara una película muda".

Preocupado por la perfección, Chaplin dedicó un año a la preproducción y extendió el rodaje hasta septiembre de 1930.

Una escena crítica, la primera interacción del vagabundo con la florista donde ella lo confunde con un millonario, fue filmada 342 veces, estableciendo un récord Guinness por la mayor cantidad de tomas para una sola secuencia.

El empeño creativo de Chaplin fue recompensado: «Luces de la ciudad» ganó tres veces lo invertido en taquilla y recibió críticas muy favorables; su prestigio creció con el paso del tiempo.

Bu y Sully tomados de la mano en Monsters Inc, de Pixar Animation Studios

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A lo largo de las décadas, pese a la crítica mordaz en Modern Times ("Tiempos modernos"), el emotivo epílogo de The Great Dictator ("El gran dictador") y las icónicas secuencias cómicas en "La quimera del oro", "Luces de la ciudad" ha perdurado como el film más entrañable y destacado de Chaplin.

"Al igual que las obras de Dickens y Shakespeare, las películas de Chaplin entran y salen de moda", comenta Vance. "Pero la verdadera fuerza de "Luces de la ciudad" radica en su simplicidad. Chaplin era consciente de lo complejo que resulta lograrla".

El poder y la poesía de "Luces de la ciudad" quedan resumidos en su imagen final: un vagabundo con esperanza, que sonríe soñando con un porvenir mejor, un cierre que, a casi un siglo y miles de películas sonoras después, sigue siendo inigualado.

"Por eso Chaplin fue un genio", concluye Vance. "Por eso es único en su género".

Esta es una adaptación al español de un artículo originalmente publicado en inglés por BBC Culture. Haz clic aquí para acceder a la versión original.

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