Feijóo solicita impactar fuertemente a Sánchez este domingo, quien exhibe la bandera española y se declara «patriota»

Feijóo y Mañueco, este viernes en el cierre de campaña de las elecciones de Castilla y León en Valladolid.

Pedro Sánchez concluyó su campaña en Valladolid destacando el patriotismo, la bandera de España y el rechazo a la guerra, acompañado por Zapatero.

Alberto Núñez Feijóo instó a canalizar el descontento hacia Sánchez en votos para el PP, anunciando medidas económicas y asegurando un triunfo rotundo en Castilla y León.

Santiago Abascal (Vox) colocó las elecciones autonómicas como un indicador para medir la fuerza de su partido y defendió un cambio auténtico frente al PP y al PSOE.

La campaña en Valladolid reflejó un enfrentamiento intenso entre PSOE, PP y Vox, cuyos mensajes se centraron en el patriotismo, la economía y el futuro político nacional.

La campaña en Castilla y León finalizó este viernes convertida en un referéndum sobre Pedro Sánchez, con Valladolid como escenario clave de esta batalla electoral.

En esta misma ciudad, casi simultáneamente, PSOE y PP ofrecieron dos cierres de campaña opuestos.

Sánchez, respaldado por José Luis Rodríguez Zapatero, se definió como un «patriota» y reafirmó su postura contraria a la guerra.

Alberto Núñez Feijóo, a su vez, pidió a sus seguidores que el domingo den «el mayor susto de su vida» al presidente del Gobierno.

Entre ambos, Santiago Abascal buscó convertir el mitin de Vox en un ensayo general para las elecciones generales, motivando a votar «pensando más allá» de Castilla y León.

Una multitudinaria Cúpula del Milenio presenció la reunion en el escenario de Sánchez y Zapatero, 23 años después.

El presidente del Gobierno se presentó como un líder «patriota» frente a la «guerra ilegal» en Irán que, según afirmó, sólo provoca sufrimiento, y expresó «gran orgullo por ser español, porque apoyamos el derecho internacional», en contraste con quienes confunden el patriotismo con «intereses externos».

Su discurso giró en torno a la idea principal: hoy ser patriota es defender el derecho internacional y la soberanía nacional frente al «servilismo».

Mientras pronunciaba esas palabras, en una gran pantalla se mostraba la bandera de España. Desde junio de 2016 no se veía algo similar en un mitin de Sánchez, cuando desplegó una gran enseña en Murcia, durante la campaña del 26-J.

Sánchez aprovechó su cierre de campaña en Valladolid para apoyar al ministro de Transportes y exalcalde de la ciudad.

Definió a Óscar Puente como un «gran político» que no teme mostrarse con «la bandera de España», como hizo recientemente en sus redes sociales, y se burló de la reacción de Vox: «Abascal se molestó y debe ser porque se puso la constitucional».

El presidente, interrumpido en varias ocasiones por gritos de «no a la guerra», insistió en que apoyar a los aliados no implica quedarse en silencio: «Cuando alguien se equivoca, también hay que decírselo, porque esta guerra es un gran error», concluyó.

Ante el dilema de la guerra en Irán, aseguró que el Gobierno tiene una postura clara: «Paz y mucho orgullo de ser español».

Para él, el patriotismo también implica «defender los principios, valores y resultados de este Gobierno». En esa línea, trató de unir la bandera, la defensa del derecho internacional y los indicadores económicos como parte de una narrativa de éxito.

Sánchez reivindicó la herencia de Zapatero, «quien hace 23 años nos enseñó a vencer la mentira» al retirar las tropas de Irak, agradeciéndole su «valentía y ejemplo» y contrastando ese espíritu con el de una derecha que, en su opinión, sigue «defendiendo a Aznar».

El mitin también fue una crítica directa al candidato del PP, Alfonso Fernández Mañueco, a quien acusó de «privatizar servicios públicos».

Concluyó con un llamamiento a movilizar el voto progresista para concentrarlo en la papeleta del PSOE: «El próximo domingo la elección está clara: no más tedio de Mañueco ni más odio de Abascal, sino cambio con Carlos Martínez y PSOE».

Mensaje a la Moncloa

Al otro lado de la ciudad, Feijóo organizaba su propio acto de cierre con un mensaje directo: transformar la frustración contra Sánchez en votos para el PP.

El presidente del PP pidió un Gobierno «libre, fuerte y estable» en Castilla y León, y exigió una victoria «contundente» que provoque «el mayor susto de su vida» al presidente del Gobierno.

Feijóo afirmó que el domingo no le basta solo con «ganar»: busca hacerlo de forma rotunda para que la región «dependa únicamente de su gente».

El líder popular cargó con dureza tanto contra Vox como contra el PSOE.

Respecto a Abascal, dijo que Vox es un partido que «abandonó» el Gobierno «cuando las encuestas no les favorecían».

Sin embargo, sus ataques más duros fueron para el PSOE. Ironizó sobre cómo los socialistas cerraron campaña «con el candidato que puso Santos Cerdán, el de Soria, y con el ministro de los trenes y las infraestructuras olvidadas», a quien «escondieron durante toda la campaña y solo hoy sacan a la luz».

Terminó su discurso atacando a Zapatero, «el de los negocios, rescates y lobbies de Maduro», y a «la figura principal», Sánchez: «Menudo equipo. Si alguien duda de por qué votar al PP, que vayan al mitin del PSOE».

Feijóo detalló hasta cinco razones para elegir su partido: destacó que son «los únicos que han pedido el voto para gobernar», que han puesto el foco en Castilla y León, que tienen «un balance de gestión», que están comprometidos con la región y que su voto «vale doble»: para un buen Gobierno autonómico y para «darle el mayor disgusto de su vida a Sánchez».

Frente a Vox, reiteró que el PP compite «para ganar», no para «ocupar un escaño y comentar la actualidad»: «Quien se presente con la intención de bloquear la alternativa merece un castigo de la gente».

Feijóo también criticó la gestión económica del Gobierno central y su posicionamiento ante la guerra.

Denunció que «no se puede alzar con una mano la bandera del ‘no a la guerra’ y con la otra beneficiarse» de la inflación causada por el conflicto, mientras «el diésel ha subido 14 céntimos y la gasolina ocho».

Frente a los «eslóganes» y «frasecitas», ofreció su paquete de medidas: reducir el IRPF y duplicar la bonificación por hijo, eliminar el impuesto a la generación eléctrica, rebajar temporalmente el IVA y establecer una bonificación del 11% para el gasóleo agrícola, iniciativas que prometió aprobar la próxima semana en el Senado. Insistió en que un voto al PP «brinda un Gobierno a Castilla y León y un buen disgusto a Sánchez».

Termómetro de Vox

En un tercer acto, también en Valladolid, Santiago Abascal finalizaba la campaña de Vox con la mirada puesta mucho más allá del recuento de este domingo.

El líder de Vox pidió votar «con una visión más allá de las elecciones de Castilla y León» y advirtió que, «a menos que el tirano, o aspirante a tirano —refiriéndose a Pedro Sánchez— decida otra cosa, pronto habrá elecciones generales en España».

Presentó estas elecciones como un indicador del peso de Vox dentro del bloque de derechas y su capacidad para «imponer cambios» en el futuro gobierno regional.

Abascal rechazó el argumento del voto útil hacia el PP, posicionando a Vox como la única garantía de un cambio auténtico. Acusó a los populares de firmar acuerdos para después incumplirlos y prometió que, si Vox crece, «las cosas van a cambiar y lo harán con fuerza».

Durante su intervención, describió Castilla y León como un territorio clave para medir la fortaleza de su partido y el pulso de la derecha a nivel nacional.

Se presentó como «alternativa política de salvación nacional», habló de «reconstrucción nacional» y criticó a Bruselas, al separatismo y a la «invasión migratoria», mientras mostraba capacidad organizativa y señaló haber reunido a más gente que cualquier otro en la campaña.

Así, Valladolid cerró la campaña reflejando la política española: un Sánchez que intenta apropiarse de la bandera y el patriotismo desde el «no a la guerra», un Feijóo que desea transformar el hastío en un «susto» electoral para el presidente, y un Abascal que se presenta como salvador nacional para «reconstruir» España.

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