El Gobierno de Sánchez mantiene su postura sobre el conflicto de Trump en Irán y sus riesgos para la estabilidad global

José Manuel Albares, ministro de Exteriores, en la rueda de prensa posterior al último Consejo de Ministros.

El Gobierno español mantiene una actitud crítica frente a la intervención de Trump en Irán, advirtiendo que el conflicto armado podría sumir al planeta en el caos.

España ha retirado a su embajadora en Israel y vetado el uso de las bases de Morón y Rota por parte de EEUU para lanzar bombardeos contra Irán, fortaleciendo así su rechazo a la acción militar.

La estrategia de Moncloa busca encabezar la oposición europea frente a Trump, además de culpar al expresidente estadounidense de las repercusiones económicas derivadas del conflicto.

El Ejecutivo está preparando un conjunto de medidas para mitigar el impacto del aumento de los costos energéticos y económicos causado por la guerra, incluyendo prohibiciones de despidos y controles de precios.

El Gobierno español sostiene que la prolongación del conflicto en Irán le da la razón.

Desde Moncloa anticiparon desde el principio que la guerra sería prolongada, algo que el presidente estadounidense, Donald Trump, rechazó asegurando que sería breve.

El bloqueo en el estrecho de Ormuz y la amenaza de Teherán de responder a la muerte de Alí Jamenei con acciones que podrían disparar el precio del barril de Brent hasta los 200 dólares han comenzado a inquietar los mercados, sin visos de una solución a corto plazo.

Por ello, en el Gobierno español se muestran cada vez más firmes, sin temor a represalias por parte de Washington. Además, se ha retirado a la embajadora en Israel.

El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, afirmó que España no participaría en ninguna acción que avive este conflicto, «que conducirá al caos» en todo el mundo.

Después del ataque selectivo inicial, que terminó con la muerte del líder supremo, el ayatolá Jamenei, se especulaba sobre la posible caída del régimen.

Tras un día de silencio, Pedro Sánchez se posicionó con un «no a la guerra» y restringió a Estados Unidos el uso de las bases de Morón y Rota para atacar Irán.

Ni Estados Unidos ni Israel apelaron al derecho internacional para justificar su ataque, lo que no solo respaldó la postura del presidente español, sino que formalmente fortaleció su posición.

España pudo denunciar públicamente que Washington y Jerusalén no solo ponían en peligro al mundo, lanzando bombas incluso sobre zonas civiles —como quedó confirmado este jueves—, sino que además lo hicieron ilegalmente. Sánchez siempre ha defendido el principio del «multilateralismo».

Esta postura de confrontación le permite a Moncloa afirmar que están liderando la oposición a Trump en Europa y apostar a que, si la estrategia fracasa, Sánchez incremente su proyección internacional.

Esto en parte se debe a la negativa de Estados Unidos e Israel a reconocer el derecho internacional, a pesar de que podrían haberse amparado en la Carta de Naciones Unidas para legitimar su ataque contra el país de los ayatolás.

Aunque Washington podría argumentar «garantizar la protección humanitaria» bajo el principio de «Responsabilidad de Proteger», y Jerusalén podría haber invocado el de «legítima defensa».

En años recientes se ha probado la financiación y conexión de Hezbolá (Líbano), Hamás (Gaza), los hutíes (Yemen) y las milicias chiíes en Irak con el régimen de la República Islámica.

Todos han atacado a Israel mediante cohetes, misiles y atentados durante años y sobre todo en meses recientes.

No obstante, ni Trump ni Benjamin Netanyahu mostraron preocupación por la legitimidad internacional de sus acciones militares.

Por ello Sánchez encontró la oportunidad para señalar que sus dos rivales en el mundo —para él y sus votantes de izquierda en España— se comportaban de ese modo.

Moncloa busca así cohesionar y movilizar a su base electoral y, además, domesticar a la oposición de derechas, situándola en el bando belicista de la historia, alineada con dos líderes muy impopulares incluso entre sectores del PP y Vox.

«El caos»

El discurso de Sánchez, que en ciertas cancillerías sonó estrafalario y motivó que Trump lo amenazase con represalias comerciales, ha ganado peso ante el deterioro del campo de batalla y las consecuencias directas de la guerra.

En los días siguientes, Teherán reaccionó: atacó a países vecinos buscando generar caos. Incluso misiles balísticos impactaron en un país europeo, Chipre, y otros fueron interceptados dirigiéndose hacia un miembro de la OTAN, Turquía.

El régimen designó sucesor al hijo de Jamenei y exhibió fuerza militar en el exterior e interior para aplastar la disidencia. La caída del régimen parece ahora un espejismo, o al menos está distante.

La estrategia iraní es sembrar el caos: elevar el precio del petróleo y obstaculizar los vuelos europeos que conectan con Asia vía Emiratos.

De hecho, con una postura algo más moderada, la posición española fue seguida luego por la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, aunque esta evitó confrontar con EEUU.

El francés Emmanuel Macron reculó respecto a su entusiasmo inicial y desplegó su portaaviones nuclear Charles de Gaulle para respaldar a Chipre y, eventualmente, estabilizar el estrecho de Ormuz.

Solo el canciller Friedrich Merz permanece como aliado europeo de Trump. Sin embargo, ningún líder occidental apuesta tan firmemente como Sánchez a la confrontación pública y al fracaso de la operación Furia Épica.

Aunque la victoria más destacada de Sánchez ha sido frente a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien tuvo que suavizar su discurso del lunes ante la incomprensión generada, encabezada por su vicepresidenta Teresa Ribera, una de las aliadas de Sánchez en Europa.

Esto ocurrió tras una frase de la alemana afirmando que «Europa no puede seguir confiando en ser guardiana del antiguo orden mundial como única forma de defender sus intereses».

Después de la controversia y las críticas del Gobierno español, Von der Leyen aclaró en el Parlamento Europeo que defenderá siempre «los principios de la Carta de Naciones Unidas y el Derecho Internacional».

Moncloa no olvida el rechazo que la presidenta de la Comisión, de origen alemán y miembro del PPE, ha impuesto a Sánchez y sus políticas en las recientes cumbres europeas.

Ahora aprovecha la situación para cobrar factura. «El orden internacional establece relaciones virtuosas entre los Estados. Es necesario elegir entre eso y el desorden«, declaraba Albares.

Sin embargo, parece evidente que Sánchez apuesta a que Trump quede estancado en Irán y la situación se agrave.

El presidente ejecutivo y director de EL ESPAÑOL, Pedro J. Ramírez, lamentó este jueves que Pedro Sánchez es el dirigente occidental que más está «apostando por el fracaso del intento de EEUU de desarmar a Irán y establecer un nuevo régimen en ese país».

Durante La Hora del Suscriptor de EL ESPAÑOL, el periodista consideró que lo más deseable sería «una victoria completa que suponga la destrucción del programa nuclear y la capacidad ofensiva de Irán y sus satélites terroristas», como Hamás y Hezbolá, además del establecimiento de un régimen que garantice las libertades y derechos de los iraníes.

El paquete económico

El conflicto no muestra signos de ceder y el temor se extiende en las bolsas, mientras aumenta también la inquietud en el Partido Republicano, que teme una contundente derrota en las elecciones de medio mandato en noviembre si la inflación sigue alta.

Esta crisis es atribuida al Gobierno a la gestión de Trump. Para el próximo martes se espera la aprobación de un paquete de medidas para aliviar el impacto del alza de precios causada por la guerra en Irán.

Entre las medidas previstas se encuentran la prohibición de despidos vinculados a la crisis energética, la suspensión de los desahucios y algún mecanismo de control sobre los precios de la energía.

No es una medida inédita: Portugal y Croacia ya implementaron estas restricciones desde esta misma semana.

Sánchez confía en que esta pausa durante la semana contribuya a que la opinión pública asuma la responsabilidad de Trump (y sus «aliados» en España) en las consecuencias de un conflicto que parece enquistado y en una crisis económica con potencial alcance global.

Todo ocurre mientras, por primera vez, se rompe el veto a Vox para incluirlo en una ronda de negociaciones, demostrando que, según el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, «ni responden ni se les espera»… dado que no están «preocupados» por los efectos negativos de la intervención en Irán.

Esta es otra forma de confrontar a la oposición, vinculando a Vox con el trumpismo y señalándolo como el único aliado potencial del PP.

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