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- Autor, Alejandro Millán Valencia
- Título del autor, BBC News Mundo
- 12 marzo 2026
- Tiempo de lectura: 6 min
En una operación conjunta que movilizó más de 200 aeronaves militares y una cantidad similar de embarcaciones, Israel y Estados Unidos han bombardeado aproximadamente 5.000 objetivos en Irán con la finalidad de debilitar al régimen islámico que gobierna desde 1979.
Los ataques han causado la muerte de más de 1.000 personas, incluyendo al menos 100 niñas que se encontraban en una escuela en Teherán durante un bombardeo el 28 de febrero.
Esta ofensiva también ha provocado daños significativos en Teherán y dentro de otras ciudades importantes como Qom, Tabriz y Minab.
Sin embargo, hay un dato que ha suscitado la atención de los analistas que siguen el conflicto.
Pese al objetivo de Israel y EE.UU. de dañar al régimen iraní, un lugar estratégico bajo su control sigue sin ser afectado: la isla de Jark, situada a unos 28 kilómetros de la costa iraní.
Esta isla, que ocupa apenas 24 kilómetros cuadrados, alberga en sus tanques y otras instalaciones, el 90% del petróleo que Irán exporta globalmente.
«Es un punto crucial para la supervivencia energética de Irán, pero considero que tanto EE.UU. como Israel comprenden que un ataque directo o daño en esa zona causaría un impacto energético irreversible», explicó a BBC Mundo Neil Quilliam, especialista en Medio Oriente de Chatham House.

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Quilliam también explica que, con el cierre del estrecho de Ormuz, atacar un punto tan crucial para la economía mundial sería una acción difícil y con eficacia limitada desde una perspectiva estratégica.
Hasta el momento, EE.UU. se ha abstenido de golpear la infraestructura petrolera iraní, comenta el experto, y aunque Israel ha atacado ciertos sitios, en general este sector ha permanecido casi intacto en el actual conflicto.
«Irán ocupa el cuarto lugar mundial en producción petrolera. Actualmente, los precios del petróleo están alcanzando cifras récord, algo que Washington no había anticipado cuando inició el conflicto», señaló el analista.

La histórica isla de Jark
Desde la época del imperio persa, hace más de dos milenios, esta pequeña isla ha desempeñado un papel estratégico en el Golfo Pérsico.
En ciertos períodos, gracias a la presencia de fuentes de agua, se transformó en un puerto relevante para el intercambio comercial de alimentos y diversos productos en la zona.
Fue gobernada por portugueses y neerlandeses durante los siglos XVI y XVII, cuando su importancia comercial se consolidó bajo la dirección de los Países Bajos.
En el siglo XX albergó una prisión de máxima seguridad y se identificó una de sus principales ventajas: su proximidad a la costa iraní y las aguas profundas, aptas para la navegación de buques petroleros, contrariamente a las aguas poco profundas de la costa.
Por ello, en los años 1950, durante el reinado del sha Mohammad Reza Pahleví, se comenzó a construir un centro para almacenamiento y distribución de hidrocarburos que pronto se convirtió en el principal punto de exportación del país.
Cabe destacar que parte de la infraestructura en la isla estuvo en manos de empresas estadounidenses hasta la revolución islámica de 1979.

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Según informes del Ministerio de Hidrocarburos iraní, las instalaciones en la isla de Jark constituyen una parte esencial de la industria nacional.
La terminal recibe el crudo proveniente de los tres principales yacimientos marinos de Irán —Aboozar, Forouzan y Dorood— transportado mediante una compleja red de oleoductos submarinos. En la isla, dicho petróleo es procesado y preparado para su exportación.
Se calcula que esta terminal mueve alrededor de 1,3 millones de barriles diarios, contando con una capacidad de almacenamiento de 18 millones de barriles.
Debido a su relevancia en el mercado energético, durante los recientes ataques ni EE.UU. ni Israel han declarado a la isla como objetivo militar, aunque fue objetivo en la guerra contra Irak en los años 80.
Punto estratégico
Desde que se estableció la terminal de hidrocarburos, Jark se ha convertido en un punto clave para Teherán, manteniendo su significancia en medio del enfrentamiento con Israel y EE.UU.
«Una cosa que ahora parece clara para EE.UU. es que no puede eliminar el petróleo iraní del mercado ni causar daños irreparables a su infraestructura», afirma Quilliam.
El analista indica que el precio del barril se sitúa actualmente cerca de los US$120, y un eventual ataque a la isla podría hacer que suba hasta alrededor de US$150.
«Y ese no sería un precio que bajaría en el corto plazo», puntualiza el experto.
No obstante, esta idea no ha sido totalmente descartada.
El periódico británico The Guardian reportó que asesores del Pentágono sugirieron no bombardear la isla, sino capturarla con un propósito definido: «Si no pueden vender el petróleo, Irán no tendría cómo financiar el régimen», comentó uno de los asesores.
Sin embargo, Quilliam subraya que existen múltiples aspectos a considerar antes de una acción así, incluyendo el uso de fuerzas terrestres y el impacto que tendría sobre futuros proyectos en la isla.

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«EE.UU. ha declarado que aspira al fin del régimen y el establecimiento de la democracia; en este sentido, para que tal proyecto tenga éxito es indispensable que la isla de Jark opere de manera eficiente», señala Quilliam.
A pesar de todo, en el actual escenario mundial, los expertos no se atreven a descartar por completo un posible ataque a la isla.
«Hasta ahora, ningún presidente de EE.UU. se ha animado a atacar la isla de Jark. Aunque carezca de lógica, lamentablemente esta opción no puede ser completamente excluida, considerando lo que hemos visto en los últimos meses», concluye el especialista.

