El sistema teocrático en Irán: la influencia de la religión en el gobierno y la sociedad

Miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) junto a un niño en una demostración en Teherán durante la guerra de Iran-Irak.

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    • Título del autor, BBC News Mundo
  • 9 marzo 2026
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Irán designó a su nuevo líder supremo.

Mojtaba Jamenei asumirá el lugar de su padre, el ayatolá Alí Jamenei, fallecido durante los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán el sábado 28 de febrero.

Esta nueva autoridad poseerá un poder absoluto y será la máxima referencia política y religiosa del país que su padre dirigió por cerca de cuatro décadas.

En su rol, gobernará una nación en la que la religión influye en la política y casi todas las facetas del día a día de sus ciudadanos.

Con la designación de Jamenei junior comienza una nueva etapa en la que el régimen aparenta permanecer intacto, aunque aún es precoz determinar el impacto y las repercusiones de este conflicto.

Sin embargo, Irán no siempre estuvo gobernado por una teocracia, donde la última autoridad se atribuye a Dios y es ejercida por líderes religiosos.

Su fortaleza se explica tanto por elementos históricos y teológicos como por razones políticas.

Su habilidad para consolidar el sistema institucional que sostiene al régimen ha sido decisiva para su permanencia, al igual que su estrategia constante para impedir la aparición de cualquier oposición, según coinciden varios especialistas consultados por BBC Mundo.

Los fieles lloran al ayatolá Alí Jamenei tras confirmarse su muerte en los ataques del 28 de febrero de 2026.

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El líder con poder absoluto

La teocracia iraní posee características únicas.

Se trata de un país con parlamento y presidente elegidos por voto popular, pero donde el poder total se concentra en una sola persona: el líder supremo.

Su investidura ejerce una influencia casi ilimitada.

Tiene la potestad de vetar e influir decisivamente en las políticas públicas principales y, además de ser jefe de Estado, representa la máxima autoridad política y religiosa del país.

Se desempeña como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, y todos los altos mandos militares son nombrados por su decisión.

También es quien designa al jefe del poder judicial y al director de la radiodifusión estatal, que controla en exclusiva la radio y la televisión del país.

“Es como tener a otro rey, pero en versión religiosa”, comenta Siavash Ardalan, periodista senior del Servicio Persa de la BBC.

Mojtaba Jamenei, fue elegido como el nuevo líder supremo de Irán.

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El Consejo de Guardianes y la Asamblea de Expertos constituyen los otros dos pilares teocráticos del sistema.

El Consejo se encarga principalmente de revisar las leyes del parlamento: toda norma debe contar con su visto bueno para entrar en vigencia.

“El Consejo también cumple una función de filtro electoral, evaluando a los candidatos para las elecciones parlamentarias, presidenciales y de la Asamblea de Expertos”, detalla Naser Ghobadzadeh, especialista en teología islámica política y profesor asociado en Política y Relaciones Internacionales en la American University de Bulgaria.

La Asamblea de Expertos, instancia que eligió a Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo, es un cuerpo compuesto por 88 miembros seleccionados mediante votación popular.

Sin embargo, solo pueden ser hombres con rango de mojtahed, por lo que está formada exclusivamente por clérigos.

Entre sus funciones principales están elegir y supervisar la máxima autoridad, aunque en la práctica esta supervisión no se ejerce verdaderamente.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) es otro elemento clave para sostener el régimen teocrático.

Se creó como un ejército paralelo tras la revolución para defender sus logros y ha mantenido su lealtad al régimen.

El ahora fallecido líder supremo Alí Jamenei

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La influencia de la teocracia iraní trasciende su estructura institucional.

Se hace sentir también en la calle, donde las mujeres deben portar el hiyab obligatoriamente y la policía de la moral puede detenerlas si no cumplen con esta norma impuesta por el ayatolá.

Un ejemplo claro fue el caso de Mahsa Amini, la joven iraní kurda de 22 años que falleció en 2022 tras ser arrestada por esa policía, provocando protestas masivas en el país.

Pero, ¿cómo se estableció este régimen en Irán?

La trayectoria hacia la teocracia

Antes de la revolución de 1979, con la creación del régimen teocrático de los ayatolás, Irán era una monarquía donde el clero tenía influencia limitada.

La revuelta contra el sha Mohammad Reza Pahlavi surgió cuando diversos sectores iraníes se unieron en su rechazo.

La modernización autoritaria que impulsaba fue vista por el mundo islámico como una sumisión a Occidente, especialmente a Estados Unidos.

Aunque inicialmente no fue una revuelta exclusivamente religiosa, la consolidación del liderazgo del ayatolá Ruhollah Jomeini fue decisiva para que la teocracia echara raíces en Irán.

Como líder carismático y erudito religioso, desde su exilio promovió la idea central del régimen actual: que el clero debía ejercer tutela directa sobre el poder político.

Su propuesta representó una reinterpretación radical de la noción del velayat-e faqih o tutela del jurista islámico, rompiendo con la lectura tradicional del mundo chiita, rama del islam oficial bajo la dinastía safávida desde el siglo XVI.

Una pintura de Ali-Quli Jabbadar que representa una escena del pabellón del jardín real del siglo XVII de la corte del sah Sulaiman de la dinastía safávida.

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Antes de la reinterpretación de Jomeini, los chiitas concebían este concepto como la influencia necesaria de los clérigos en asuntos públicos, pero no como participación directa en el gobierno.

La doctrina original surge de una creencia fundamental del islam chiita, especialmente de su rama duodecimana.

Sus seguidores creen en doce imanes, sucesores espirituales de Mahoma, considerados guías con autoridad para interpretar el islam.

Además, sostienen que el duodécimo imán no murió, sino que permanece oculto y en algún momento regresará para restablecer el orden prometido.

Durante siglos, muchos clérigos defendieron que mientras ese líder espiritual estuviera oculto, ningún gobernante podía reclamar legitimidad plena en su nombre.

Pero ante la prolongación de ese ocultamiento, se consolidó la idea de que un experto en jurisprudencia islámica podría administrar los asuntos de la comunidad musulmana.

“El islam chiita nunca fue apolítico… Históricamente evitó la toma directa de las instituciones del Estado, es decir, el gobierno formal”, explica Ghobadzadeh.

Con base en esto, durante siglos el poder político y el religioso en Irán coexistieron, aunque manteniendo cierta separación relativa.

Esto cambió con Ruhollah Jomeini, quien elevó la teoría de la tutela del jurista islámico a un nuevo nivel.

Ruhollah Jomeini es saludado por fieles.

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“Con su teoría del velayat-e faqih, Jomeini rompió radicalmente con esa tradición”, afirma el profesor Ghobadzadeh.

“Sostuvo que, precisamente por la prolongada ocultación y porque muchos aspectos de la ley islámica abarcan dimensiones sociales y políticas, los clérigos no solo están autorizados, sino que tienen la obligación de gobernar en nombre del imán ausente para aplicar esas normativas”, añade.

Frente al creciente rechazo al sha y pese a divisiones dentro del clero sobre la reinterpretación de Jomeini, el ambiente anti-monárquico favoreció que su idea obtuviera respaldo.

Luego de la caída de la monarquía, Irán aprobó mediante referéndum la instauración de una República Islámica basada en esa interpretación del velayat-e faqih, institucionalizada en la Constitución, y con Jomeini como primer líder supremo.

La base institucional

Los especialistas coinciden en que la supremacía constitucional de las instituciones del régimen, especialmente los amplios poderes formales conferidos al líder supremo, fueron esenciales para su consolidación.

La religión, junto con la imagen pública de pureza e integridad que poseía el clero tras la revolución, jugaron un papel clave en ese proceso.

“En los primeros años, esa credibilidad y popularidad se tradujeron, mediante elecciones, en un control casi absoluto de las instituciones que iban tomando forma”, explica Ghobadzadeh.

El especialista recuerda que las votaciones para elegir la Asamblea de Expertos que redactó la constitución fueron reveladoras, ya que aunque fueron abiertas, una gran mayoría de los escaños quedó en manos del clero.

En Irán la rama mayoritaria del islam es la chiita.

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Posteriormente, utilizaron esa mayoría para consolidar su posición y, cuando su prestigio disminuyó, mantuvieron el dominio.

“La constitución que redactaron garantizó que su control institucional perdurara incluso ante la caída de su apoyo popular. La opinión pública cambió, pero la estructura del poder no”, señala Ghobadzadeh.

“Tanto Jomeini como Jamenei aprovecharon al máximo estas prerrogativas e incluso en ocasiones excedieron sus atribuciones constitucionales para asegurar la supervivencia del sistema y su propio control”, resalta.

El factor externo

Además, existen factores externos que facilitaron el fortalecimiento del régimen.

Luego de la revolución, Irak, bajo el mando de Saddam Hussein, declaró la guerra a Irán.

Este conflicto, que duró cerca de ocho años, fue aprovechado por Jomeini para afianzar el régimen y consolidar sus estructuras de poder.

La narrativa oficial definió la guerra como una “defensa sagrada”, que en términos políticos permitió silenciar a la oposición.

Saddam Hussein arenga a sus tropas durante la guerra entre Irán e Irak.

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Tras la muerte de Jomeini en 1989 y la llegada de Alí Jamenei, el sistema aumentó su presencia.

Durante su permanencia, la institucionalidad teocrática se expandió significativamente.

Mientras que bajo Jomeini la oficina del líder supremo era una estructura relativamente modesta, bajo Jamenei creció de forma exponencial.

Esto le permitió desarticular la oposición reformista surgida dentro del propio establishment revolucionario por distintos medios.

“El régimen marginó a todos los grupos opositores desde el principio”, señala el periodista Siavash Ardalan del Servicio Persa de la BBC.

“La revolución contó con el respaldo de múltiples sectores —nacionalistas, comunistas, socialistas, socialdemócratas—, pero cuando los religiosos tomaron el poder, expulsaron a todos los demás.

“Luego surgieron divisiones internas: algunos se volvieron sectores duros, otros moderados y reformistas dentro de la clase religiosa, y nuevamente los duros los desplazaron.

Fue un proceso de radicalización y eliminación de toda oposición”, añade.

Además, el autoritarismo del régimen se manifiesta en el control de la sociedad.

Un ejemplo reciente fue la represión de las protestas en enero, donde según diversas fuentes, murieron miles de iraníes que manifestaron su descontento por la crisis económica que afecta a un país de casi 90 millones de habitantes.

Las protestas masivas de enero de 2026.

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Razones de su permanencia

El entramado institucional que el régimen ha consolidado durante décadas y que utiliza como herramienta para mantener su poder, no es el único motivo que explica su resistencia a caer.

También influye la ausencia de una alternativa clara que pueda reemplazarlo.

“Uno de los mayores logros de la República Islámica ha sido eliminar sistemáticamente cualquier alternativa viable a sí misma”, señala Ghobadzadeh.

“La oposición —especialmente la que actúa desde el exterior— no ha logrado presentar una figura o movimiento con apoyo amplio dentro del país”, añade.

La única figura destacada es Reza Pahlavi, hijo del sha.

Si bien ha ganado protagonismo, mayormente entre la diáspora iraní y algunos sectores internos, aún no está claro si su figura podría reunir suficiente respaldo.

En contraste con la pérdida de apoyo popular del régimen, también se advierte que un segmento importante de iraníes tiene intereses económicos en su continuidad.

Pero ha trascurrido poco más de una semana desde el inicio del conflicto, y los especialistas coinciden en que todavía es pronto para afirmar que el sistema mantendrá su actual estabilidad a largo plazo.

En este sentido, la guerra jugará un papel clave.

Las consecuencias de un ataque Irán en Israel.

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