Von der Leyen considera a Sánchez un impedimento en el Consejo por priorizar su ventaja electoral junto a Orban

La titular del Ejecutivo comunitario comunica a su entorno más próximo que ambos rechazan sus iniciativas con el fin de «conseguir un rédito nacional». Desde la Comisión desmienten que la presidenta haya comparado el español con el húngaro.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la semana pasada en Moncloa.

El presidente del Gobierno de España se ha convertido en un obstáculo para Ursula von der Leyen. La presidenta de la Comisión comenta que cuando llega al Consejo Europeo con propuestas y medidas, con frecuencia debe hacer frente a «dos obstáculos«: «Viktor Orban y Pedro Sánchez«. Ambos rechazan gran parte de las acciones que desea impulsar la alta funcionaria alemana, y lo hacen motivados por la misma razón: «Obtener un beneficio político nacional, una ventaja electoral».

Dos fuentes parlamentarias confirman a EL MUNDO que Von der Leyen ha expresado estas quejas en diversas ocasiones en sus círculos más cercanos, haciendo una comparación que deja al líder del Ejecutivo español en una posición delicada. Han quedado atrás los tiempos en que Sánchez lideraba los debates en las reuniones de presidentes y primeros ministros de la Unión Europea. Tras haber dejado de participar en los principales debates cuando la agenda europea cambió, ahora suele oponerse a ellos con frecuencia.

Desde la Comisión Europea, posteriores a la publicación de esta información, fuentes oficiales aseguran que Von der Leyen nunca ha equiparado a Sánchez con Orban. Aseguran que «no es cierto«.

«Busca beneficios electorales en España, algo que ya es evidente. Al igual que hace Orban«, corroboran, no obstante, las indicadas fuentes parlamentarias, que ratifican la queja de Von der Leyen durante un encuentro privado. El primer ministro húngaro afronta en abril unas elecciones que podrían poner fin a un mandato de 16 años. En cuanto a Sánchez, la fecha para los comicios no está definida. O sí, en 2027, según ha señalado el presidente del Gobierno. Sin embargo, la práctica es similar: oponerse para transmitir un mensaje a su país. En su caso, que él es el único baluarte frente a la carrera por el rearme total de Europa; el garante de la transición ecológica que cada vez recibe menos atención en la UE; o incluso el líder que se atreve a enfrentarse directamente con Estados Unidos y Donald Trump.

Asimismo, la relación del presidente del Gobierno con el canciller alemán tampoco se considera la mejor. Friedrich Merz, explican desde la capital comunitaria, habría mostrado malestar por episodios como el anuncio adelantado por España sobre un supuesto acuerdo para aprobar la oficialidad del catalán en la UE, cuando esto no era cierto. Ocurrió en octubre y el proceso no ha avanzado desde entonces. En Alemania mantienen una actitud escéptica y consideran que aquello fue únicamente un punto de partida. Pero el Ejecutivo español, nuevamente motivado por razones políticas nacionales, dio casi por seguro que existía un acuerdo firme con uno de los países que no solo tiene mayor influencia en la UE, sino que también fue de los más reacios a la oficialidad.

Un claro indicativo de la distancia entre ambos dirigentes es la reunión que Merz mantuvo la semana pasada con Donald Trump, donde el presidente estadounidense arremetió con dureza contra España y Sánchez. El canciller aseguró que, tras la rueda de prensa en el Despacho Oval, defendió al presidente español, aunque no lo hizo públicamente para evitar «escalar aún más la situación«.

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Esta explicación no convenció a muchos, y la postura de Merz coincide no solo con ese distanciamiento señalado en Bruselas, sino que también refleja la relación con Von der Leyen. No solo por la crítica mencionada, sino también porque la presidenta de la Comisión, como informó este diario la semana pasada, evitó contactar telefónicamente con Sánchez tras las amenazas de «embargo» a España por parte de Trump. Apenas intercambiaron mensajes, diálogo que la alta funcionaria alemana intentó ocultar públicamente y que solo se conoció cuando Moncloa lo divulgó en redes sociales.

Además, tampoco favorece la disparidad marcada entre el Gobierno y Von der Leyen, así como con el Partido Popular Europeo (PPE), respecto a la guerra en Irán. La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, criticó directamente a la jefa del Ejecutivo comunitario y le pidió que «defienda la legalidad internacional».

«Lo contrario es barbarie. No es suficiente lo que acaba de decir Ursula von der Leyen», resaltó Díaz al llegar a la capital comunitaria para el Consejo de ministros de Empleo, Política Social, Sanidad y Consumidores (Epsco), tras los comentarios formulados horas antes por la presidenta de la Comisión Europea.

«Los demócratas no pueden tener dudas. Bajo ningún concepto. Esta guerra es ilegal y viola la Carta de Naciones Unidas. Por ello, le solicito a la presidenta de la Comisión que defienda la legalidad internacional», insistió la líder de Sumar. Evidentemente, sus palabras no tienen la misma trascendencia que si las hubiera pronunciado Sánchez. Sin embargo, las posiciones del presidente del Gobierno y del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, son bastante similares.

La próxima reunión de presidentes y primeros ministros con la responsable de la Comisión y el líder del Consejo, António Costa, tendrá lugar en menos de diez días: el 19 y 20 de marzo. En ese encuentro, si la guerra en Irán continúa, las posturas probablemente estén muy distantes. Incluso si no ha concluido, porque Von der Leyen ya afirma un nuevo orden mundial muy distinto al defendido por Europa durante décadas, y que es precisamente aquel que Sánchez respalda en buena medida.

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