El futbolista del FC Barcelona mantiene un profundo vínculo con su tierra natal y suele elegir allí sus momentos de descanso.
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Cuando Pedri se aleja del bullicio del Camp Nou y de los compromisos con la selección, no busca playas concurridas ni complejos turísticos exclusivos.
Su lugar de refugio se sitúa unos kilómetros al norte, en un pequeño y verde municipio rodeado de viñedos y montañas, que rompe con la imagen típica de postal canaria.
Se llama Tegueste y, situado lejos de la costa, se ha convertido en el sitio donde el centrocampista del Barça vuelve a ser simplemente un joven local.
Tegueste, ubicado en el noroeste de Tenerife sin acceso al mar, tiene un paisaje de valles agrícolas, bodegas familiares y senderos que miran hacia el macizo de Anaga, Reserva de la Biosfera.
Aquí no hay grandes hoteles ni avenidas turísticas; el protagonismo recae en las viñas, los campos y las casas tradicionales con balcones de madera.
Precisamente en ese entorno alejado del foco mediático, Pedri pasó gran parte de su infancia y continúa regresando siempre que su calendario se lo permite.
La conexión del jugador con el pueblo se ha fortalecido últimamente mediante un movimiento que trasciende lo emocional.
El árbitro De Burgos Bengoetxea dialoga con Pedri Reuters
Diversas fuentes han informado sobre la adquisición de un antiguo convento, construido en los años cuarenta y con casi una hectárea de terreno, con el propósito de convertirlo en un alojamiento rural.
La transacción, valorada en torno a 2,5 millones de euros, refleja el perfil reservado del futbolista: en lugar de optar por una mansión ostentosa junto al mar, eligió un inmueble histórico rodeado de jardines, huertos y cipreses, cercano al centro urbano donde creció.
Ese convento antiguo, hoy conocido localmente como ‘la casa de Pedri’, añade una dimensión más profunda a la relación del jugador con su tierra natal.
Para Tegueste, su fichaje estrella sigue siendo el vecino que logró el éxito lejos sin perder sus raíces; para el futbolista, el municipio representa más que una simple dirección en el DNI: es el lugar al que regresa para estar con su familia, seguir el ritmo del pueblo y disfrutar del anonimato relativo que ofrece el entorno rural.
Recorrer sus calles ayuda a comprender por qué este lugar se convirtió en su santuario. El casco antiguo, declarado Bien de Interés Cultural, conserva iglesias blancas, pequeñas plazas y viviendas de piedra volcánica que resumen la arquitectura tradicional de la isla.
Los fines de semana, el mercado agrícola local congrega a productores y vecinos en busca de frutas, quesos y verduras de kilómetro cero, una escena que se aleja del lujo futbolístico y refleja la imagen de familia trabajadora que rodea al internacional español.
Tegueste vive actualmente entre la serenidad habitual y la atención mediática generada por la inversión de su vecino más famoso. Mientras los titulares hablan de millones y proyectos hoteleros, la vida cotidiana continúa marcada por romerías, rutas de senderismo y actividades propias de un pueblo.
Allí, entre viñedos y nubes bajas, Pedri encuentra algo que ninguna capital puede brindarle: un sitio donde ser uno más y rememorar, cada verano, sus orígenes antes de alcanzar la fama.

