Sánchez pasó de una postura de pacifismo absoluto a enrolarse en una misión francesa destinada a proteger la frontera de la UE frente a Irán

El No a la guerra que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, intentó reavivar el miércoles a las 9 de la mañana tuvo una vigencia de tan solo 26 horas. Ese fue el intervalo hasta que el Ministerio de Defensa comunicó el envío de su fragata más destacada de la clase F-100, la Cristóbal Colón, hacia Chipre.
Este tipo de navío funciona como escolta para los portaeronaves. Un coloso de acero con un peso cercano a las 6.000 toneladas. España posee cinco unidades, buques de guerra que se están sometiendo a modernización desde el año pasado y que fueron pioneros a comienzos del siglo. Fueron los primeros en integrar el sistema Aegis para rastrear y guiar misiles, lo que les otorga la capacidad de detectar y seguir más de 90 objetivos móviles, así como dirigir los proyectiles antiaéreos y superficiales. Además, cuentan con casco blindado de acero y el radar multifunción SPY-1D (V) que brinda una elevada capacidad de defensa antiaérea. La Cristóbal Colón es la más avanzada de su serie, siendo la última desplegada en el mar.
Ya representa también el emblema del cambio de rumbo del Gobierno, efectuado este jueves. La intrahistoria de este movimiento evidencia la profundidad de esta transformación en la estrategia.

El martes, el presidente Emmanuel Macron anunció el envío de su portaaviones Charles de Gaulle hacia Chipre. Esta decisión implicó que el navío, que se dirigía al Báltico y se hallaba al norte de Galicia, debía realizar un giro en su rumbo. En consecuencia, también tendría que regresar la escolta, de la que formaba parte la Cristóbal Colón. El miércoles, ambos buques, junto con el resto de la flota naval francesa, modificaron su trayectoria. No obstante, en ese instante, no existía aún contradicción con la posición de Moncloa, que mantenía una confrontación con Estados Unidos hasta negar el acercamiento anunciado por la portavoz de Trump.
España todavía no había tomado la decisión de integrarse en la defensa europea y la Cristóbal Colón estaba a tiempo de abandonar la escolta del buque insignia francés. Sánchez podría haber ordenado que regresase a su base en Ferrol, donde se planeaba su retorno el 9 de marzo. Sin embargo, ello también habría significado un desplante a Macron, horas después de su respaldo al presidente español frente a la amenaza de embargo de Trump. En estas circunstancias, Sánchez optó por el cambio de dirección y, a primera hora del jueves, resolvió que la Cristóbal Colón permaneciera escoltando al portaeronaves francés hacia Chipre, con llegada prevista para el 10 de marzo. Con ello, España participará en la misión de defensa del territorio europeo durante el conflicto.
Existe una evidencia más de lo repentino y sorpresivo del cambio del Gobierno, con el presidente como principal impulsor. Porque en la mañana del jueves, la propia Margarita Robles evitaba precisar si se enviarían recursos a Chipre. «España es un aliado firmemente comprometido con Naciones Unidas, la OTAN y la UE, y si miembros de la UE deciden, para proteger a Chipre, realizar algunas misiones…», dijo inicialmente en una entrevista en La Ser, antes de las nueve de la mañana. Añadió: «Si la UE o varios países actúan en defensa de la paz… España lo tendrá en cuenta y lo valorará». Preguntada nuevamente, en una tercera intervención alargó su respuesta: «Se valorará y, en su momento, se dará a conocer lo que haya que hacer».
Sin embargo, 24 minutos después de las diez de la mañana —menos de dos horas tras la entrevista y 26 horas después del No a la guerra de Sánchez—, el Ministerio anunció que la Cristóbal Colón formaría parte como escolta del portaeronaves Charles de Gaulle en su rumbo a Chipre.
Para que la operación se concrete, además, según informó Defensa, el Buque de Aprovisionamiento en Combate (BAC) Cantabria también intervendrá. Como ha confirmado EL MUNDO, el navío se encontraba en Canarias realizando maniobras y ahora navega rápidamente hacia el norte. El objetivo es que, preferiblemente cerca de Cádiz, se incorpore al grupo liderado por el Charles de Gaulle para suministrar combustible a todos los barcos de la expedición. Esta operación se realiza en movimiento.
Unos 190 militares, de una capacidad total de 205 personas, se encuentran a bordo de la Cristóbal Colón desde hace más de un mes, desplegados para diversos ejercicios. En el buque Cantabria hay una decena más de efectivos españoles. Entonces, alrededor de 200 militares participarán en esta misión crucial en Chipre junto al buque insignia francés, que dispone de capacidad nuclear —Sánchez había rechazado adherirse a la estrategia de disuasión nuclear de Macron—. El Charles de Gaulle además cuenta con cuatro lanzadores verticales Sylver que alojan misiles antiaéreos Aster 15, dos lanzadores verticales por banda, dos lanzadores séxtuples Sadral, y cuatro lanzadores dobles Mistral.
La noticia sobre el despliegue del ataque español sorprendió, generó desconcierto e incluso molestia dentro del PSOE y del Ejecutivo. Se conoció apenas 26 horas después de que Sánchez resucitara el grito del No a la guerra como bandera para justificar su rechazo al uso de las bases de Rota y Morón por parte de EEUU en sus acciones militares. La combinación No a la guerra y buque de guerra provocó una cacofonía que molestó a varios e hizo necesario que Robles y Albares ofrecieran explicaciones, clara señal de que el mensaje no estaba coherente.
La ministra de Defensa se esforzó en subrayar que la decisión de enviar la Cristóbal Colón a Chipre está justificada porque forma parte de un grupo francés «con tareas de protección y posible evacuación». «Estamos realizando misiones de disuasión y paz». Frente a la polémica y la aparente contradicción entre lo dicho y hecho, desde Moncloa explicaron a este diario que el envío de la fragata «no contradice el No a la guerra; no participamos en acciones militares ofensivas ni bélicas, sino en la defensa de las fronteras europeas, como siempre, incluyendo la frontera con Rusia, y continuaremos haciéndolo».
Fuentes del Ejecutivo resaltan que la operación se enmarca «dentro del derecho y el orden internacional», mientras destacan que es una misión francesa a la que se suman barcos griegos, destinada a proteger la integridad de un país miembro de la UE como Chipre.
El asunto se complicó aún más con la difusión de un audio de la ministra de Defensa junto al nuevo embajador estadounidense en España en el que, según difundió el PP, Robles decía: «No, no, yo estoy con Trump…». Por su parte, el audio divulgado por el Gobierno la muestra diciendo: «No, no, yo estoy cómoda…», refiriéndose a la temperatura en la sala durante la reunión con el embajador de Estados Unidos el pasado miércoles. Desde Moncloa acusan al PP de propagar «bulos».

